Lo que empezó como una performance artística se ha convertido en el incómodo reflejo de la obsesión productividad en la vida moderna
El filósofo Santiago Alba Rico ve el aburrimiento como una forma de rebeldía porque según él, hay dos formas de impedir pensar a un ser humano: “una, obligarle a trabajar sin descanso; la otra, obligarle a divertirse sin interrupción. Hace falta estar muy aburrido para ponerse a leer; hace falta estar aburridísimo para ponerse a pensar”, aseguraba. Ahora bien, ¿tú podrías no hacer nada durante 90 minutos sin sentirte culpable? Vivimos en una época en la que la ausencia de cualquier actividad, es vista como pecado mortal. Los tiempos muertos son interrupciones en una vida que nos exige productividad, una vida en la que hasta el ocio debe tener como propósito hacer algo. Mientras, en Corea del Sur, se han inventado un nuevo deporte: no hacer nada.
Empezó como una performance; ahora es un desafío a la sociedad moderna. Byung-jin Park es el campeón coreano de no hacer nada, un empresario tecnológico y músico indie de punk de 36 años. En mayo ganó la Space-out Competition 2025 que se celebra en Seúl desde 2014 después de que el artista visual Woopsyang lo crease como un proyecto de arte público que criticaba el agotamiento moderno. Con el paso de los años se ha convertido en un ritual cultural que se realiza en Seúl, a lo largo del río Han, pero que tambien se ha hecho en otros países fuera de Corea del Sur. Combina la performance con atención plena y el desafío a la creencia de que no hacer nada y estar en silencio es perder el tiempo.
La periodista del New York Times Yan Zhuang lo intentó ese mismo año y asegura en su narración del evento que es “mitad concurso, mitad desafío contra el aburrimiento” y aseguraba que había recibido consejos de un neurocientífico, un psicólogo, un maestro zen y un monje budista. Solo participan 80 personas en un “deporte” que consiste en quedarse sentado en una colchoneta durante 90 minutos. Lo más quieto y tranquilo posible. Si te ríes, hablas, usas el móvil o te quedas dormido, estás descalificado. La competición la gana quien consigue mantener el pulso más bajo y estable y recibe una mayor puntuación del público.
El anhelo profundo de descanso en una sociedad abrumada por el ruido. La periodista Giselle Au-Nhien Nguyen de The Guardian también participó en la competición que tuvo lugar en Melbourne también este año. Ella misma aseguraba que con TDAH, ganar resultaba imposible pero que después de un rato, no hacer nada se vuelve bastante agradable. “Mi mente aún no está del todo en blanco, pero entro en un estado liminal. El sonido de la multitud se ha convertido en ruido blanco. Cuando suena el pitido final, me sorprende que haya pasado una hora y media. Podría haberme quedado sentada sin hacer nada durante mucho más tiempo”.
Conceptos como "niksen", no hacer nada en holandés, se han instalado entre los privilegiados que tienen los recursos para controlar su tiempo y que pueden permitirse parar sin culpa, pero como explican en Xataka “no hacer nada también puede ser una forma de resistencia ante la maquinaria capitalista” y convertirse en una crítica moderna.
Qué ocurre en nuestro cerebro cuando no hacemos nada. Cuando nos desconectamos y dejamos de hacer “cosas”, como en la competición, se activa la red neuronal por defecto del cerebro vinculada a la creatividad, el procesamiento emocional y la resolución de problemas. Si paramos, en una sociedad sobreestimulada, damos tiempo a nuestra mente para reflexionar y controlar nuestros pensamientos y acciones, y esto puede reducir las hormonas relacionadas con el estrés. Pero hay un problema, y es que nos asusta el aburrimiento tanto que según un estudio de la Universidad de Virginia muchas personas prefieren que les den descargas eléctricas leves a estar a solas con sus pensamientos durante 15 minutos, solo por no aburrirse.
Aburrirse es una de las mejores cosas que podemos regalar a nuestro cerebro. El pedagogo Alberto Sánchez Rojo proponía que el aburrimiento se tratase como una competencia educativa más en lugar de intentar erradicarlo a toda costa, porque aburrirse no solo es bueno para nosotros, sino altamente beneficioso para nuestro cerebro. Sandi Mann, psicóloga, aseguraba en su libro ‘El arte de saber aburrirse' que nuestra mente necesita divagar y aquellos que están aburridos son más creativos según los estudios. No obstante, como asegura la filósofa Josefa Ros Velasco, que ha escrito el libro ‘La enfermedad del aburrimiento’, “antes romantizábamos el aburrimiento; ahora se trata con medicación”.
Quizá el deporte coreano que hemos descubierto hoy sea algo más que un evento curioso. Quizá sea una actividad completamente transformadora. Como aseguraba el propio Byung-jin a National Geographic, "desconectar no resolverá todos tus problemas, pero sentirás cómo tus pensamientos se transforman. Es súper refrescante".
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