
Aún se tiene que acceder al pueblo por su puerta medieval. además, su embalse es refugio de aves migratorias
Para entrar en el casco antiguo de Monteagudo de las Vicarías todavía hay que atravesar una de las puertas de su muralla. De las tres que tuvo, solo queda esta: un arco apuntado y almenado que desemboca en la calle Mayor y conduce hasta la plaza donde se encuentran el castillo y la iglesia. El recorrido conserva el trazado lógico de una villa que necesitaba protegerse, con las casas dentro del recinto y una fortaleza vigilando lo que pudiera llegar desde fuera.
Este pueblo de Soria, situado junto a la antigua frontera entre Castilla y Aragón, ocupa lo alto de un cerro de cima plana. Esta posición permitía controlar el corredor del río Nágima, que conecta el valle del Ebro con la meseta. Hoy sirve para contemplar el paisaje que durante siglos fue útil para vigilar una tierra disputada entre reinos.
No es de extrañar que Monteagudo forme parte de Los pueblos más bonitos de España desde 2020, aunque su belleza también continúa fuera del recinto medieval. En los alrededores, un embalse nacido de la necesidad de regar los campos se ha convertido en lugar de descanso para aves migratorias. La escapada, por tanto, combina ambos escenarios y se puede organizar una visita que empiece siguiendo las murallas y termine cerca del agua.
Qué ver en Monteagudo de las Vicarías
La Puerta de la Villa, conocida también como Puerta del Arco, es el punto de partida de cualquier visita al pueblo. Al cruzarla, la calle Mayor lleva de paseo hasta los dos edificios que explican gran parte de la historia local. El castillo y la iglesia comparten plaza, proximidad y antiguos patronos por lo que las familias nobles que vivían en uno también dejaron su huella, todavía visible, en la otra. El recorrido exterior pide detenerse en las puertas, los escudos y la relación entre las torres y la plaza.
El castillo-palacio tiene planta pentagonal y su estructura actual corresponde al siglo XV. Sus torres se construyeron con formas distintas, con una especialmente singular: la del homenaje, que es octogonal por fuera y hexagonal por dentro. Además, surante el siglo XVI, las habitaciones interiores se transformaron para incorporar las comodidades y la arquitectura propias de una residencia renacentista, incluido un patio con galería porticada. Por lo tanto, la fortaleza también era una casa.
Junto a ella se levanta la iglesia de Nuestra Señora de la Muela, de construcción gótica. Antes de entrar conviene mirar hacia la parte alta de su fachada porque, bajo el tejado, corre una galería de arcos ciegos de ladrillo, vinculada a la influencia del mudéjar aragonés. Por su interior discurría un pasadizo que comunicaba el castillo con el coro, desde donde los señores de Monteagudo asistían a los oficios religiosos. Es un detalle que nos habla de hasta qué punto ambos edificios formaban parte de una misma vida cotidiana.
Dónde comer rico y barato en Monteagudo de las Vicarías
Aunque en el pueblo no hay muchas opciones de hostelería, sí ofrece una sorpresa muy peculiar a la hora de sentarse a la mesa: Saminhaan es un restaurante, pastelería y salón de té que combina cocina tradicional marroquí y castellana. Su propuesta permite darle a la escapada un giro gastronómico que va más allá del asado que todo turista espera encontrar en un pueblo soriano.
El menú castellano incluye sopa de ajo, guiso de alubias con chorizo, morcilla y panceta, paletilla de cordero y cochinillo al horno. Para el postre aparecen clásicos como las torrijas y la leche frita. Otra opción es el Bar Social, en la calle Aragón, como alternativa más sencilla. Es mucho más que un lugar para tomar algo; es el corazón de la vida social del pueblo, punto de encuentro para amigos y vecinos. Ofrece un menú sencillo pero delicioso, donde puedes disfrutar de platos locales en compañía de las familias locales.
Qué hacer en los alrededores de Monteagudo de las Vicarías
El embalse permite cambiar la piedra del recinto fortificado por un paisaje de agua y vegetación de pantano. Su historia está ligada al empeño de los vecinos por disponer de riego. En 1878 se asociaron para impulsar un pantano que aprovechara las aguas del Regajo. El proyecto atravesó dificultades económicas y periodos de escasez de lluvias; décadas después, la aportación del río Nágima contribuyó a mejorar su funcionamiento. Ahora se ha convertido en una parada para observar aves, pero antes fue una obra destinada a sostener la agricultura del pueblo.
Además de su función como lugar de paso y descanso de aves migratorias, es zona de nidificación. Marzo y septiembre son los meses especialmente ligados a esos movimientos. Así que la visita debe incluir prismáticos y tiempo para observar. Eso sí, teniendo en cuenta que las especies presentes y el aspecto del humedal cambian según la época y las condiciones del agua.
Para seguir el hilo de la frontera, otra parada son los restos del castillo de la Raya o Torre de Martín González. Su origen se sitúa entre los siglos XII y XIII, vinculado a Alfonso VIII, y su cometido era vigilar los valles del Nágima y del Jalón. Aquí la historia fronteriza se ejmplifica con un hecho especialmente curiosa: junto a la fortaleza está la ermita de Nuestra Señora de la Torre, cuya nave queda repartida entre los términos de Pozuel y Monteagudo. Concretamente, la división pasa por la pila bautismal.
Foto de portada | Turismo de Soria
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