La Hermida es un balneario situado en los Picos de Europa que cuenta con una cueva termal
Cuando llega el frío de verdad, uno empieza a valorar esos lugares que permiten parar sin más, lejos del ritmo del día a día. Diciembre invita a buscar refugios cálidos y tranquilos, y pocos planes suenan mejor que una escapada que combine paisaje, calma y un baño que devuelva la temperatura al cuerpo. En el corazón del desfiladero de La Hermida se esconde uno de esos sitios que parecen hechos para desconectar. Sus aguas termales llevan siglos brotando con fuerza desde el interior de la roca, alcanzando temperaturas que sorprenden al primer chapuzón y que ya aprovechaban quienes pasaban por aquí mucho antes de que existiera el actual balneario.
Dicen que el nombre de La Hermida viene de "La Hervida", en referencia al agua hirviendo que brotaba de las entrañas de la montaña. Y es que aquí todo gira en torno a ese tesoro subterráneo que brota a temperaturas de 60 grados y que ya era aprovechado en el siglo XVIII. En aquellos momentos ya se hablaba de sus propiedades curativas, aunque esos bañistas no tenían las instalaciones necesarias. Fue en 1842 cuando se construyó una pequeña casa de baños, germen del complejo que podemos disfrutar en la actualidad.
Un hotel con alma y vistas de infarto
El Balneario de La Hermida forma parte de un hotel de cuatro estrellas que tiene toda la elegancia de los edificios históricos (su origen se remonta al siglo XVIII) pero con las comodidades del siglo XXI. Durante la reforma del complejo, supieron mantener lo mejor del pasado, aunque con todas las modernidades que te puedas imaginar. Las habitaciones son exteriores, con vistas al desfiladero o al río Deva, con esas paredes verticales de roca caliza y ese verde intenso que lo cubre todo.
La cueva termal que parece sacada de otro mundo
Si hay algo que diferencia a La Hermida de otros balnearios, además de su impresionante ubicación entre paredes rocosas, es su cueva termal al aire libre. Esta cueva, inaugurada en 2012 y situada en las inmediaciones del balneario, en la parte posterior del edificio principal, es el reclamo estrella del lugar. Y no es para menos.
Imagina sumergirte en agua caliente mientras estás literalmente rodeado de roca, con el desfiladero alzándose a tu alrededor y el cielo abierto sobre tu cabeza. Es como si alguien hubiera decidido crear el espacio más evocador posible para desconectar del mundo..
Además, en verano también es posible darse un baño por la noche bajo las estrellas. Es una experiencia que se siente casi mística, de esas que te dejan huella.
El circuito termolúdico para los que quieren más
Además de la cueva exterior, el balneario cuenta con un completo circuito termolúdico interior que dura unos 80 minutos y en el que puedes probar hasta 18 técnicas diferentes de hidroterapia. Hay de todo: piscina dinámica con chorros de hidromasaje, volcán de burbujas, natación contracorriente, pediluvio bitérmico (que es un baño de pies con cambios de temperatura que reactivan la circulación), sauna finlandesa, vaporario del manantial, duchas de sensaciones y baños de inmersión en frío.
Porque sí, aquí también te invitan a meterte en agua fría. Y aunque suene a tortura, el contraste entre el calor extremo y el frío es de lo mejor que le puedes hacer a tu cuerpo. Activa la circulación, reduce inflamaciones y te deja con una sensación de vitalidad que dura días. Eso sí, al principio cuesta un poco. Pero una vez que lo pruebas, entiendes por qué los nórdicos llevan siglos haciéndolo.
Las aguas que se usan en el complejo son aguas hipertermales clorurado-sódicas altamente mineralizadas. Eso, traducido, significa que están cargadas de sales minerales (hasta tres gramos por litro) que sirven para tratar dolencias reumáticas, problemas de circulación y afecciones de la piel.
El desfiladero de La Hermida, el gigante olvidado
No puedes ir a La Hermida y no recorrer, aunque sea en coche, el desfiladero que le da nombre. Con 20 kilómetros de longitud y paredes que alcanzan los 600 metros de altura, es el más grande de España y uno de los más impresionantes de Europa. La carretera N-621 lo atraviesa de punta a punta, serpenteando entre las rocas y ofreciendo vistas que te obligan a parar cada pocos kilómetros.
Si te gusta el senderismo, aquí hay rutas para todos los niveles. Y si lo tuyo es simplemente mirar, el Mirador de Santa Catalina ofrece una panorámica que te deja sin palabras. Desde arriba se ve el río Deva dibujando curvas imposibles entre las montañas, y con suerte, algún buitre leonado planeando en las corrientes térmicas. La zona es una de las principales reservas de esta especie en Cantabria, así que no es raro verlos sobrevolando las crestas.
Los Picos de Europa a un paso
Estar en La Hermida es estar a cinco kilómetros del Parque Nacional de los Picos de Europa. No hace falta que explique lo que eso significa: paisajes que cortan la respiración, pueblos como Potes con todo el encanto del mundo, el teleférico de Fuente Dé (a 40 minutos en coche), rutas de montaña, miradores, quesos de Tresviso...
Y si prefieres el mar, las playas de San Vicente de la Barquera están a menos de 35 kilómetros. Así que puedes combinar montaña y costa en la misma escapada sin volverte loco con los desplazamientos. Eso sí, si vas en diciembre, el agua del Cantábrico no va a tener nada que ver con la del balneario. Pero el paseo por la playa con el aire salado y las olas rompiendo sigue siendo un plan perfecto para antes o después del baño termal.
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