Simone de Beauvoir, filósofa y escritora: “La felicidad no es un estado pasivo. Es una conquista que exige lucidez, responsabilidad y compromiso con la propia libertad”

Seguimos esperando que la felicidad llegue a nuestra vida por sí sola, pero sin la libertad de pensamiento no conseguiremos ni acercarnos al bienestar

Anabel Palomares

Editor

La ciencia moderna ha demostrado que la felicidad sostenida en el tiempo influye en la estructura y función del cerebro, especialmente en las redes vinculadas con la regulación emocional, la toma de decisiones y la memoria. Pero seguimos preguntándonos qué es. Y la respuesta es diferente según a quién le preguntes. Para Harvard, por ejemplo, no hay felicidad sin las relaciones. Para Aristóteles es una actividad racional ligada a la virtud. Para los estoicos consiste en la serenidad que nace de vivir de acuerdo con la razón y aceptar lo que no depende de nosotros y según el existencialismo, es una construcción activa vinculada a la libertad, la responsabilidad y la autenticidad.

De esta última filosofía, Simone de Beauvoir fue una figura clave. Si hacemos una paráfrasis del pensamiento de Beauvoir sobre la libertad, la responsabilidad y la acción que se percibe de sus libros y escritos, la filósofa y autora del famoso libro ‘El segundo sexo’, asegura que “la felicidad no es un estado pasivo. Es una conquista que exige lucidez, responsabilidad y compromiso con la propia libertad”.

La felicidad no llega por sí sola, necesita de nosotros para alcanzarla

Pensemos antes de explicarte qué quiere decir Beauvoir con esa frase, en el contexto histórico en el que desarrolló su pensamiento. Simone de Beauvoir nació el 9 de enero de 1908 en París y estudió en la Sorbona. Tenía 39 años cuando se publicó ‘Pour une morale de l’ambiguïté’, el ensayo en el que más explora ese concepto de libertad y su vínculo con la felicidad. Lo hizo en un momento clave de reconstrucción intelectual tras la Segunda Guerra Mundial, cuando el existencialismo se proponía confrontar la libertad humana con la responsabilidad moral y social. Así que no es de extrañar que ese texto, en el que Beauvoir discute la libertad humana, la necesidad de comprometerse éticamente con los demás y la responsabilidad de nuestras acciones, surgiera de una forma natural en su mente. 

Desde el prisma del existencialismo de Beauvoir, la felicidad no es un estado predeterminado ni tampoco el resultado de nuestras condiciones externas. No depende de nuestros bienes materiales sino que se trata de una realización humana dinámica. Es decir, depende de nuestra lucidez entendida como autoconciencia (comprender quién soy qué quiero) y de nuestra responsabilidad (hacernos cargo de las consecuencias de nuestras acciones). “El querer ser moral y el querer ser libre son una y la misma decisión”, afirmaba la filósofa. Y es que sin ello, sin un compromiso con la propia libertad y con nuestra capacidad de decidir en coherencia con nosotras mismas, no podremos ser felices en absoluto.

Es importante aquí el concepto que explora Beauvoir de que la felicidad no es un estado pasivo. En su libro desarrolla su concepción ética de la libertad, que es el fundamento desde el cual puede entenderse la felicidad como construcción activa y que se relaciona de forma directa con la psicología. Esta asegura que la pasividad -si la entendemos como dejarse llevar por expectativas impuestas o factores externos- suele asociarse con un menor bienestar. Conceptos psicológicos clásicos como la autenticidad, la agencia personal o la responsabilidad afectiva se relacionan con lo que afirmaba Beauvoir.  

Desde una perspectiva empírica, la ciencia psicológica contemporánea apoya la idea de que la felicidad o el bienestar duradero no se obtiene sólo con estados pasivos de placer, sino que está asociada a experiencias de agencia, autonomía, elección consciente y participación activa en la propia vida. Es decir, se relaciona con la interpretación filosófica existencialista de Simone de Beauvoir de la felicidad: es una conquista que requiere libertad y responsabilidad, y no algo que simplemente ocurre

“Es en el conocimiento de las verdaderas condiciones de nuestra vida que debemos extraer nuestra fuerza para vivir y nuestra razón para actuar”, escribía en el ensayo. Siendo fieles a nosotras mismas, a nuestros ideales y a nuestros pensamientos es donde encontraremos la verdadera libertad y con ella, la felicidad. No podemos esperar a que la felicidad nos llegue por arte de magia.

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Fotos | Flickr, Spencer Davis en Unsplash

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