
El poeta predicaba con el ejemplo y tenía una enorme colección de cachivaches a los que llamaba "sus juguetes"
Pablo Neruda fue en vida una máquina de escribir versos y máximas que han pasado a la posteridad del imaginario popular hispanohablante. Mucha las habrás escuchado y leído por doquier incluso si no te gusta especialmente la obra del poeta chileno. No obstante, tiene reflexiones interesantes más allá del "Me gustas cuando callas porque estás como ausente". Por ejemplo:
"El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él".
Puede parecer solo una cita bonita, pero también tiene un regusto bastante más triste de lo que parece de primeras. La frase aparece en 'Confieso que he vivido', sus memorias, dentro de un pasaje en el que habla de sus propios juguetes y de los objetos que coleccionaba o de cómo había convertido su casa en algo parecido a un enorme juguete. Eso sí, es más larga de lo que suele aparecer en publicaciones de Instagram y fotos monas de Pinterest.
Además, el texto original varía ligeramente en su elección de palabras. Este es el fragmento completo y literal:
"En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche".
Después sigue hablando de barcos dentro de botellas, pequeñas flotas, objetos que ha ido reuniendo durante su vida y otras piezas que llenaron la casa del escritor en vida. Así que, cuando Neruda dice que juega, no necesariamente está hablando de sentarse en el suelo con un juguete sino que está hablando de coleccionar, imaginar, construir, decorar y rodearse de cosas que le producen curiosidad y placer.
'Confieso que he vivido' se publicó en 1974, de forma póstuma. Neruda había pasado años trabajando en su proyecto autobiográfico, pero murió el 23 de septiembre de 1973 y no llegó a ver el libro publicado. Por lo tanto, la cita pertenece a la última etapa de su vida, con todo el peso y la experiencia de una carrera extraordinaria.
Pablo Neruda: el Nobel que coleccionaba juguetes
Además de uno de los escritores en español más importantes del siglo XX y Premio Nobel de Literatura en 1971, fue diplomático, senador y militante político. Nació en Chile en 1904, su nombre real era Neftalí Ricardo Reyes Basoalto pero adoptó el nombre de Pablo Neruda y, con apenas 20 años, publicó 'Veinte poemas de amor y una canción desesperada', el libro que lo convertiría en una figura literaria internacional.
Pero reducir a Neruda al poeta romántico de los poemas de amor sería quedarse muy corto. Su obra pasó por diferentes etapas y temas: el amor, la naturaleza, la política, la muerte, la vida cotidiana y también los objetos más corrientes. Porque una de las cosas más características de Neruda era precisamente su capacidad para mirar lo cotidiano como si todavía pudiera sorprenderle. Sus casas fueron probablemente el mejor ejemplo porque las convirtió en una especie de mundo de fantasía.
Neruda no era precisamente minimalista
Sus casas de Chile tienen mucho más de universo personal que de vivienda convencional porque en ellas reunió mascarones de proa, botellas, caracolas, barcos, mapas, muebles y todo tipo de objetos que encontraba, compraba o recibía.
En la Isla Negra, por ejemplo, tenía una enorme colección relacionada con el mar y llegó a instalar un caballo de madera de tamaño considerable que había pertenecido a una antigua ferretería. Todo estas información es de especial relevancia a la hora de que su cita empiece a cobrar sentido. Neruda construyó los refugios de su vida adulta alrededor de cosas que le permitían jugar.
No porque no se tomara la vida en serio sino, precisamente, porque tenía una vida extraordinariamente seria en la que había política, viajes, responsabilidades, conflictos históricos, literatura y decisiones importantes.
¿Qué quería decir realmente Neruda con "el hombre que no juega"?
La palabra importante de la cita no es tanto "niño" como "juega". Porque asociamos sistemáticamente jugar con hacer cosas infantiles, pero también puede significar relacionarse con algo sin que tenga que existir una finalidad práctica detrás.
No se trata de volver a ser niños sino de no perder una determinada manera de mirar el mundo. Un niño todavía está aprendiendo qué cosas son importantes y cuáles no, cómo funciona el mundo y qué tiene que ofrecer. Por eso pregunta, se sorprende, colecciona piedra, guarda entradas de cine, inventa historias, construye casas con cajas, le atribute importancia un objeto "sin valor"...
El adulto, sin embargo, ha interiorizado cómo distinguir de forma automática lo útil de lo inútil. Ahí probablemente se encuentre el motivo por el que sus palabras nos siguen llegando tantas décadas después. Nos pasamos buena parte de nuestra vida adulta intentando ser personas serias, responsables y productivas. Quizá de vez en cuando necesitamos recordar que la vida no solo está para ser gestionada; también está para jugar con ella.
El problema de dejar de hacerlo no es que nos volvamos aburridos sino que, cuando más necesitemos esa capacidad de imaginar, sorprendernos y disfrutar de las cosas porque sí, nos demos cuenta de que el niño que hemos dejado atrás y que tanta falta nos hace, ya no existe.
Foto de portada | Fundación Pablo Neruda y Vitaly Gariev
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