El roce hace el cariño y así han gestionado cuatro parejas su relación de amor (pese a que uno era jefe y el otro subordinado)

Pasamos la mayor parte de nuestro tiempo en el trabajo, así que es normal que sea uno de los lugares más comunes para enamorarse. Pasamos horas y más horas con esa persona, trabajando en proyectos juntos, viviendo los momentos de angustia a la par y celebrando esas pequeñas victorias del día a día. Y no es nada raro que en esas ocasiones surjan los sentimientos.

Y sí, esa otra persona puede ser tu inmediato superior, alguien con quien compartes no sólo muchísimas horas, sino también un objetivo común y hasta las horas de las comidas. Si sentís una atracción mutua no sería nada raro que vuestra relación evolucione en algo mucho más complicado, pero también excitante. O peligroso.

No en todas las empresas está bien visto que sus empleados tengan relaciones personales, y más en ocasiones en las que la relación se produce entre un subordinado y su superior. Pero también hay muchos casos en los que las relaciones evolucionan favorablemente y son un claro ejemplo de que no tienen por qué afectar al trabajo. O de que hay poner medidas en ambos terrenos, dentro de casa y en el entorno laboral, para salvar ese amor.

Si eres médico o banquero tienes más posibilidades de ligar en el trabajo...

Algunas profesiones son más acaparadoras que las demás, son esas en las que se pasan más horas de trabajo o esos momentos se viven con mucha intensidad. Condiciones especiales que hacen que se estrechen las relaciones entre compañeros y se acabe favoreciendo que se formen parejas y romances.

Según una estudio realizado en EE.UU., profesionales como los doctores o enfermeros tienen más tendencia a tener relaciones dentro del entorno laboral, un lugar en el que pasan mucho tiempo, bien por las largas jornadas laborales o por las guardias y emergencias. Banqueros, financieros, personal relacionado con este mundillo, también sufren mucho estrés y sobrecarga de trabajo y son los más proclives a caer en las redes del amor durante la jornada laboral.

Profesores y profesoras ocupan el segundo puesto de este ranking y una de las razones es que existe mucha atracción por parte de los alumnos hacia los superiores.

Azafatas y pilotos ocupan el tercer lugar en este podium, ya que pasar más tiempo de viaje y en un avión que en sus hogares hace que haya más facilidades para tener una relación con algún compañero de trabajo.

Según este mismo estudio hasta el 85% reconocían que era mejor no tener relaciones sentimentales con ningún compañero. Y sin embargo, hay muchas veces en las que no se puede hacer nada por evitarlo. El amor surge y hay que tomar decisiones: ¿se lo decimos al resto? ¿nos cambiamos de departamento? ¿lo mantenemos en secreto? Hemos entrevistado a varias parejas que se enamoraron en sus lugares de trabajo, siendo uno de ellos el jefe y qué hicieron para compaginar dos mundos aparentemente incompatibles.

Clara y Miguel, "decidimos irnos y empezar desde cero"

Cuando conocí a Miguel, mi jefe en una distribuidora, él no sólo estaba casado, también tenía una hija y me sacaba unos quince años. Pero ninguno de los dos pudimos evitar caer enamorados. Fue un flechazo que lo arrasó todo: su matrimonio y nuestro puesto de trabajo. Todo el mundo había sido testigo del drama de su separación y me echaban la culpa de que una niña tuviera ahora unos padres divorciados. Y él, a quien siempre le habían tenido en un altar y era como el modelo a seguir por el resto de su departamento, se convirtió de repente en un tipo al que no se le podía respetar.

Negociamos juntos el finiquito y con nuestros ahorros y los contactos que teníamos montamos un pequeño negocio de libros. Ahora ya han pasado quince años de eso y lo recuerdo todo un poco como una pesadilla que daba mucho miedo y al mismo tiempo, como una aventura maravillosa. No me arrepiento de nada, ni de perder aquel buen empleo ahora con la crisis que está cayendo.

Alfonso y Nora: "él estaba preocupado de que yo no sintiera lo mismo y le denunciara por acoso"

En mi nuevo trabajo en el departamento de ventas tenía que pasarme el día yendo a comidas y cenas. Y a muchas de ellas teníamos que cudir los dos juntos, mi jefe y yo, en representación del departamento. Aunque al principio pensé que la diferencia de edad y de cargo nos separaría, en el fondo sólo eran cuatro años de diferencia y muchas de las veces que asistíamos juntos a eventos, acabábamos luego tomándonos una copa juntos.

Durante meses y meses aquella situación se prolongó y en mi cabeza sólo éramos amigos, pero había muchos comentarios en la oficina sobre nosotros. Comentarios que yo cortaba negando cualquier cosa o que me gustara. Estaba bastante equivocada, claro. Me di cuenta de que estaba enamorada de él el día que no hablábamos o que, por lo que fuera, no venía a la oficina... todo se volvía de color gris y un día ya no pude más y me lancé.

