Se acabó el plan Básico de Netflix: estas son las dos opciones que tienes a partir de ya si quieres seguir disfrutando de la plataforma

El plan Básico era mi forma favorita de ver Netflix pero las cosas buenas duran poco

María Yuste

Editor Senior

Pasaran los años y muchos seguiremos llorando la desaparición del "Plan básico" de Netflix y recordando que hubo un tiempo en la que podías disfrutar de su contenido por solo 7,99 euros y sin ser interrumpido por un solo anuncio. Como soy suscriptora esporádica de Netflix, yo hace ya tiempo que perdí esa oportunidad... Sin embargo, la empresa estadounidense todavía permitía que los usuarios que tuvieran contratado dicho plan antes de su retirada pudieran mantenerlo. Hasta ahora...

¿Y ahora qué?

Netflix ha confirmado oficialmente que en septiembre desaparecerá para todos los usuarios de la plataforma su Plan básico, la que era la opción más económica (actualmente a un precio de 9,99 euros al mes) y que permitía a los usuarios disfrutar de su catálogo sin interrupciones publicitarias. Ante esta situación, los espectadores solo tienen tres opciones:

La primera es darse de baja de Netflix y no volver a contratarlo nunca más. La segunda es pasarse al Plan Estándar, que ofrece las mismas prestaciones que el Plan básico pero a un precio mensual significativamente mayor del que estaban pagando por ellas: 13,99 euros. O pueden pagar menos de lo que nunca hasta ahora hayan pagado por tener Netflix (6,99 euros), a cambio de tener publicidad con el Plan estándar con anuncios.

El plan Estándar con anuncios ya no es lo que era

El Estándar con anuncios de Netflix se lanzó en España el 10 de noviembre de 2022 con un precio de 5,49 euros (que también está bien recordar que actualmente es un euro y medio más caro). Seis días después, cuando se estrenó la primera temporada de 'Wednesday', contraté dicho plan a pesar de que todavía estaba disponible (aunque escondido y en letra pequeña) el Básico. El motivo era doble: tenía curiosidad y me había pasado con las compras. No obstante, no tardé en arrepentirme.

Tan mala fue mi experiencia que, desde que quitaron el plan Básico, he preferido pagar 13 euros por el Estándar sin anuncios. Para empezar, me había formado la idea errónea de que el sistema sería parecido al de YouTube (donde puedes saltar los anuncios transcurridos unos segundos). Sin embargo, me horrorizó descubrir que las interrupciones publicitarias eran exactamente igual que las de la televisión de toda la vida. En aquel momento, lo conté así:

"Llegan en paquetes de varios anuncios juntos y no son versiones reducidas y adaptadas. Además, los cortes son demasiado frecuentes y mucho más molestos de lo que había esperado. Realmente fue un auténtico déjà vu inaguantable a otra época a la que creo que nadie quiere volver, con la diferencia de que en la televisión todavía te dejan cambiar de canal cuando llegaban los anuncios". Incluso me encontré con que algunos títulos, por cuestiones de licencia, no los podía ni reproducir.

La prueba de lo poco que me gustó es que he pasado tres años sin volver a contratarlo. Pero, claro, con esta economía ha llegado el momento en el que me he tenido que tragar mis palabras y darle una segunda oportunidad. Lo que no esperaba era sorprenderme con lo mucho que ha mejorado la experiencia.

En esta nueva prueba he visto ya dos miniseries, una serie documental y una película documental sin que me haya resultado molesto en ningún momento y sin que los cortes me cortaran el rollo. Esto se lo atribuyo a que  se ha reducido considerablemente el número de cortes (algunos episodios tienen uno solo) y en dichos parones solo se incluyen dos anuncios o tres como máximo de unos pocos segundos. Tal vez porque han encontrado una forma de introducir publicidad menos invasiva a través de anuncios estáticos que aparecen en la pantalla cuando pausas la reproducción.

Por supuesto, preferiría poder seguir teniendo la opción de contratar el plan Básico pero ahora considero que han conseguido que el Estándar con anuncios sí se pueda usar sin quedarte con la sensación de haber retrocedido en derechos como consumidor y pensando que el mundo es cada vez un lugar peor (aunque, en realidad, sí lo hayamos hecho).

Foto de portada | Marques Kaspbrak

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