
A sus 87 años, Carolina Herrera sigue siendo un referente de elegancia y estilo, y detrás de su marca hay mucho más que talento: saber trabajar en equipo
Su nombre en el mundo de la moda se ha convertido en sinónimo de elegancia y su sello de identidad es una prenda tan simple y sencilla como una camisa blanca. Carolina Herrera, a sus 87 años, sigue siendo un referente en la industria gracias a la tan reconocible estética de su marca que cuenta con una trayectoria de décadas.
Su historia comienza en el seno de una familia bien posicionada de Venezuela donde Carolina tuvo una infancia feliz. Aunque siempre ha sido muy reservada con su vida personal, en alguna entrevista sí que ha compartido algunos de os recuerdos de su familia y de su niñez que guarda con tanto cariño.
Según recoge este medio, Carolina contaba en una entrevista con un periódico inglés: "Mis padres eran... muy especiales. Mi madre era una figura muy romántica y mi padre era extremadamente atractivo, divertido y un tanto distante. Siempre recuerdo la casa de mi infancia con alegría. Había un jardín precioso y, frente a la ventana de mi dormitorio, crecía una enredadera de jazmín que se abría al atardecer, desprendiendo un aroma divino", decía.
Así descubrió Carolina Herrera su pasión por la moda
La diseñadora también ha compartido en alguna ocasión que creció rodeada de mujeres, ya que tenía tres hermanas, pero eso no fue lo que le llevó a su vocación por el diseño, ya que esta llegó más tarde. "Mis hermanos y yo tuvimos una suerte enorme porque crecimos en una casa en la que todas las mujeres se vestían muy bien, compraban la ropa en París y creo que el ojo se acostumbra a las cosas bonitas, estábamos familiarizadas con la estética, pero no como ahora, que hay niñas de 8 años que pueden distinguir un bolso de otro”, cuenta en esta entrevista.
Sus intereses por aquella época eran los caballos y el tenis, que ocupaban buena parte de su tiempo: “Para mí la moda no existía, existían mis caballos, el tenis… Yo creo que esa inquietud nació más tarde, como a los 14 o 15 años, cuando empecé a ver esas magníficas películas de Hollywood, con todas esas mujeres glamurosas que fumaban con boquilla, con el pelo perfecto… Yo quería ser una 'vamp', como ellas. Ahí se me despertó la curiosidad por la moda. Antes, nada; veía que todas las mujeres de mi casa estaban muy bonitas vestidas, pero nada más”, continua.
Aquella fascinación por las actrices de la época fue la primera señal que acabaría convirtiéndose en lo que se ha convertido hoy en día. Sin embargo, no fue hasta 1981 cuando presentó su primera colección en Nueva York, a los 42 años. "Aquella colección de 1981 sigue siendo mi favorita de todas las que he hecho. Se presentó en el Metropolitan House y vino gente de todo tipo, artistas, pintores… Era muy glamourosa y me abrió la puerta para estar donde estoy ahora porque con ella entré en todas las tiendas americanas: Bergdord Goodman, Neiman Marcus, Saks… En todas. Cuando empiezas a hacer algo estás ciego, porque no sabes a dónde vas, y esa colección me abrió las puertas de todo", recuerda. Pero, sin duda, uno de los hitos que la catapultó a la fama fue el diseño del vestido de novia de Caroline Kennedy en 1986.
La filosofía de Carolina Herrera para construir su marca
Carolina ha confesado que decidió lanzarse al mundo de la moda porque "siente pasión” por ella, y asegura “ese era el momento ideal en mi vida. Quería hacer algo nuevo". Pero, cuando su propia hija, Carolina Adriana Herrera, le pregunta en esta entrevista cuál es el secreto de que su marca siga triunfando décadas después Carolina es contundente: "Porque hay que ser coherente con el estilo que quieres dar a tu empresa, qué quieres vender y cómo quieres ver a las mujeres que visten Carolina Herrera. Ser diseñadora de moda no solo es recibir los aplausos de la gente sino que conlleva mucho trabajo e implicarte a fondo, tener ojo y talento". Pero, ¿y cómo sacó adelante todo ello? "Compaginando dos vidas"; dice. "La vida pública bajo los focos y la vida privada. Yo las he separado muy bien. Cuando vuelvo de la oficina a las cinco o seis de la tarde nunca hablo de trabajo".
Ese solo fue el comienzo de la marca que hoy en día es una de las más internacionales y famosas del mundo, que ha sabido construir su identidad propia basada en la elegancia y, como decíamos, con una prenda tan simple como es una camisa blanca. Aunque según ha dicho en alguna ocasión bromeando la propia diseñadora: "La gente cree que vivo con una camisa blanca o con un vestido de baile. Las camisas blancas han estado conmigo siempre: cuando iba al colegio llevaba siempre una camisa blanca con cuello Peter Pan, montaba a caballo también con camisa blanca, jugaba al tenis con camisa blanca… Para mí es una prenda que me da seguridad, te la puedes poner con joyas, con una falda larga, con un pantalón casual… Yo creo que la gente me visualiza con una porque casi siempre llevo una cuando salgo a saludar a final de los desfiles".
Años más tarde, en 2018, Carolina decidió dar paso a Wes Gordon para llevar la dirección creativa de la marca. Y es que el espíritu de la diseñadora, y de su marca, siempre ha sido el trabajo en equipo, porque tras reconocer que ella no estudió diseño, sí sabe que necesita del talento de otras personas para poder llegar al éxito. "Yo no sé coser un botón, pero sé dirigir y mis ojos están abiertos a lo que quiero diseñar. Hay diseñadores que estudian que saben cortar, hacer patrones de todo, pero no salen adelante. Para hacer lo que yo hago se necesita un equipo", revelaba.
Sin duda, el nombre de Carolina Herrera está asociado desde sus comienzos a una forma de entender la moda en la que la elegancia y la personalidad están por encima de las tendencias. Su trayectoria demuestra que el camino hacia el éxito puede estar marcado por vivencias, experiencias, la curiosidad y trabajo, pero hay que saber rodearse de un buen equipo que te ayude a alcanzar tus sueños, y ese parece haber sido el secreto de la diseñadora.
Fotos | @carolinaherrera, Gtres/Abaca, Gtres/Gtresonline
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