Una de las ciudades más bonitas de Europa está en Alemania: una pequeña joya medieval que parece sacada de un cuento

Rothemburg

Calles empedradas, murallas y casas de colores, donde siempre es Navidad

María Yuste

Editor Senior

Basta cruzar una de las puertas medievales de Rotemburgo del Tauber (o Rothenburg ob der Tauber) para entender por qué está considerada una de las ciudades más bonitas de Europa sin ser una gran capital ni un de sus destinos más conocidos. Calles empedradas, fachadas de entramado de madera, torres defensivas, campanas de iglesia y escaparates navideños abiertos incluso en pleno agosto son algunos de sus principales reclamos. De hecho, a veces cuesta creer que no se trate de una recreación turística ni de un parque temático medieval. 

Rotemburgo sobrevivió durante siglos casi intacta y, aunque parte de la ciudad fue destruida durante la Segunda Guerra Mundial, su reconstrucción respetó la estética original. El resultado es un lugar que parece suspendido en otra época pero que, aun así, sigue teniendo vida propia. Es pequeña, sí. Pero con una capacidad enorme para obsesionar a cualquiera que disfrute de los pueblos con historia y las ciudades lentas.

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Qué ver en Rotemburgo del Tauber

La mejor forma de descubrir Rotemburgo es perderse caminando. Aunque suene a tópico, aquí literal porque cualquier calle secundaria puede acabar en una plaza silenciosa, una fuente medieval o una casa con flores en las ventanas que parece sacada de una ilustración antigua.

El corazón de la ciudad es la Marktplatz, la plaza del mercado, presidida por el ayuntamiento renacentista y rodeada de edificios históricos que resumen siglos de prosperidad burguesa. Merece la pena subir a la torre del Ayuntamiento para entender desde arriba la magnitud del conjunto medieval, con su mar de tejados rojizos, murallas perfectamente conservadas y el valle verde del río Tauber abrazando la ciudad.

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Muy cerca aparece uno de los rincones más fotografiados de Alemania: el Plönlein. Esa pequeña casa amarilla encajada entre dos calles y dos torres medievales que se ha convertido en el símbolo del lugar en redes. Y sí, en persona es todavía más bonito que en las postales. Eso sí, madrugar aquí tiene recompensa porque es el único momento en el que, durante unos minutos, la ciudad parece completamente vacía.

Las murallas son otra de las grandes joyas de Rotemburgo. Pocas ciudades europeas conservan un recinto defensivo tan completo. Se pueden recorrer largos tramos caminando por la parte superior, atravesando torres, pasadizos cubiertos y puertas fortificadas mientras aparecen vistas preciosas del casco histórico. El Spital Bastion, al sur, es especialmente impresionante por su complejidad defensiva y su enorme estructura circular.

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Entre las iglesias destaca la de San Jacobo, un templo gótico monumental que guarda el famoso Altar de la Santa Sangre, una delicadísima talla de madera de Tilman Riemenschneider considerada una obra maestra del gótico tardío. Muy distinta es la iglesia fortificada de San Wolfgang, integrada directamente en las murallas.

También hay espacio para lo curioso con el Museo Medieval del Crimen y la Justicia, que es uno de esos sitios difíciles de olvidar con su archivo de instrumentos de tortura, antiguas leyes absurdas, historias de juicios medievales y castigos públicos que nos recuerdan que la Edad Media tuvo bastante menos encanto para quienes la vivieron.

Y luego está la parte más kitsch y entrañable de Rotemburgo: la Navidad permanente. La tienda y museo de Käthe Wohlfahrt convierten cualquier visita en algo emocional aunque viajes en pleno verano. Cascanueces gigantes, adornos artesanales, árboles decorados y música navideña todo el año. Un exceso absoluto. La peor pesadilla del Grinch.

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Además, antes de irte, hay una obligación gastronómica: probar un Schneeball, el dulce típico local. Una bola crujiente de masa frita cubierta de azúcar glas, chocolate o canela que lleva siglos preparándose en esta zona de Baviera.

Dónde comer rico y barato en Rotemburgo del  Tauber

Aunque Rotemburgo sea uno de los destinos más turísticos de Alemania, todavía conserva restaurantes donde se puede comer muy bien sin precios inflados.

Uno de los favoritos entre viajeros y locales es Zur Höll, considerado uno de los restaurantes más antiguos de la ciudad. El interior parece una taberna medieval auténtica y sirven platos típicos de la gastronomía de Franconia como salchichas, codillo o spätzle en versiones abundantes y bastante razonables de precio.

Para algo más informal, Brot & Zeit se ha ganado buen fama por sus bocadillos calientes, sopas y tablas de embutidos locales. Perfecto para comer rápido sin acabar en una trampa turística. Otra opción muy recomendable es Baumeisterhaus, ubicado en una preciosa casa histórica. Encontrarás platos bávaros clásicos, cerveza local y una terraza muy agradable cuando hace buen tiempo.

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Y para descansar del circuito medieval con un café y  un trozo de tarta, muchos viajeros terminan enamorándose de Café Lebenslust, especialmente al atardecer, cuando las luces empiezan a encenderse y la ciudad se vacía de excursiones organizadas.

Qué hacer en los alrededores de Rothenburg ob der Tauber

Aunque Rotemburgo podría verse perfectamente a ritmo lento durante todo un fin de semana, sus alrededores también son dignos de atención. La ciudad forma parte de la famosa Ruta Romántica alemana, un itinerario lleno de pueblos históricos, viñedos y paisajes de cuento.

Uno de los paseos más bonitos es bajar hacia el valle del Tauber siguiendo los senderos que rodean la ciudad. Desde abajo, las murallas y las torres medievales conforman una panorámica espectacular. La caminata hasta el Puente Doble (Doppelbrücke), una curiosa construcción de piedra con arcos superpuestos del siglo XIV, es fácil y muy fotogénica.

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A menos de una hora aparece Dinkelsbühl, otra joya medieval amurallada mucho menos famosa y, precisamente por eso, más tranquila. También merece una escapada Nuremberg, con uno de los cascos históricos más interesantes del sur de Alemania y una escena gastronómica bastante potente.

La región de Franconia, además, es conocida por sus vinos blancos. En verano y principios de otoño abundan las pequeñas fiestas del vino y tabernas donde probar especialidades locales acompañadas de quesos y embutidos de la zona.

Y si visitas Rotemburgo en invierno, el paisaje cambia completamente: mercados navideños, olor a vino caliente, nieve sobre las murallas y escaparates iluminados convierten la ciudad en algo todavía más cercano a un cuento centroeuropeo clásico. Hay pocos lugares en Europa donde la Navidad parezca tan exageradamente perfecta.

Foto de portada | Daniel Mennerich

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