El filósofo griego quería que afináramos nuestro pensamiento crítico y que la humildad intelectual formase parte de nuestra vida
Sócrates es conocido por su frase “solo sé que no sé nada”, que representa en su máxima expresión el método socrático. Esta reflexión refleja el espíritu del pensamiento socrático y representa al filósofo griego que vivió entre el año 470 y el 399 a.C.. La idea atribuida a Sócrates se puede modernizar y explicar de una forma más sencilla con “la verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia”.
Aunque no es una cita textual y no aparezca así escrita en los textos antiguos, sí es una paráfrasis muy acertada y alineada con el método socrático de diálogo. A partir de él, descubriríamos nuestra propia ignorancia, la ignorancia socrática de la que hablaba Platón, discípulo de Sócrates, en su libro ‘Apología de Sócrates’. Ahí, Sócrates explica que es considerado “el más sabio” no porque sepa más que los demás sino porque es consciente de lo poco que sabe, mientras otros creen saber sin hacerlo realmente. Podríamos decir que “el problema no es equivocarse, es no darse cuenta de que puedes estar equivocado”. Y es que solo a través primero de la ignorancia podemos construir nuevo conocimiento, partiendo de un vaso vacío que podemos llenar porque está precisamente así, vacío.
Desde una perspectiva actual, la idea socrática apunta a que nuestra mente tiende a sobreestimar lo que sabe y lo bien que entiende la realidad. Solemos creer que entendemos más de lo que realmente entendemos, confiamos demasiado en nuestras primeras impresiones y defendemos opiniones sin haberlas examinado a fondo por el sesgo de exceso de confianza. Sócrates detectó este problema hace más de 2.000 años: muchas personas no sufren por ignorar cosas, sino por no saber que las ignoran.
Aquí está la clave psicológica del pensamiento socrático, en la diferencia entre ignorancia inconsciente (“Tengo razón y no necesito cuestionarme”) y la ignorancia reconocida ““Puedo estar equivocado, voy a pensar en ello”). En muchas ocasiones la ansiedad puede surgir de nuestra necesidad de control, del miedo a lo que va a pasar y del hecho de querer respuestas claras para todo, pero cuando aceptamos que no lo sabemos todo se reduce la lucha mental constante. Desde esta perspectiva, la “ignorancia reconocida” no genera inseguridad, sino alivio.
No se trata de saber menos sino de dejar de creer ciegamente en lo que creemos saber, algo que también encaja con la teoría de la mentalidad de crecimiento de la psicóloga Carol Dweck y la humildad intelectual. Esta cualidad, a nivel científico, se relaciona con una mejor toma de decisiones y un aprendizaje más rápido, porque nos sirve como motor de crecimiento. Reconocer algo en lo que no somos buenos o algo en lo que somos unos ignorantes no es una debilidad ni un fracaso. Es la oportunidad perfecta para mejorar, crecer y conseguir nuevas habilidades.
Sócrates no buscaba dar respuestas, sino activar una mente que piensa. Y puede que ahí esté la mejor forma de crecer porque reconocer la propia ignorancia es la base del aprendizaje real, el punto de partida del pensamiento crítico y una condición imprescindible para cambiar.
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