
Este hábito es de todo menos saludable, aunque algunos lo defiendan
Tomar una copita de vino al día, o una cervecita comiendo, puede parecer un hábito inocuo. O tomar un refresco sin azúcar en cada comida, pero puede que nunca te hayas parado a pensar cuánto estás consumiendo en realidad. La médico de familia Ana Pérez Ballesta, autora del libro ‘Doctora, una pregunta’ hacía una reflexión en sus redes sociales en las que echaba esa cuenta por nosotros. “¿Bebes una lata de cerveza con cada comida? Son cuatro litros y medio a la semana, casi veinte litros al mes y más de doscientos cuarenta litros de cerveza al año”, explicaba.
Si es una copa de vino comiendo, Pérez afirma que “ es un litro a la semana y más de cincuenta litros de vino al año”, y si es un vaso de refresco en la comida y en la cena, son quince litros al mes. El problema es que “el alcohol y los aditivos de estas bebidas, cuando los tomas todos los días, dañan tu salud directamente”.
Ninguna bebida alcohólica es saludable. Punto. Esto es algo que sociedades científicas y médicas de España aseguran, por lo que términos como “consumo moderado” o “consumo responsable” dan la falsa sensación de que no pasa nada si tomamos una copita al día. Con esos términos podemos caer en una ingesta recurrente y habitual, pensando que, en realidad, no bebemos tanto porque es “moderado”, pero sí bebemos tanto y sí tiene un efecto.
“Beber alcohol no tiene beneficios para la salud y, aún así, su consumo está totalmente normalizado en nuestra cultura”, afirma en otro de sus vídeos la experta. “Una cerveza en la comida, una copa de vino al día o un refresco en cada comida principal parece poco, pero a lo largo del tiempo suma muchísimo más de lo que imaginas”, asegura.
El consumo de alcohol aumenta el riesgo de sufrir cáncer aunque solo sea una copa al día. Y la OMS ha reiterado que el consumo de alcohol, aunque sea bajo, tiene riesgos. Se relaciona con más de 200 problemas de salud, causa miles de muertes al año en nuestro país y puede empeorar enfermedades y problemas de salud preexistentes. “¿Sabías que muchas personas con tensión alta, colesterol elevado o diabetes tipo dos mal controlada mejorarían espectacularmente solo cambiando esto? Bebiendo agua con las comidas”, explicaba la doctora.
Esto no significa que no puedas tomar una cerveza de vez en cuando, “ni que todos los problemas de salud vengan de lo que bebes”, explica la doctora, “pero esta elección, este hábito tan pequeño, puede marcar la diferencia. Si tienes la tensión, el colesterol o el azúcar alto, te reto, empieza por aquí, elige agua”. No parece una elección tan complicada, solo hay que romper con el hábito y que tomarse una copita de vino sea algo especial y no algo diario.
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