Isabel, la socia de honor de un gimnasio de Vigo que, a sus 103 años, sigue entrenando cada semana: "Es mi medicina"

Isabel vigo

Esta viguesa de joven se movía en moto y vestía pantalón cuando eso llamaba la atención en su entorno, y ahora se mantiene en forma acudiendo a este centro deportivo

Nacho Viñau

Editor

En Vigo hay un gimnasio donde una de sus socias no paga cuota. Se llama Isabel Vázquez, tiene 103 años y sigue entrando por la puerta dos o tres veces por semana. Lleva tantos años haciéndolo que, a estas alturas, su presencia forma parte de la vida cotidiana del centro. Este verano, con motivo de su cumpleaños, el gimnasio quiso felicitarla de una manera especial y la recibió con un ramo de flores, tal y como recoge Telecinco.

Lo que comenzó después de su jubilación como una forma de mantenerse activa terminó convirtiéndose en una costumbre que Isabel no ha abandonado con el paso del tiempo. A sus 103 años, sigue teniendo claro que hacer ejercicio forma parte de su día a día. Y cuando le preguntan por qué continúa yendo al gimnasio, su respuesta es sencilla: "Es mi medicina".

El día de su cumpleaños, eso sí, Isabel tuvo que faltar a su cita habitual. Tenía una cita médica que no podía cambiar y el entrenamiento tuvo que esperar. Ha sido una de las pocas excepciones en una rutina que mantiene desde hace años. "Es socia desde el primer día", explica Mila Alonso, responsable de prensa de Máis que Auga Barreiro, el gimnasio al que Isabel sigue acudiendo con una constancia poco habitual a su edad.

Acude al gimnasio de dos a tres días por semana y no paga cuota

Isabel es socia de honor, no paga cuota, y el centro celebra su cumpleaños como una fecha marcada en el calendario. Su rutina no ha cambiado apenas: rema, usa la bicicleta estática y nada, siempre por su cuenta, sin seguir programas dirigidos ni depender de nadie para organizar sus sesiones. "Para mí el gimnasio es mi medicina", dice ella misma, y esa frase resume bastante bien por qué sigue yendo semana tras semana.

Una agenda que no encaja con los tópicos

Isabel vive sola en su casa y no se plantea dejarla por una residencia. Cada mañana organiza su día como lleva haciendo toda la vida, y antes de salir deja preparada la comida para ella y para su hijo Roberto, que almuerza con ella a diario. Cuando toca entrenar, coge el autobús hasta Barreiro, aunque para llegar a la parada tenga que subir lo que Mila Alonso describe como "una buena cuesta".

Su relación con el deporte viene de lejos. Empezó a nadar en el pabellón de O Carmen nada más jubilarse, y cuando abrió Máis que Auga, mucho más cerca de casa, no dudó en cambiarse para seguir con la misma actividad sin tener que desplazarse tanto. 

Una lesión que le está costando más en lo emocional que en lo físico

Las últimas semanas han sido distintas, ya que una herida que ha tardado en cicatrizar la ha obligado a parar, algo que, según quienes la conocen en el gimnasio, le pesa más por las ganas de volver que por la propia recuperación física. En el centro la echan de menos, y ella también echa de menos el centro.

"Aquí todo el mundo la adora, tanto el personal del gimnasio como las personas usuarias, porque se hace querer", cuenta Mila Alonso. Isabel corresponde ese cariño y disfruta especialmente del ambiente que encuentra entre semana, rodeada de gente de otras generaciones.

"No quiero estar con viejos como yo"

Ahí está, de hecho, una de las claves de su carácter. Isabel se define como una mujer moderna y coqueta, de las que iban por delante de su época. De joven se movía en moto y vestía pantalón cuando eso llamaba la atención en su entorno, y a sus 103 años conserva ese mismo espíritu.

"No quiero estar con viejos como yo, que solo hablan de enfermedades. A mí me gusta rodearme de gente joven", suele bromear. Para ella, compartir tiempo con personas más jóvenes es parte de lo que la mantiene con ganas de seguir haciendo cosas.

Cuando le preguntan por el secreto para llegar a los 103 años, Isabel no se anda con rodeos. Lo primero, irse a dormir sin dar vueltas a los problemas y dejar las preocupaciones para el día siguiente. Lo segundo, no aislarse y mantener una vida social activa, sobre todo con gente joven.

Mientras termina de recuperarse, en el gimnasio ya cuentan los días para que vuelva a cruzar la puerta. Después de tantos años, Isabel dejó de ser una usuaria más hace tiempo.

Fotografías | Mais Que Auga

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