Cinco razones por las que nos encantan las series de médicos como The Good Doctor y Anatomía de Grey

Las series de médicos son un género que siempre triunfa y, aunque nos cueste reconocerlo, somos muchos los que tenemos una (o varias, siendo francos) entre nuestras imprescindibles. Da igual las temporadas que pasen que seguiremos viendo (y disfrutando) de las aventuras, desventuras y locuras de 'Anatomía de Grey' y, cada vez que tenemos una nueva entre miras, también le damos una oportunidad. 

Por esta razón, hemos querido hacer una recopilación de cinco de esas razones por las que las series de médicos nos encanchan y mantienen capítulo tras capítulo. 

El drama médico

Es el concepto en sí mismo. Estas series son un drama (o mejor dicho, un dramón) en toda regla, incluso cuando les quieren dar pinceladas o tintes de romance o hasta comedia. Lo que realmente engancha no es el escenario, es el drama que, en muchas ocasiones y tratándose de temas que tocan cuestiones tan básicas como la vida o muerte, se convierten en situaciones de lo más lacrimógenas. Porque sí, todos hemos echado alguna que otra lágrima con ellas, quién no recuerda esa muerte de Denny que nos dejó a todos de vuelta y media.

Los líos amorosos de hospital

Por supuesto, no hay serie de médicos que se precie sin uno (o varios) romances en ciernes, desde los más casuales en las salas de descanso (qué trajín tienen esas habitaciones), a otros mucho más intensos y duraderos que nos encanchan, nos mantienen y se quedan en nuestra retina televisiva para siempre. 

Sin duda, el mejor caso de todos es el de 'Anatomía de Grey' donde las relaciones entre unos y otros (y vuelta a empezar) son la clave de todo, de hecho, no concebimos la vida médica sin una Meredith y un Derek, y sin las mil y una desgracias de la Dra. Grey, por supuesto. 

Y es que hay que reconocer algo, en estas series, la felicidad del momento, solo puede ir seguida de una gran desgracia. 

Los diagnósticos más locos

A ver, siendo sinceros, en una serie de médicos no ves un solo paciente que vaya con unas anginas, una faringitis o un ligero sarpullido. No. En estas series las cosas son más a lo grande y los casos que se presentan son los más rebuscados  y atípicos, y sino siempre nos quedará el lupus que era de lo más recurrente en House. 

La continua tensión

Por supuesto, al diagnóstico acertado no se llega hasta el último momento, incluso en los peores escenarios, cuando el paciente ya ha fallecido. Y es que estas series saben mantener la tensión continua capítulo tras capítulo, siendo autoconclusivos, series en sí mismas procedimentales, pero a la vez, manteniendo un hilo conductor que hace que nos enganchemos a verlos cada semana (o del tirón). 

Cuántas pruebas, análisis, medicamentos y operaciones tiene que sufrir cada paciente hasta que llega, por ejemplo, el Doctor Murphy y, tras ver un holograma anatómico, acierta con el tratamiento, ¡hacedle caso desde el principio!

La rivalidad médica

El pique entre médicos, entre el sector de enfermería, entre estos y aquéllos... da mucho juego y es uno de sus puntos fuertes. Nadie quiere ser el segundo, todos quieren ser los que más operen, los más innovadores, los que ganen los premios... a cualquier precio. Por ello, siempre tienen esa dosis de traiciones y venganzas que nos encantan. 

El poder de las batas blancas

A pesar de todo lo dicho, hay que reconocer que una serie de hospital no es especialmente atractiva desde el punto de vista estético porque nos pasamos capítulo tras capítulo viendo a sus protagonistas con las mismas batas blancas y pijamas de hospital, sin embargo, se convierten en un uniforme muy atrayente sin el que ya no podemos vivir. Algo tan sencillo y, a la vez tan frío, se acaba convirtiendo en un imprescindible de nuestra cultura televisiva. 

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