No se trata de un pensamiento pesimista, al contrario. Lo que decía Sartre destila psicología positiva por los cuatro costados
El existencialismo del siglo XX está viviendo una segunda juventud. En parte porque, en un mundo que vive hiperconectado y en el que las relaciones son efímeras y la vida se disipa como bien aseguraba Zygmunt Bauman en ‘Modernidad líquida’, la búsqueda de un significado y la necesidad de autenticidad parecen más necesarias que nunca. Uno de los filósofos más reconocidos del existencialismo fue Jean-Paul Sartre y la frase “la vida comienza al otro lado de la desesperación” resume parte de su pensamiento.
Ya en su primera novela, ‘La náusea’, exploraba la ausencia de un sentido innato de la vida y la responsabilidad de que nuestra propia esencia se creara a través de nuestras acciones y elecciones. De hecho el existencialismo defiende justo eso, que no nacemos con un propósito. Primero existimos. Luego nos definimos y damos forma a nuestra identidad y destino a través de lo que hacemos y lo que elegimos.
“El hombre está condenado a ser libre; porque una vez arrojado al mundo, es responsable de todo lo que hace", escribía en ‘El existencialismo es un humanismo’. La desesperación, en este contexto, no funciona como un simple estado emocional, sino como una forma de entender que no hay un destino escrito. Que no hay garantías de nada en la vida, ni valores absolutos. Y aunque pueda parecer pesimista, en realidad es al contrario porque nos muestra que todo está abierto a que suceda y que después de tocar fondo, es posible vivir.
Tocar fondo para vivir de forma auténtica
La desesperación para el existencialismo actúa como una ruptura. Una ruptura de lo que creemos automático. Pensamos que el mundo debe decirnos algo, darnos señales de en qué creer y cómo. Cuando se rompen las ilusiones, dejamos de esperar que el mundo nos dé un significado y aceptamos la condición humana, podemos vivir de verdad. La desesperación queda atrás y al otro lado podemos comenzar una vida más auténtica asumiendo la responsabilidad por nuestras decisiones. “La angustia no nos separa de la acción, sino que es condición de ella”, afirma Sartre, y puede que hasta la necesitemos para ver qué es lo que de verdad tiene sentido. La necesitamos para actuar.
Para Sartre la desesperación no es el final sino el momento en que se caen las ilusiones y podemos empezar una vida verdaderamente elegida. Con esto en mente, puede ver que no se trata de evitar la desesperación sino de atravesarla como haríamos con cualquier emoción negativa. Hay que confrontarla y si tenemos resiliencia suficiente, nos hará más fuertes y sabios. Puede que incluso tras ella encontremos nuestro sentido en la vida.
Esta filosofía de Sartre se usó como base de la psicología existencial que defendían psiquiatras como Viktor Frankl en ‘El hombre en busca de sentido’. En su libro más conocido, Frankl llega a plantear que es posible encontrar sentido en el sufrimiento extremo y la desesperación puede ser el punto de partida para una reconstrucción personal. Lo que se conoce como crecimiento postraumático, un cambio psicológico positivo tras una profunda crisis. Puede que lo hayas visto en redes, personas que pasan por algo traumático y salen fortalecidas y con unos valores aún más claros y un sentido vital mucho más definido.
“La vida no tiene sentido a priori… somos nosotros quienes le damos sentido”, asegura Sartre. Puede que después de pasar por el peor momento de nuestra existencia sea cuando más claridad hallemos. Ese vacío puede ser la antesala de tu vida más auténtica.
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