
La estadounidense no huye de las emociones ni las intenta controlar como los estoicos. Ve en ellas una herramienta para conocernos
Ganó el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2012. Es una de las filósofas moralistas más influyentes del mundo y su pensamiento va en contra de algo que ahora se ha puesto de moda: el estoicismo. Hablo de la estadounidense Martha Nussbaum, una pensadora que pone en valor las emociones y no cree, como los estoicos, que estemos presos de ellas, sino más bien que nos moldean y ayudan a vivir.
Partamos de una base sencilla y es que las emociones no son ni buenas ni malas. Todas son válidas y no deberían tener un valor moral de bueno o malo. Lo que sí tiene un valor moral de bueno o malo son las decisiones que tomamos en base a una emoción. Esta idea que sostiene Nussbaum rompe de una forma casi poética con esa visión tradicional que pone razón y emoción como dos fuerzas en constante conflicto, y sobretodo rompe con la idea de que sentir enfado, ira y tristeza es algo malo y a evitar. Como explicaba la psicóloga Iria Reguera, no podemos evitar sentir emociones negativas igual que no podemos evitar la alegría, o la diversión cuando aparecen.
En ‘Paisajes del pensamiento’ Nussbaum escribía que "las emociones no son impulsos ciegos, sino juicios inteligentes sobre el valor de las cosas; son la forma en que nos abrimos a la vulnerabilidad y al mundo". Son valiosas para nosotros porque nos permiten, en base a ellas, hacer un juicio. Por ejemplo, la rabia puede indicarnos que algo nos parece injusto. También nos dan una información de lo que podemos necesitar en un momento determinado. Por ejemplo, el miedo nos pone en alerta ante un peligro.
Nuestras emociones también piensan
Lo que sostiene Nussbaum es, de alguna forma, es que sentir no es lo contrario de pensar, porque una emoción también piensa: evalúa, interpreta y valora aquello que consideramos importante para nuestra vida. En esa línea, la emoción nunca resulta un estorbo para la razón como sostenían los estoicos. No hay que reprimirlas ni controlarlas, sino educarlas, examinarlas y distinguir cuáles amplían nuestra humanidad y cuáles la empobrecen. “La fragilidad no es un fallo del sistema. Es el precio de una vida que realmente importa", explicaba en ‘La fragilidad del bien’, porque la vulnerabilidad y la compasión amplían nuestra propia humanidad.
“No desprecies tu mundo interior. Ese es el primer y más general consejo que te daría”, aseguraba en el libro ‘Sin fines de lucro’. “Nuestra sociedad está muy orientada hacia el exterior, muy absorta en el último objeto nuevo, el último chisme, la última oportunidad para la autoafirmación y el estatus. Pero todos comenzamos nuestras vidas como bebés indefensos, dependientes de otros para el consuelo, la comida y la supervivencia misma”, explicaba. Y esa necesidad no desaparece, especialmente si pensamos que las personas con mejores relaciones viven más, son más felices y tienen mejor salud según Harvard.
A medida que vamos creciendo, desarrollamos una amplia gama de emociones, por eso Nussbaum, asegura que “los seres humanos experimentan las emociones de formas modeladas tanto por su historia individual como por las normas sociales", es decir, que no son emociones sin más. Dependen de nuestra propia experiencia y de lo que hemos vivido en el pasado, pero también de nuestros valores y de cómo percibimos el futuro. Vienen de nuestros miedos, de nuestros anhelos y de nuestra vida misma. Por eso es tan importante poder conocer e identificar lo que sentimos, esas emociones, y usar lo que en psicología se conoce como consciencia emocional.
Asegura Nussbaum que “nuestra vida emocional traza un mapa de nuestra incompletitud: una criatura sin necesidades nunca tendría razones para el miedo, el dolor, la esperanza o la ira”, pero esa es también la razón de que “a menudo nos avergonzamos de nuestras emociones y de relaciones de necesidad y dependencia ligadas a ellas”. Sentir, no debería ser un acto de huida, al contrario. “Las personas huyen de su mundo interior de sentimientos y del dominio articulado de sus propias experiencias emocionales [...] porque no saben cómo lidiar con sus propias emociones, ni cómo comunicarlas a los demás”. Es el momento de hacer un ejercicio de autoconocimiento que empiece por identificar todo eso que sentimos y dejar de tenerle miedo a ese mundo interior nuestro.
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Fotos | Wikimedia Commons, tabitha turner en Unsplash
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