Con las redes sociales, nuestras expectativas aumentan y con ellas el malestar y la frustración según el experto
Decía Leiva en su canción "Breaking Bad", que “Nadie tenía razón, amante de las causas perdidas. Creías que sería el mejor, cuidado con las expectativas”. Y lo cierto es que las expectativas son, en más momentos de lo que nos gustaría admitir, las culpables de nuestro sufrimiento. Para el Dr. Javier García Campayo, catedrático de psiquiatría y director del Máster de Mindfulness de la Universidad de Zaragoza, hasta “el 80% de nuestro sufrimiento viene de unas expectativas poco realistas”.
Cuando hablamos de expectativas, desde un punto de vista psicológico, lo hacemos de esas creencias o suposiciones que anticipamos sobre los comportamientos de otros, sobre nuestra propia vida o sobre cualquier cosa que nos rodee. Una expectativa podría ser ir al cine a ver ‘Cumbres Borrascosas’ pensando que será la mejor película del año, y decepcionarnos cuando lo sea. O anticipar que nuestro jefe nos echará la bronca (y sufrir antes de tiempo) solo porque nos ha convocado a una reunión.
Lo bueno y lo malo de las expectativas
Según la psicología cognitiva, construimos nuestras expectativas a partir de nuestras experiencias pasadas, de nuestros modelos familiares, de nuestra cultura y de esa necesidad de tener algo bajo control. Son una especie de pronóstico de tu mente que te dice cómo serán las cosas. Las buenas y las malas. Aunque pueden ayudarnos a alcanzar las metas, son un arma de doble filo que pueden distorsionar nuestra realidad y hacernos sentir mal. Porque cuando alguien (o algo) no cumple con nuestras expectativas que teníamos en la cabeza la decepción es enorme, pero cuando nos anticipamos con un final catastrófico sin saber si pasará, también sufrimos.
"Con nuestra preocupación y ansiedad, nos anticipamos al sufrimiento antes de que aparezca, siendo frecuente que luego no ocurran las circunstancias temidas", explica el experto en su libro ‘Adiós al sufrimiento inútil’. El problema es, en muchos casos, que nuestras expectativas son poco realistas. Como afirmaba el psiquiatra en una entrevista al periódico El Mundo, “las nuevas generaciones tienen una baja tolerancia a la frustración y expectativas muy elevadas: creemos que todo debe salir bien y exactamente como lo esperamos. Cuando eso no ocurre, surge un enorme malestar”.
Las redes sociales amplifican el impacto negativo
Advierte García que aunque las redes sociales no son la causa principal de sufrimiento y sigue siendo la presión de las expectativas, estas lo amplifican. “Antes la felicidad era un ideal, pero ahora se ha convertido en una competición exhibida. Esa exposición constante genera presión y un estrés increíble porque hay que figurar, simular y compararse con los demás”, aseguraba. Si nuestras expectativas aumentan por las redes sociales, nuestras emociones también.
Pongamos un ejemplo cercano para entenderlo. Se acerca tu aniversario y ya anticipas que tu pareja va a mandarte un ramo de flores al trabajo en un gesto romántico, aunque no sea romántico. Es lo que hacen los novios, ¿no? En Instagram no paras de ver a parejas enamoradas con gigantescas muestras de amor público… Cuando el aniversario termina, y no hay flores en el trabajo ni una sorpresa, la frustración aparece, a pesar de que tu pareja haya cocinado tu plato favorito esa noche. Es un detalle que encaja más con él que, como decíamos, nunca ha sido romántico, pero tus expectativas se han presentado para estropearte el día y ni siquiera ves el detalle de la cena.
Según el principio de energía libre del neurocientífico Karl Friston, el cerebro trabaja constantemente para minimizar la brecha entre lo que espera y lo que experimenta. La brecha entre ambos puntos es el error de predicción y determina lo sorprendidos, satisfechos o decepcionados que nos sentimos. Cuanto más grande es la brecha, mayor la emoción. Evitar tener una expectativas rígidas e inamovibles, nos permite no solo disfrutar más, sino estar más presentes, tener una mayor resiliencia emocional y despertar nuestra curiosidad.
Ahora ya sabes que lo experimentas no solo tiene que ver con lo que sucede, sino con lo que pensaste que sucedería.
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Fotos | Javier García Campayo, Toan Nguyen en Unsplash
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