No vayas. Es horrible. Mucha sombra y agua limpia recién salida de un manantial. Horrible.
Hay quienes en verano tienen la suerte de poder huir a la costa, y luego estamos los que buscamos sombra entre montañas y agua dulce. Si eres de los segundos, apunta este nombre: Piscina natural de Gargantilla. Básicamente porque es un oasis natural escondido en el corazón de Cáceres. Aunque lo mejor es que está tan poco masificado que parece un destino exclusivo para llevar a cabo una desconexión total. Es decir, es mucho más que un lugar para refrescarse.
No hay colas, no hay agobios, no hay ruido más allá del agua fluyendo y un poco de chapoteo. Este pequeño paraíso se encuentra en el Valle del Ambroz, al norte de Extremadura y muy cerca de la frontera con Castilla y León. En esta piscina natural, el agua brota directamente de la Garganta de Honduras así que es transparente además de estar bien fría... Por lo tanto, es perfecta para estos veranos de olas de calor frecuentes e insufribles.
También cuenta con amplias zonas verdes para tumbarse a la sombra y hasta un chiringuito, que nunca sobra. Otra ventaja es que, además de ser una escapada ideal para toda persona que huya del turismo de masas y quiera redescubrir la España de interior en su mejor versión, se trata de un lugar de fácil acceso y a solo una hora tanto de Cáceres capital como de Salamanca.
Llegar no tiene pérdida, solo hay que seguir la A-66 y desviarse por la CC-218 y CC-68 hacia el municipio de Gargantilla en una ruta que sube por el norte de Cáceres, atraviesa montañas hasta desembocar en esta piscina natural con agua de manantial, rodeada de vegetación y silencio.
Si, además de un chapuzón, el cuerpo te pidiera más aventura, esta es una zona que llama a perderse por los alrededores. A tan solo media hora en coche se encuentra la Chorrera de Hervás, una impresionantes caída de agua de 15 metros de altura. No obstante, otra opción más cercana aún a la piscina (a un cuarto de hora de la piscina de Gargantilla) y más urbana es darse una vuelta por el casco antiguo del pueblo de Hervás.
Eso sí, el plan más redondo es completar el día con una sesión de relax en los baños termales de Montemayor. Aunque si conseguimos integrar todos los planes habremos tenido una escapada completísima que mezcla naturaleza, cultura y tranquilidad. Lo único que te pedimos es que, si lo pruebas, no lo vayas contando demasiado por ahí porque algunos secretos merece la pena conservarlos para poder volver a repetir.
Fotos | Diputación de Cáceres
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