Dormir bien no es solo cuestión de horas, sino de respetar los ritmos del cuerpo y mantener cierta regularidad
Dormir bien es un pilar fundamental tanto de la salud como de la longevidad y es que un buen descanso está asociado a una mejor salud cardiovascular, mejor equilibrio hormonal, ayuda al sistema inmune y también al metabolismo, ya que influye en las hormonas que controlan el apetito y reduce la ansiedad por comer. Pero, ojo, porque son muchos los estudios que cada vez más apuntan a la idea de que no solo importa el número de horas que duermes, sino cuándo las duermes, o lo que es lo mismo: la regularidad de tu sueño.
Regular tus ritmos circadianos influye en tu longevidad
Los horarios en los que dormimos podrían estar directamente relacionados en cómo envejecemos y cuánto vivimos, y es que tal y como explica Marcos Vázquez en este video: "La ciencia observa una menor mortalidad en las personas que se acuestan sobre las 11 de la noche y se despiertan entre las 6 y las 7 de la mañana".
Esto es así debido a que nuestro cuerpo funciona siguiendo nuestro reloj biológico, todo comienza a fluir mejor. "Los procesos regenerativos que ocurren durante el sueño son más efectivos si están alineados con nuestros ritmos circadianos", explica el experto, y es que dormir más no siempre tiene por qué significar vivir más.
De hecho, según los estudios a los que hace referencia Marcos, "se asocia menor mortalidad en las personas que se acuestan alrededor de las 11 de la noche y se despiertan entre las 6 y las 7 de la mañana", explica. Y, continúa, "levantarse después de las 8 se asocia con más mortalidad que levantarse a las 5 de la mañana". Esto puede ser así debido a que detrás de esos horarios más tardíos hay desajustes del sueño, hábitos irregulares o estilos de vida menos estructurados.
Cómo es tu sueño: ¿te consideras buho o alondra?
Estas investigaciones estarían en línea con este otro estudio, el de Chronobiology International, que sostiene que las personas con cronotipos más tardíos, llamados buhos, tienen un 10% más de riesgo de mortalidad que las personas con cronotipos más tempranos, llamados alondras. Por lo que está claro que no todas las horas de sueño tienen el mismo impacto y unos horarios desajustados, junto con hábitos menos ordenados, pueden afectar al bienestar en general.
Por ejemplo, levantarse muy tarde o variar constantemente la rutina puede generar esa especie de “jet lag social” que descoloca al organismo y altera su funcionamiento. Por otro lado, el cronotipo, o lo que es lo mismo, la tendencia natural a ser más diurno o nocturno, también influye, según dice el experto. Las personas que tienen hábitos más nocturnos suelen tener más dificultades para mantener horarios estables en un entorno social que favorece la actividad diurna, y todo ello puede traducirse en un descanso menos consistente.
Un patrón de sueño regular, por tanto, se convierte en un factor clave para la salud y mantener horarios de sueño similares cada día ayuda a que el cuerpo anticipe cuándo debe activarse y cuándo debe entrar en modo descanso. Un estilo de vida que tienda a alargar las noches podría desordenar los ritmos pero, recuperando una estabilidad se podría hablar, según la ciencia repetimos, de una diferencia real en cuestión de salud a largo plazo.
Fotografías |Freepik, @fitness.revolucionario
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