Nuestra necesidad de indignarnos por todo está acabando con la fantasía del momento
Después de los ríos de tinta vertidos y las horas de pantalla ocupadas con el tema del momento, el pasado fin de semana, el fenómeno therian dio el salto definitivo de las redes sociales a la calle. Convocatorias presenciales en varias ciudades de España (Madrid, Barcelona, Málaga, Bilbao o A Coruña) prometían reunir en la vida real a estos jóvenes que se identifican espiritualmente con animales no humanos. Sin embargo, lo que ocurrió puede que ya te lo vieras venir: resulta que hay más demanda de therians que oferta.
La burbuja therian
En estas quedadas hubo más personas mirando, grabando y esperando un espectáculo que jóvenes therian reales participando. En Barcelona, la concentración del sábado en el Arc de Triomf fue la más multitudinaria con unas 3.000, pero la gran mayoría acudió por pura curiosidad y sin caracterización alguna. Incluso muchos de los que sí actuaban como animales parecían hacerlo más por el chiste que por una convicción real.
Aunque lo más grave de la cita que que lo que comenzó de forma pacífica, acabó con enfrentamientos, daños al mobiliario urbano y varias personas detenidas por desórdenes públicos.
Escenas similares se repitieron en otras ciudades. En la Puerta del Sol de Madrid, un pequeño grupo de jóvenes caracterizados como animales fue rodeado por cientos de curiosos que grababan y se burlaban. En Málaga, un joven con máscara de caballo terminó huyendo tras ser rodeado por una multitud y toreado por otro asistente con una bandera de España.
En A Coruña, cerca de 300 personas acudieron a los Jardines de Méndez Núñez, aunque no apareció ningún therian. En Bilbao y Córdoba, las concentraciones previstas se cancelaron directamente tras las amenazas que recibieron los organizadores y ante el temor a agresiones.
Unos hechos que confirman que el fenómeno es viral, pero no social. Porque sí, los therians existen pero se trata de un movimiento minoritario, pese a que en redes sociales y medios parezcan omnipresentes. Por lo tanto, las probabilidades de encontrarse con uno en el día a día son mínimas
Qué son (y qué no son) los therians
Ser therian no implica creer que se es físicamente un animal ni querer "transicionar" hacia otra especie. Las propias comunidades lo definen como una identificación psicológica, espiritual o emocional con un animal no humano (el llamado "teriotipo") que puede manifestarse de distintas maneras. Algunos experimentan lo que denominan shifts o momentos de mayor conexión interna; mientras que otros practican "quadrobics" (correr o moverse a cuatro patas). Además, muchos no utilizan ningún tipo de accesorio visible.
“No es un hobby, disfraz ni elección, es una parte integral de la identidad de la persona”, explica la Comunidad Therian Argentina en su web. Aun así, insisten en que son plenamente conscientes de su humanidad y, por lo demás, llevan vidas completamente normales. Aquí también conviene aclarar lo que no son: no son furries. Mientras que los furries se mueven en el ámbito del cosplay, la estética y la expresión artística vinculada a animales antropomorfos, los therians hablan de una vivencia interna y personal, no de una performance.
La profesional sanitaria Andrea Mezquida, especializada en identidades queer, ha explicado en 'eldiario.es' que muchos adolescentes llegan a este tipo de comunidades por curiosidad, al ver contenido en redes y sentirse acogidos. “Puede entenderse como una manera de desarrollar el sentimiento de pertenencia a una comunidad, especialmente entre jóvenes que se sienten aislados o perdidos”, señala. Además, subraya que solo habría motivo de preocupación clínica si esto interfiriera con el funcionamiento cotidiano de la persona.
Entonces, ¿por qué nos enfada tanto?
Dicho todo esto, y vista la inquina y ganas de burla o pelea que parecen despertar en tanta gente, quizá la pregunta no sea qué hacen los therians, sino por qué necesitamos que esto nos enfade. Sobre todo, ahora que sabemos que no estamos ante una nueva moda masiva ni ante un problema social real, sino ante un fenómeno minoritario convertido en circo por la curiosidad, la burla y la necesidad constante de encontrar algo nuevo que odiar.
En el mejor de los casos, la existencia de los therians podría quedarse en una fantasía inofensiva, incluso absurda, que dé pie a bromear con amigos sobre qué animal seríamos cada uno. En el peor, se convierte en una excusa más para canalizar frustraciones, fabricar alarmas sociales y desviar la atención de problemas mucho más urgentes y tangibles. Por ejemplo, y por nombrar el que según el CIS es el principal problema de los españoles ahora mismo: la crisis inmobiliaria.
El sociólogo Daniel Valdivia, profesor de Sociología y Ciencias Políticas en la Universidad Pablo de Olavide, ha sido tajante en 'eldiario.es' al respecto: "Desde la sociología resulta necesario lanzar la reflexión sobre cómo se construyen problemas sociales ficticios, mientras que hechos sociales reales que afectan a la población quedan invisibilizados".
Foto de portada | Gtres
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