
Su enfoque sobre la bondad humana dice que nos mueve el miedo, aunque nosotras creemos que le faltaba un poco de optimismo saludable
En su época, Thomas Hobbes fue algo controvertido. De hecho sus libros fueron quemados en 1666 en Inglaterra. Tras su muerte, volvieron a quemarse. El también filósofo José Rafael Hernández Arias le llama monstruo en su libro 'Thomas Hobbes. La biografía del 'monstruo de la política', porque su filosofía política fue semilla para otros. En el siglo XVII Thomas Hobbes escribió en su obra más célebre, 'Leviatán', una de las frases más citadas de la filosofía política: “la vida del hombre es solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta".
Su libro, escrito durante la guerra civil inglesa, imagina lo que pasaría si no hubiera nadie a quien rendir cuentas. Imagina una sociedad fuera de un estado de ley. A ese escenario lo llamó “estado de naturaleza”, y aseguraba que viviríamos atenazados por el miedo y reinaría "un estado de guerra de todos contra todos” porque “cada hombre es enemigo de cada hombre”.
Por lo tanto, todo lo que resulta de un tiempo de guerra, donde cada hombre es enemigo de cada hombre, resulta también del tiempo en que los hombres viven sin más seguridad que la que les proporcionan su propia fuerza y su propio ingenio. En tales condiciones no hay lugar para la industria... ni conocimiento de la faz de la tierra; ni noción del tiempo; ni artes; ni letras; ni sociedad; y lo peor de todo, el miedo constante y el peligro de una muerte violenta; y la vida del hombre, solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta.
En ausencia de garantías de que se cumpla algo, ni siquiera los buenos acuerdos sirven de nada porque "los pactos sin la espada no son más que palabras". Hobbes cree que una promesa solo vale si hay alguien capaz de hacerla cumplir, y cuando no existe nada que lo garantice, la cooperación tiende a romperse. Es decir, es la desconfianza lo que empuja al conflicto.
El ser humano es más bondadoso de lo que pensaba Hobbes
En el libro ‘Supercooperadores’ de Martin Nowak se explica el dilema del prisionero de la teoría de juegos, que sirve para entender esa desconfianza humana. En este problema moral, dos personas son detenidas y acusadas del mismo delito. Están incomunicadas y no pueden hablar entre sí, pero a cada una de ellas se le dan dos opciones: pueden callarse y colaborar con su cómplice o confesar y traicionarlo.
Las consecuencias dependerán de lo que haga el otro. Si ambos callan, los dos reciben una pena leve. Si uno confiesa y el otro se calla, el que confiesa queda libre y el otro recibe la pena máxima. Si ambos confiesan, los dos reciben una pena intermedia. Lo que sostendría Hobbes en este caso es que siempre vamos a ser egoístas y a traicionar al otro. De ahí nace su defensa de un poder soberano fuerte, el "Leviatán", alguien al que cedemos parte de nuestra libertad a cambio de paz y protección.
Esa imagen que perfila Hobbes de un hombre que solo busca su propio interés y en el que la cooperación es una imposición externa, deja de lado un poco de optimismo saludable y choca con lo que se ha observado en estudios sobre comportamiento humano en catástrofes. No caemos en el todos contra todos de Hobbes, sino que somos capaces de generar redes de ayuda casi de inmediato, como vimos en la tragedia de la DANA de Valencia o como estamos viviendo ahora con los terremotos de Venezuela.
En lo que no se equivocaba es en su visión sobre el poder. Para Hobbes, el deseo humano de poder no tiene límite porque “el hombre busca poder tras poder, de forma incesante, que sólo cesa con la muerte". Puede que te suene con perfiles de líderes crueles o con nombres propios como el de Donald Trump, que sigue acumulando poder sin medida pero nunca está saciado. Siempre quiere más, como el típico villano de película solo que en la vida real.
Han pasado más de tres siglos y el pensamiento de Hobbes sigue presente. Puede que su pesimismo no sea del todo cierto. Puede que no seamos tan bondadosos como creemos. O puede que en realidad estemos en un punto intermedio en el que somos capaces, como seres humanos, de lo mejor y de lo peor. Todo depende de las circunstancias y de lo que se nos permita ser.
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Fotos | Store norske leksikon, Mubariz Mehdizadeh en Unsplash
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