Tenía 35 años la primera vez que celebré San Valentín: así dejé de pensar en el 14 de febrero como un día consumista

Nadie me ha preguntado, pero esta es mi historia Patricia

Pepa López

Editor Senior

Yo nunca he sido mucho de celebrar San Valentín. Era lo que muchos llamarían una cínica al respecto. Siempre lo vi como una fecha comercial, pensada para que gastemos dinero que no tenemos en flores y cenas. Pero a los 35 años cambié de opinión y la culpa fue de mi nueva pareja, fan de las fechas señaladas y de celebrar todo lo celebrable, porque penas hay muchas.

Se acercaba el 14 de febrero y me dijo: ese día hacemos algo especial. Estuve a punto de replicar, pero me tragué mi queja a favor de la curiosidad. ¡Y qué bueno que lo hice! El día de San Valentín me recogió y me llevó a hacer lo típico que hacen las parejas en las películas: cena, manitas y un buen vino a la luz de las velas en un restaurante con vistas al mar.

¡Yo! Con lo criticona que yo he sido al respecto. En ese mismo momento me vi a mí misma desde fuera y me sentí muy hipócrita, gozándomelas tanto en una situación que siempre me ha hecho poner los ojos en blanco. Y me di cuenta de que no está mal tener contrastes ni ideas que no concuerdan, porque no todo es blanco o negro y las personas podemos cambiar de opinión. Podemos pensar que San Valentín, como Navidad, mal gestionado, es un saco sin fondo de dinero. Pero también podemos querer celebrarlo a pesar de ello y formar parte de ese algo tan especial.

Amiga, me he pasado de bando, ahora soy team San Valentín hasta el final. Y diréis... ¿a qué esperabas? Pues a la persona adecuada. Una que no use San Valentín de cara a la galería, sino para celebrarnos a nosotros de verdad. Y que lo haga todos los días del año. Y el 14 de febrero...de una forma un poquito más cursi. De esa forma no se siente como una obligación ni un mandato social preestablecido. Se siente que sale de verdad, y eso es lo especial.

Ahí me di cuenta de que, al igual que celebro mi cumpleaños en julio o la Navidad en diciembre, podía celebrar el amor en febrero sin caer en el consumismo desmedido. No hace falta que sea con regalos y cenas caras. Puede ser un par de velas y una peli nueva, sin presiones ni expectativas desmedidas.

Y así fue como me reconcilié con San Valentín. Y si a ti también te está pasando y le estás cogiendo el gustillo, disfrútalo. Y si este San Valentín te pilla en baja forma, celébralo con tu mejor amiga y abrázala fuerte. Que ya hay muchos días malos en el año.

Fotos | @pepatatas, @emitaz, @prosenkilde.

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