
Lo que los fermentados hacen en nuestro intestino no es magia, es ciencia
En una entrevista de la profesora Clare Collins a Tim Spector, profesor en el King's College de Londres, el médico epidemiólogo y divulgador científico aseguraba que “la nutrición es el factor más importante en todas las enfermedades comunes”, después de estudiar a más de 300.000 personas en su programa Zoe. De hecho su equipo y él estiman que si cambiásemos a una dieta óptima, “podríamos eliminar entre el 70 y el 80% de estas enfermedades o posponerlas”, y añadiríamos “10 años de vida saludable” siguiendo algunos hábitos como añadir fermentados a nuestra dieta.
Según un estudio de Stanford publicado en la revista Cell, tomar cinco alimentos fermentados al día reduce nuestros niveles de inflamación en una cuarta parte, frente a un grupo de control con una dieta rica en fibra. Con tres raciones de alimentos fermentados, explica Spector, podemos conseguir grandes resultados como ha comprobado con otro estudio realizado a 9.000 personas.
El hábito de añadir tres porciones de alimentos fermentados al día a nuestra dieta, como puede ser empezar a tomar kéfir, beber kombucha, o comer queso, kimchi, chucrut o yogur, tuvo un efecto asombroso según el estudio. “El 50% de ellos se sintió mejor en una semana en cuanto a su estado de ánimo, su energía y su apetito. Y también les bajó la hinchazón”, explicaba Spector. Uno de los mejores según el experto es el queso, siempre que sea el queso adecuado, y eso no incluye el queso en lonchas al estilo de los tranchetes.
Spector afirma que, “al comer alimentos fermentados, estos estimulan el sistema inmunitario en el intestino delgado y eso parece enviar señales a todo el sistema inmunitario. Básicamente estás tomando un «valium inmunitario»”, explicaba. Como envía una señal a todo el cuerpo para que se calme, la inflamación se reduce, lo que explica la mejora en el ánimo, el aumento de la energía y la bajada de la hinchazón.
Antes pensábamos que los alimentos fermentados actuaban como probióticos porque son alimentos vivos pero hay algo curioso porque según el experto, “las últimas investigaciones muestran que no tiene por qué estar vivo para tener un efecto sobre el sistema inmunológico”, aunque asegura que “si puedes conseguir los productos con bacterias vivas, es mejor”, como ocurre quesos elaborados con leche cruda sin pasteurizar, quesos azules con vetas de moho, o quesos con mucha curación.
Adquirir el hábito de añadir tres raciones de fermentados al día no es algo loco. Piensa en que puedes meter uno en el desayuno con un bol de kéfir y/o yogur, otro en la comida con una ensalada a la que añadas por ejemplo encurtidos y otro más en la cena si le meter pasta de miso a ese salteado de verduras o añades un poco de queso para terminar el plato.
Fotos | Zoe Program, Rebecca Orlov | Epic Playdate en Unsplash
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