Virginia López Bello, abogada: "Nos han hecho creer que trabajar 8 horas y estar fuera 12 es lo normal, pero no te pagan todas las horas"

Jornada Partida No Te Pagan

La jornada partida que viven en muchos comercios y en el sector servicios como la hostelería, no tiene cabida según la letrada en la sociedad actual

Anabel Palomares

Editor

Virginia López Bello es abogada laboralista y tiene una idea sobre la jornada partida en España. Una idea con todo el sentido del mundo si lo piensas fríamente, porque según la experta laboral, trabajar 8 horas puede suponer estar hasta 12 o 13 horas fuera de casa. A las horas de traslado al trabajo se suman horas en medio de la jornada en las que no siempre puedes volver a casa, o no te sale rentable hacerlo si pensamos en el precio de la gasolina, por ejemplo. O en el tiempo que tardas en transporte público.

La abogada es clara y tajante en sus redes sociales: “la jornada partida debería estar prohibida” porque no permite una conciliación adecuada para el trabajador.

Aunque este tipo de jornada es legal en España, para López “la jornada partida es uno de los mayores fraudes normalizados del mercado laboral español”, alegando que “nos han hecho creer que trabajar ocho horas y estar doce o trece fuera de casa es algo normal. No lo es”. Es, para la abogada, el mayor robo de tiempo que sufren los trabajadores en pos de la idea que nos han vendido de que “el comercio y la hostelería no pueden funcionar de otra manera, pero basta mirar al resto de Europa para comprobar que sí se puede”.

No es una jornada de 8 horas, es una de 12

La distribución del horario depende del convenio colectivo, del contrato y de la empresa, y el Estatuto de los Trabajadores no prohibe la jornada partida. Solo se establece una jornada ordinaria máxima y se obliga a registrar las horas de entrada y salida del trabajador a diario. Si existe un intervalo de tiempo no trabajado en la jornada, no se considera tiempo efectivo y la empresa no está obligada a pagarlo a no ser que el convenio lo considere una pausa parte de la jornada. Cuando se tiene un turno partido con dos, tres o cuatro horas en medio de la jornada, esas horas no se pagan, no son productivas y no son conciliables para el trabajador. 

Vamos a poner un ejemplo práctico, el de una dependienta de una tienda de calle. El horario de la tienda es de 10 a 14 y de 17 a 21 horas, lo que implica que tiene que salir de casa a las 9 si su lugar de trabajo está a menos de una hora. Entre las 14 y las 17 horas hay tres horas, pero tarda casi una en llegar a casa y una más en volver. Si lo hiciera, al final del día habría empleado cuatro horas en transporte, así que decide quedarse. Vuelve a casa a las 10 de la noche (con suerte), por lo que no le queda más remedio que cenar tarde (con lo malo que es según los expertos) e irse a la cama, viviendo un día de la marmota hasta que le toque librar. 

“Es tiempo muerto, tiempo perdido, tiempo que nadie te paga, pero que la empresa ocupa igualmente”, explica, y añade que “el problema no es sólo la jornada partida, el problema son nuestros horarios”. En España hemos normalizado, como bien apunta López, que cerrar a las diez es lo lógico y que un camarero salga del restaurante cerca de la una de la madrugada es el precio que hay que pagar, “pero solo está destinado ese sacrificio a algunos” según la abogada. “Millones de trabajadores entregan su vida personal para mantener unos hábitos de consumo que cada vez tienen menos sentido”, sentencia. 

En lugar de preguntarnos cómo mantener la jornada partida, López afirma que la pregunta es por qué seguimos organizando el país como hace cincuenta años. “Los hábitos cambian. Antes las tiendas cerraban los sábados por la tarde, los bancos abrían solo por las mañanas y nadie compraba por Internet”, reflexiona. Mantenemos horarios inamovibles aunque la vida haya cambiado y las empresas se preguntan por qué no encuentran trabajadores para hostelería o comercio. “Lo que no encuentran son personas dispuestas a aceptar condiciones que hace años dejamos de considerar razonables, porque las nuevas generaciones ya no quieren vivir para trabajar, quieren trabajar para vivir y tienen toda la razón del mundo”, según la letrada.

A nivel laboral, el horario forma parte de la retribución invisible de un empleo. Las condiciones vitales pueden ser diametralmente opuestas si hablamos de una jornada partida y una jornada continuada en la que sales a las cinco de la tarde. “Si para que tu negocio funcione necesitas que alguien renuncie a su vida desde las nueve de la mañana hasta las diez de la noche, quizá el problema no sea el trabajador”, afirma. Puede que sea el momento de darnos cuenta, como afirma la letrada, de que el problema es un modelo de negocio que ya no encaja con la sociedad del siglo XXI. 

Fotos | Instagram @tu.abogada.laboralista, Louis Hansel en Unsplash

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