Esa siesta que estás deseando echarte también te ayuda a estudiar. Y la ciencia lo respalda

Un reciente estudio ha sumado más beneficios a esa siesta tan nuestra y uno de ellos está directamente relacionado con nuestro aprendizaje

Anabel Palomares

Editor

Se sabe que descansar es clave para la memoria. El sueño reorganiza los recuerdos para almacenarlos después a largo plazo, es decir, favorece la consolidación de recuerdos. Cuando no dormimos o nuestro sueño no es de calidad, nuestro aprendizaje y nuestra memoria se ven perjudicados. Por eso es tan importante descansar para aprender, también cuando es época de exámenes. Pero lo que ha descubierto recientemente un estudio es que no solo nos ayuda dormir por la noche. La siesta puede ser clave para nuestro aprendizaje.

Dormir la siesta no solo recarga energías, sino que actúa como una especie de “reinicio cerebral” que potencia el aprendizaje y la memoria. Hasta ahora se pensaba que la memoria se beneficiaba de un descanso nocturno, pero un estudio publicado en la revista NeuroImage ha revelado que tanto el rendimiento mental como la memoria mejoran con un descanso de 45 minutos durmiendo. En ese tiempo de descanso el cerebro reorganiza conexiones neuronales y despeja espacio para nuevos conocimientos. Como si hicieras hueco en el armario para la nueva colección, donando lo que ya no te vale y recolocando todas tus camisetas para que ocupen menos espacio.

Lo que ocurre en este tiempo es que se alivia la carga sináptica y se restaura la plasticidad cerebral, lo que favorece y facilita la adquisición de nuevos conocimientos, es decir, ayuda a nuestro aprendizaje. En el estudio, realizado a 20 adultos jóvenes sanos, durmieron una siesta media de 45 minutos o permanecieron despiertos. Para valorar los resultados se utilizó estimulación magnética transcraneal (TMS) y EEG para medir las sinapsis. 

Tras hacer sesiones alternas, de descanso y no descanso, lo que se vió es que después de la siesta se produjo una restauración homeostática porque la fuerza sináptica global bajó pero la plasticidad para formar nuevas conexiones subió. Por eso mejoró el rendimiento en tareas de aprendizaje. Según uno de los investigadores, el profesor Christoph Nissen, una siesta alivia la "saturación" por vigilia prolongada, ideal para trabajos intensos.

A pesar de que no se produce un sueño REM en ese período de descanso breve de 45 minutos, el cerebro facilita la integración de información y consolida la memoria declarativa (los hechos y eventos), como ya se mostró en un estudio de Harvard de 2008, y las siestas de 30 minutos en niños, consiguen también activar la corteza prefrontal para fijar recuerdos.

Eso sí, hay que tener claro algo y es que una siesta nunca sustituye el sueño nocturno aunque nos pueda ayudar en época de exámenes. No podemos obviar el descanso para que los conocimientos se asienten, nuestra memoria no falle y nuestro aprendizaje se desarrolle como debe. Una siesta está bien, pero que nunca sustituya a un buen descanso nocturno.

Fotos | Greg Pappas en Unsplash, Larissa Cardoso en Unsplash 

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