Menos mal que lo hice, porque él estaba preocupado de que yo no sintiera lo mismo y me sintiera atacada o le denunciara por acoso y porque era mi superior. También le preocupaban los comentarios de los compañeros, claro. Así que durante mucho tiempo intentamos mantener lo nuestro bajo secreto. Salíamos a diferentes horas, comíamos separados y trabajábamos como mulos, pero sin mirarnos. Y claro, aquello también era raro. Y la gente seguía hablando y hablando. Y él se obsesionó muchísimo y a mí empezó a molestarme que le preocupara más lo que pensaran los demás que lo nuestro. A mí tanto secretito me estaba volviendo loca. Además y tenía la impresión de que 1) toda la empresa ya lo sabía y 2) daba igual. Un día durante una discusión le dije que si tanto le preocupaba que en el trabajo no supieran lo nuestro que se cambiara de trabajo. Y no paró hasta que lo hizo, claro. Aún seguimos juntos, pero reconozco que todavía me cuesta aceptar aquella época, que le molestara tanto que se supiera lo nuestro... como si se avergonzara de mí.

Susana y Pablo, "utilizaba las cosas que nos pasaban en casa para echármelas en cara en el trabajo"

Pablo no era exactamente mi jefe directo, pero sí el director del departamento creativo al que yo tenía que rendir cuentas y uno de los socios capitalistas de la agencia de publicidad para la que trabajaba. Pero, vamos, nunca se comportó como un jefe conmigo, sino de igual a igual. En publicidad trabajas muchas horas y encima, yo era la jefa de producción, así que pasábamos mucho tiempo fuera de la agencia y de viajes, yendo a rodajes dentro y fuera de España. Los rodajes son muy aburridos, así que terminas buscando distracción en cualquier lado. Y es normal que acabes tonteando con un compañero o que la cosa vaya a más.

Al principio pensé que sería solo un rollete, pero la cosa se fue poniendo seria y antes de que me diera cuenta se había mudado a mi casa. Los primeros meses fueron buenos: estábamos juntos todo el día, en la agencia, fuera de ella... Lo nuestro no era ningún secreto además. En esta profesión las largas horas de trabajo favorecen que haya líos -más o menos serios- en las agencias. Nunca pensé que sería un problema enamorarte del jefe. Pero comenzó a serlo el día que ganamos una cuenta de una marca muy prestigiosa de automóviles y él empezó a obsesionarse con un rodaje y a discutir cada plano y cada fase conmigo. Lo malo es que utilizaba las cosas que nos pasaban en casa para echármelas en cara en aquellos momentos. Cuando quería tener razón recurría a lo que fuera, aunque no tuviera nada que ver con el asunto, a algo que no hubiera sabido si no hubiera sido mi pareja. Después de aquel proyecto ya nada volvió a ser lo mismo entre nosotros. Y aunque me prometió que nunca más volvería a contaminar las cosas del trabajo con las personales, lo hizo un par de veces más y le costaba separar ambos mundos. Así que terminé por dejarle, lo que alargó el sufrimiento porque estuvimos trabajando juntos durante dos años más.

David y Laura: "yo era el becario, ella la jefa y la situación era muy excitante"

Ella no era exactamente mi jefa: editaba y presentaba el informativo y yo entré de becario en la misma cadena de televisión. Estaba por encima de mí, sin cargo directo. Pero Laura editaba la escaleta y presentaba el informativo y yo era el último mono. Estaba muy enamorado, una situación muy excitante, loco de amor y medio en secreto.

Al principio de la relación, como en todos los casos de este estilo, no fue pública del todo y luego la gente se fue enterando y se asumió con normalidad. No me sentí con más necesidad de ocultarlo de manera diferente porque fuera mi superior que si fuese una relación con una trabajadora en mi mismo nivel.También era una empresa pequeña, sin problemas en su política de RRHH para estas cosas. Chanzas hubo algunas sobre la jefa y el becario, pero las normales y favoritismos, no. De hecho, todo se hace más difícil cuando tienes una relación con alguien de tu trabajo... pero no por que sean jefes o no.

La verdad es que no recuerdo problemas del trabajo que acabaran en casa, pero sí problemas de relaciones con otras personas del trabajo que luego sí se hicieron más grandes por estar juntos. Además, creo que en general, es más violento enfadarte con un jefe con el que no tienes más relación que la laboral. Al menos, desde mi experiencia y perspectiva. Recuero haber tenido criterios diferentes sobre cómo tratar un reportaje, pero haber asumido lo que me indicaba Laura, que para eso era mi jefa. Seguimos recordándolo de vez en cuando, entre risas.

Cuando a ella la echaron del trabajo, y mientras estuvimos batallando el despido, yo tuve que permanecer un tiempo trabajando en la empresa y recuerdo que sí fueron momentos duros, en los que resultó difícil separar lo personal de lo laboral.

Foto principal| Gtres

Fotos| Pexels.com

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