No es magia, es psicología y un poquito de constancia
Recuerdo perfectamente el momento. Estaba en el gimnasio haciendo remo con los cascos puestos y el programa ‘Tenía la duda’ de Judith Tiral sonando en Podimo. Una pregunta que lanzaba al aire el entrevistado era la que conseguiría reducir mi ansiedad. O al menos la que me sacaría del hoyo en el que estaba.
Mario Alonso Puig es médico (cirujano del aparato digestivo), catedrático de Harvard y se ha dedicado durante años a investigar sobre el potencial humano. Fue su voz grave la que contestó a Tiral cuando le preguntó qué hacer si queremos cambiar nuestra vida, ya sea incorporando un nuevo hábito o haciendo algo mayor, pero no encontramos la fuerza. La voz grave de Puig aseguraba que solo necesitamos hacernos una pregunta: ¿cuál es el paso más pequeño que me atrevo a dar? Sigue resonando en mi cabeza y ha sido la culpable de que cambie tres hábitos ya.
No es magia, es psicología
Una de las grandes dificultades a la hora de incorporar un hábito a nuestra vida está en las expectativas. Establecer metas poco realistas (expectativas demasiado altas) puede conducirnos a la frustración y a sentir que no estamos progresando. Sin progreso, la motivación intrínseca no aparece y nos cuesta muchísimo más adoptar un nuevo hábito. Las metas establecidas con el método SMART (objetivos específicos, medibles, alcanzables, relevantes y con límite de tiempo) aumentan las probabilidades de éxito, pero sinceramente requieren una fuerza de voluntad inmediata que no tenía.
La pregunta en cambio, era más sencilla. Un paso pequeño nos invita a dejar de pensar en metas abrumadoras porque el foco se pone en la acción mínima viable, esa cosita que apenas requiere energía, pero que es capaz de iniciar un cambio real. Una invitación al movimiento, a romper la inercia.
La idea de preguntarnos cuál es el paso más pequeño que te atreves a dar, se relaciona con varios conceptos como el que expuso el científico B. J. Fogg de la Universidad de Standford en su libro ‘Hábitos mínimos’. En el libro explica que la mejor forma de cambiar un comportamiento es hacerlo tan fácil que no puedas fallar. Reducirlo a la mínima expresión pero repetirlo diariamente porque al día siguiente debemos hacernos la misma pregunta: ¿cuál es el paso más pequeño que me atrevo a dar?
El Método Kaizen es otro de los conceptos en que se apoya la pregunta de Puig. La psicóloga María Martínez explica en ‘Vivir en modo Kaizen’ que “proponernos grandes cambios y pretender lograrlos de golpe nos conduce al estrés y a la frustración”. Si nos centramos en las pequeñas mejoras consistentes a lo largo del tiempo con el objetivo de mejorar, seremos más efectivos,
La pregunta resulta transformadora porque reduce la ansiedad que genera una meta más grande y ese pequeño paso nos resulta mucho más realista y, además, es tremendamente sencilla de aplicar. Solo tienes que hacerte la pregunta, contestar y moverte. al día siguiente repites la pregunta, contestas de nuevo y te mueves. Confía en el proceso, te aseguro que funciona.
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Fotos | Annie Spratt en Unsplash
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