Singapur tiene un plan para combatir el deterioro cognitivo: pagar a sus ciudadanos por leer

Singapur paga a sus ciudadanos por leer

Este país asiático ha decidido impulsar la lectura para combatir la falta de concentración y el deterioro del cerebro

Nacho Viñau

Editor

Cumplir años trae consigo una pregunta que muchas personas nos hacemos en algún momento ante esas lapsus de memoria que comienzan a preocuparnos cuando cumplimos cierta edad: ¿se puede hacer algo para que la memoria y la agilidad mental no se apaguen tan rápido? La respuesta de la ciencia, cada vez con más datos encima de la mesa, es que sí, y que una de las herramientas más accesibles para lograrlo lleva siglos al alcance de cualquiera: leer.

El deterioro cognitivo no aparece de golpe. Es un proceso lento, ligado al envejecimiento natural del cerebro, que se acelera o se frena según cómo lo mantengamos activo. Y ahí es donde la lectura prolongada, esa que exige seguir una trama durante páginas y páginas en lugar de saltar de titular en titular, empieza a jugar un papel que algunos gobiernos ya han decidido tomarse muy en serio. 

El problema es que leer no solo es una cuestión de hábitos. De hecho, en conversaciones con los amigos, muchos lectores habituales te dirán que ahora leen menos, y que además, les cuesta más concentrarse. Realmente, la capacidad de sostener la atención durante minutos seguidos, de seguir una trama compleja o de recordar qué pasó tres capítulos atrás, es un músculo cognitivo que se entrena. Y como todos los músculos, se atrofia si dejamos de usarlo.

Para solventar ese problema, un gobierno ha decidido pagar, literalmente, a sus ciudadanos por dedicar tiempo a leer. Lo interesante no es tanto el dinero (que es simbólico), sino el diagnóstico que hay detrás: la preocupación por la falta de atención y por un cerebro que envejece peor cuanto menos se ejercita con contenidos largos. 

Singapur paga por leer: así funciona ReadSG

La iniciativa se enmarca en un programa llamado ReadSG, y lo impulsa el National Library Board de Singapur, un país que está entre los más ricos del mundo. El proyecto arrancó el pasado 6 de septiembre como parte de un plan a cinco años para devolver la lectura al día a día de la población. La mecánica es sencilla: quien lea al menos 15 minutos diarios puede registrar esa sesión en CrowdTaskSG, una plataforma gubernamental de participación ciudadana, y a cambio recibe monedas virtuales y puntos de experiencia, con recompensas adicionales ligadas a ciertos retos.

El componente económico, eso sí, hay que cogerlo con pinzas. Quince minutos de lectura dan derecho a 20 monedas, y se necesitan 1.000 para cobrar un dólar singapurense, algo así como 0,68 euros. Es decir, una sesión diaria equivale a poco más de un céntimo. Nadie se va a hacer rico leyendo novelas: el objetivo del gobierno singapurense no es lucrativo, es conductual. Se trata de gamificar un hábito hasta que se vuelva automático, igual que ya se ha hecho con el ejercicio físico o el ahorro. 

El verdadero objetivo: frenar el deterioro cognitivo antes de que llegue

Detrás de la mecánica de puntos y recompensas hay una preocupación de salud pública mucho más seria que el simple fomento de la lectura por placer. Melissa Tam, directora de la Junta Nacional de Bibliotecas de Singapur, explicaba que  "Si bien el contenido breve nos ayuda a mantenernos informados, la lectura extensa fortalece la atención, el pensamiento crítico y la imaginación". Y añadía el objetivo de fondo del programa: "En definitiva, queremos ver una nación de lectores curiosos, reflexivos, perspicaces y preparados para desenvolverse en un mundo cada vez más complejo".

Loh Chin Ee, investigadora del Instituto Nacional de Educación de Singapur y especialista en hábitos de lectura, va más allá y señala algo que muchos hemos experimentado sin ponerle nombre: pasamos horas mirando pantallas, pero eso no siempre es leer en el sentido que protege al cerebro. "Para alguien que lee mucho, 15 minutos pueden parecer muy poco, pero creo que es un tiempo ideal", explicaba. "Lo que ha sucedido es que mucha gente sigue leyendo cuando hablamos de leer palabras en una pantalla. Pero ese tipo de lectura profunda, dedicarle tiempo y comprometerse con la lectura, puede que sea menos frecuente". La diferencia entre desplazarse por titulares y sumergirse en un texto largo no es cosmética: es, según defienden los promotores del programa, la diferencia entre ejercitar el cerebro y simplemente mantenerlo ocupado.

Lo que dice la ciencia sobre leer y envejecer mejor

Y aquí conviene salir de Singapur, porque la evidencia detrás de esta idea no es solo una idea de unos políticos asiáticos. La lectura pone en marcha distintos circuitos cerebrales, especialmente en el hemisferio izquierdo, relacionado con funciones como el lenguaje, el razonamiento y el procesamiento del conocimiento. Mientras leemos, estas áreas trabajan de forma coordinada y establecen conexiones entre diferentes regiones del cerebro. Este ejercicio mental puede favorecer la creación de nuevas conexiones neuronales y contribuir al mantenimiento de distintas capacidades cognitivas.

Una revisión publicada esta semana en la revista Psychological Medicine por investigadoras de la Universidad de Cambridge, recogida por News Medical, analiza décadas de estudios sobre lectura y salud cerebral. Uno de los trabajos que citan siguió a cerca de 5.500 adultos de 55 años o más durante cinco años: quienes participaban con frecuencia en actividades intelectualmente estimulantes, entre ellas la lectura, tenían una probabilidad significativamente menor de desarrollar deterioro cognitivo. Otra investigación incluida en la revisión vinculó la lectura habitual de periódicos, revistas y libros con una reducción del 33% en el riesgo de alzhéimer.

En España hay datos propios que apuntan en la misma dirección. Un estudio de casos y controles realizado en un centro de salud de Valencia con 153 personas mayores de 65 años, publicado en Gaceta Sanitaria, encontró una asociación significativa entre el hábito de lectura frecuente mantenido durante más de cinco años y una menor presencia de deterioro cognitivo, medido con el Miniexamen Cognitivo de Lobo. 

Fotografías | Zion Leung, Anisa Gauri en Unsplash, Magnific

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