A la hora de reformar una casa hay que contemplar aspectos que van más allá de la paleta cromática o del estilo decorativo
A los 50 es muy común hacer reformas en casa para darle un nuevo aire, modernizarla y, de paso, adaptarla a las necesidades de esta etapa de la vida, en la que, en muchos hogares, los hijos ya se han ido o están a punto de hacerlo. Al plantearse una reforma, hay que tener en cuenta muchos aspectos: el estilo decorativo, la paleta de colores que dará vida a nuestro hogar, la combinación de muebles bonitos y funcionales…
Pero a veces se nos olvida que esta renovación también debería contemplar cambios que faciliten la vida en el futuro, cuando nuestra forma física y nuestras habilidades no sean tan buenas como las de ahora. A fin de cuentas, es mejor anticiparse y hacer esos ajustes ahora, cuando aún no son imprescindibles, que esperar a necesitarlos con urgencia.
Así evitamos dificultades como no poder entrar con facilidad en la bañera o tener que afrontar una reforma más costosa dentro de unos años, ya sea por el alza de los precios o porque debamos modificar lo que acabamos de renovar, cuando probablemente todavía esté como nuevo.
Una casa accesible, cómoda y funcional
El objeto final de esa reforma debe ser una vivienda inteligente y con un diseño inclusivo, con líneas limpias y materiales agradables al tacto que pueda ser disfrutada por personas activas y exigentes que disfrutan de los espacios bonitos, aunque con las máximas comodidades.
Todo encaminado a que la casa sea lo más confortable posible, evitando barreras y dificultades que hoy apenas miramos, pero que en unos años pueden volverse en un auténtico problema requiriendo de esfuerzos adicionales e innecesarios. Así, es importante pensar en detalles como instalar interruptores y enchufes a baja altura, repensar el mobiliario para poder utilizarlo sin tener que subirnos a escaleras o taburetes, o mejorar la iluminación no solo para que la casa sea más confortable, sino para garantizar que tenemos luz suficiente al cocinar, al leer, o al asearte en el baño.
Los mayores cambios, en el cuarto de baño y en la cocina
Si hay dos espacios en los que hay que realizar cambios para que sean accesibles 100%, esos son el cuarto de baño y la cocina. En el caso del baño, hay que acabar sí o sí con las bañeras e incluso con las duchas de cabina y escalón, apostando por duchas en las que el suelo sea continuo entre la cabina y el resto del cuarto de baño, utilizando materiales antideslizantes para evitar accidentes. Si tienes espacio, lo ideal es poner un banco empotrado o una banqueta donde puedas sentarte a disfrutar de tu ducha.
En la zona de ducha también sería conveniente instalar agarres de pared para evitar caídas. Estos agarres puedes ponerlos más adelante cuando creas que te van a hacer falta, pero es cierto que el riesgo de una caída siempre está ahí, tengas 20, 40 0 60 años. Además, (y si tienes más de 50 lo habrás comprobado), es importante reforzar la iluminación para facilitar tareas como el afeitado o el maquillaje.
Las cocinas abiertas y sin islas invasivas también son un acierto, con el fin de tener espacio suficiente para moverse. Y en este espacio, olvídate de los armarios hasta el techo para evitar que tengas que subirte a un taburete para coger los vasos o las cazuelas. Parte de un principio claro, todo lo que puedas necesitar, deberá estar al alcance de la mano. Y olvídate también de esas despensas o armarios rinconeros que parecen una cueva y en las que cuesta alcanzar lo que guardamos dentro.
Dentro de esa filosofía por hacer la cocina más cómoda, también puedes apostar por instalar electrodomésticos como el horno, el microondas, la vitro o incluso la lavadora a una altura que te sea cómoda. Además, hay electrodomésticos que cuentan con opciones que nos pueden venir muy bien, desde control de temperatura de aceite al apagado de seguridad, pasando por el aviso de puerta abierta o la auto limpieza pirolítica.
También deberás cuidar mucho la iluminación para ofrecer una luz directa sobre las zonas de trabajo, y apostar por tiradores grandes y cómodos en los armarios, evitando los uñeros o los modelos muy de diseño pero que son poco prácticos en el día a día.
Los salones deben ser versátiles
Piensa que en futuro cada vez tendrás más tiempo libre. Sobre todo, cuando te jubiles. Y probablemente, aunque ahora te cueste hacer planes con gente los fines de semana, dentro de unos años te apetecerá invitar a tus amigos a cenar un sábado o a tu familia a comer un domingo.
Por eso, hay que diseñar salones versátiles y amplios conectados con la cocina, con amplios sofás para recibir a todo el mundo, y con mesas extensibles para organizar esas comidas y esas cenas. Tanto lo sofás como la sillas puedes elegir modelos que se adapten a la altura necesaria, y no al revés. Y ya que hablamos del sofá, dado que debemos buscar la comodidad, lo mejor es elegir textiles que no solo sean agradables al tacto, sino que también sean antimanchas o incluso antipolvo.
Además, para ganar en confort, nada mejor que apostar por un sillón reclinable automático para ver la televisión o leer en una buena postura y de la mejor forma posible.
Casas inteligentes que nos hagan la vida más fácil
La domótica está muy bien, pero también en ocasiones nos complica la vida. Y teniendo en cuenta que vamos hacia años en los que cada vez nos da más pereza innovar y tener cambios, debemos tener una casa inteligente pero práctica e intuitiva. Las persianas automáticas nos ayudarán a que nuestro día a día sea más fácil (sobre todo, en el caso de las persianas XXL que dan a la terraza o al jardín), además de dispositivos que nos permitan encender las luces sin levantarnos del sofá o poner música.
Las luces con sensores de movimiento son muy útiles para encender la luz en las zonas de paso son muy importantes a la hora de prevenir caídas por la noche cuando nos levantamos de la cama en mitad de la noche para ir al cuarto de baño.
Terrazas accesibles
Puede parecer una tontería, pero hay cantidad de personas que no pueden salir a la terraza por un simple escalón, o por la forma en la que la puerta está instalada, creando una barrera entre el interior de la casa y la terraza o el jardín.
Por eso, aprovecha que estás de obras para acabar con esos escalones innecesarios y colocar suelos antideslizantes con el fin de tener unos espacios de exterior totalmente accesibles.
Fotografía de portada | Spacejoy para Unsplash
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