Esta calle de Madrid parece un callejón oscuro, pero esconde una de las calles más fotografiadas y originales de la capital

Cruzarla es pasear a la vez por la historia y por la ficción, llevándote de recuerdo una buena sesión de fotos

María Yuste

Editor Senior

De primeras, la calle de Álvarez Gato puede no entra por los ojos como otras joyas más evidentes del Barrio de las Letras. Esta es estrecha y, por ello, algo oscura, pero también ruidosa por encontrarse en zona de bares y restaurantes. Sin embargo, el llamado popularmente "Callejón del Gato" es una mina de fondos para fotos bonitas. Encima, está ligada a siglos de literatura, símbolos y reflejos torcidos de la historia de Madrid.

Para empezar, su nombre se lo debe al poeta del siglo XV Juan Álvarez Gato, aunque su lugar especial en el imaginario madrileño se lo ganó gracias a Valle-Inclán y a los pasajes de 'Luces de Bohemia' que el autor situó en esta misma callejuela, convirtiéndola en uno de los rincones más literarios de la ciudad.

Luis García

El Callejón del esperpento

En la segunda mitad del siglo XIX, este callejón concentró en sus locales buen número de cafés (de tertulia, salones, tablaos). No es de extrañar que acabara siendo escenario de uno de los pasajes más famosos de 'Luces de Bohemia', cuando Max Estrella conversa con Don Latino de Hispalis ante unos espejos cóncavos y convexos colocados en la fachada de una antigua tienda de espejos. Estos deformaban la imagen de quien se miraba y se convirtieron en una metáfora visual perfecta del esperpento: una forma de ver la realidad distorsionada, exagerada y cruda.

No obstante, Valle-Inclán no fue el único escritor que dejó constancia de lo impresionante de la magia de esta calle. Ramón Gómez de la Serna, por su parte, dijo: "En el callejón del Gato hubo hasta hace poco, calzados en la pared y del tamaño del transeúnte de estatura regular, dos espejos…". También el filólogo Alonso Zamora Vicente dejó constancia de cómo aquellos espejos formaban parte de la memoria colectiva madrileña, como un juego infantil y una parada obligatoria en paseos sin rumbo.

Carlos Viñas

Desgraciadamente, los espejos originales hace medio siglo que desaparecieron. No obstante, hoy hay otros más pequeños en su lugar, que aunque no tienen la misma fuerza simbólica, siguen dando fe y recordando aquel Madrid deformado, teatral y literario de Valle-Inclán. Una placa instalada por el Ayuntamiento en 1991, recuerda el episodio literario. Además, a su encanto se han ido sumando diferentes murales a lo largo de la calle que son puntos muy fotogénicos para parar a hacerse fotos.

Uno de ellos es un gran grafiti que simula una estantería de biblioteca. Allí aparecen lomos de libros con títulos de Valle-Inclán, mientras que en un rincón se puede apreciar la caricatura del escritor. Un homenaje muy visual a su figura y que conecta directamente con toda la iconografía literaria ligada a la calle.

rene boulay

Justo en la esquina con la calle Núñez de Arce se encuentra el antiguo tablao flamenco Villa Rosa, cuyo exterior todavía está decorado con paneles cerámicos coloridos. Fueron realizados en 1928 por el ceramista Alfonso Romero Mesa, basados en bocetos de Juan Ruiz de Luna y en ellos se representan postales de distintos puntos de la capital.  Su estilo tradicional le aporta un encanto muy castizo y distintivo al callejón.

Bares, bravas y leyendas

La historia y las leyendas que flotan alrededor de esta calle, no obstante, son muchas más. Una de las más curiosas habla de que en ella se atrapó a un gran gato montés para confeccionar con su piel unas botas para el Gran Capitán, regalo del cardenal Cisneros. El problema es que, al estar hechas de piel de dicho felino, desprendían un olor imperceptible para los humanos pero irresistible para otros gatos, que cada noche acudían a orinar sobre ellas.

Carlos Viñas

No obstante, lo que hoy es el Callejón del Gato es un pequeño hervidero de bares y restaurantes. Entre todos ellos destaca uno que se ha ganado fama por sus patatas: Las Bravas, en el número 3 de la calle. No hace falta explicar mucho más, su nombre ya lo dice todo. Además, es en su fachada donde se ubican los espejos de lo que hablábamos antes. Otra foto imprescindible.

Foto de portada | Luis García

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