
Tomar la iniciativa de querer primero, es la base del estoico para conseguir vínculos de amistad verdadera
Si tu estrategia en las relaciones es la del "que dé el primer paso el otro", esperando que la otra persona te escriba para hacerlo tú o que te demuestren que les importas antes de demostrarlo tú, siento ser yo quien te diga que estás haciéndolo todo mal según Lucio Anneo Séneca. Suya es la cita “si quieres ser amado, ama” (Si vis amari, ama), y aunque la escribió hace casi dos mil años, sigue siendo una premisa vital para las relaciones
Esa cita aparece en las ‘Cartas a Lucilio’, aunque él mismo la atribuye previamente a su maestro Hecatón de Rodas. Con solo cinco palabras, Séneca estaba resumiendo uno de los principios de las relaciones humanas: la reciprocidad. Esta no se exige como si reclamaras algo que te deben, sino que se genera tomando la iniciativa de querer primero.
El único "filtro de amor" que funciona
Séneca presenta esta fórmula de amar para ser amado, como el verdadero “filtro” para despertar afecto, como si hablara de un amarre o una poción de amor. Y ese amor hace referencia a cualquier tipo de amor, como la amistad. La reciprocidad se muestra con el pensamiento del estoico como indispensable para que un vínculo no degenere en dominación ni egoísmo.
Para el filósofo, la clave está en cómo abordamos la relación. El error más habitual según Séneca es abordar los vínculos con otros como si fueran una transacción comercial, es decir, de forma interesada. “Quien comience a ser amigo por conveniencia, acabará de serlo también por conveniencia”, escribía. Por eso distingue entre quienes buscan un amigo para tener a alguien que ayude, y quienes lo buscan para tener a alguien a quien ayudar. Séneca separa así la amistad oportunista de la auténtica. Quien se acerca a otros buscando ventajas personales, se aleja de la nobleza de la entrega como afirmaba cuando dice que “si quieres vivir para ti mismo es menester que vivas para otro”.
La reciprocidad en las relaciones
Aristóteles, en su libro ‘Ética a Nicómaco', aseguraba siglos atrás que la amistad necesariamente exige una benevolencia recíproca y no ignorada, porque para él, “la amistad es igualdad” y cuando cada uno desea el bien del otro por el otro mismo (y no porque pueda recibir algo de él), lo que recibe es placer. Cuando una amistad es verdadera, la felicidad que siente un amigo cuando le das el regalo te llena más que recibir tú un regalo, por ejemplo.
Siglos después, Baruch Spinoza lo explicaba en ‘Ética’ que la mente humana tiende a esforzarse para que la persona amada le corresponda y, al percibir que alguien nos quiere sin motivo egoísta, surge de forma espontánea el amor recíproco y el agradecimiento. De hecho la psicología comparte la idea central de Spinoza con lo que se conoce como reciprocidad de agrado, la tendencia a sentirnos más atraídas o interesadas por alguien cuando percibimos que le gustamos a esa persona.
Como seres humanos, tendemos a corresponder a los gestos que recibimos. Cuando alguien da el primer paso, lo normal es que la otra persona sienta ganas de devolverlo. Respondemos a una sonrisa sonriendo, pero también respondemos a las atenciones de otra persona. Hasta respondemos a su vulnerabilidad. De hecho, la famosa psicóloga Brené Brown asegura asegura que la verdadera pertenencia y conexión con otro ocurre cuando mostramos que necesitamos a los demás, cuando somos vulnerables.
Amar primero exige abrirse, y esperar a ser querido antes de hacerlo suele terminar en aislamiento o en resentimiento. Dar el primer paso rompe esa barrera y sienta las bases de la confianza, y con el tiempo, evita que el vínculo se desgaste, porque cuando una parte cuida y la otra solo es cuidada, la relación se vuelve asimétrica y desigual. La reciprocidad devuelve ese equilibrio y deja de ser una suma de intereses individuales para convertirse en una vida compartida, nos brinda la oportunidad de ser más felices.
Séneca nos recuerda que en las relaciones, casi nada bueno empieza si esperamos. Si quieres que te escriban, escribe tú. Si quieres que te cuiden, cuida tú. Si quieres amigos, sé el tipo de amigo que te gustaría tener. Quizá no sea tan complicado. Esta regla de oro de las relaciones lleva dos mil años diciéndonos lo mismo: empieza tú.
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