Resolvemos el misterio del último sorbo: por qué algunas personas nunca se terminan la bebida según la psicología

Todos conocemos a alguien que siempre se deja un culín de café, de cerveza o de agua en su vaso. Y si no la conoces, es que eres tú

Anabel Palomares

Editor

Estás con una amiga en un bar y pedís dos cervezas. Bebéis, reís y cuando os vais, ella se ha dejado un culín. Qué curioso, piensas. Pero otro día se deja el último sorbo del café y otro, el último sorbo de vino. También lo hace con el agua. Cuando le preguntas no sabe responderte por qué lo hace, pero la psicología y nuestra educación sí tienen una respuesta a porqué hay personas que siempre se dejan algo en el vaso.

Las razones psicológicas

A veces, no dejamos el último sorbo sin beber por falta de sed ni porque estemos distraídos, sino por un término psicológico llamado aversión al asco, una reacción emocional intensa y muchas veces automática, que nos ayuda a evitar sustancias, objetos o situaciones que percibimos como potencialmente peligrosas para la salud. No hace falta que haya una amenaza real. Basta con sentirla. Como ese momento en que miras el fondo del vaso y te parece que el café ya está demasiado frío, demasiado denso, como si ahí se hubiera quedado todo lo raro flotando.

El asco es una emoción adaptativa, evolutivamente hablando, con “una función de supervivencia": sentimos asco ante estímulos que pueden ser peligrosos y comprometer nuestra salud, protegiéndonos así de enfermedades, infecciones o alimentos en mal estado. El psicólogo Paul Rozin ha estudiado este fenómeno durante años descubriendo que el asco no es solo una emoción básica que nos protege de enfermedades sino que puede extenderse a cosas que no son objetivamente peligrosas, pero que psicológicamente percibimos como contaminadas por asociación. Es decir, puedes rechazar algo aunque sepas racionalmente que no es peligroso. Como no querer beber de un vaso que alguien más usó o evitar ese último sorbo porque tu cerebro piensa que “ahí se queda lo peor”.

Elena Monje, farmacéutica y divulgadora conocida en TikTok como InFARMArte es una de esas personas que no pueden terminarse la bebida. “No soy capaz de acabarme el café, siempre dejo un pequeño rastro en el fondo de la taza y no es que no tenga más sed o que no me guste la bebida, sino que no puedo tragarme lo último", asegura en uno de sus vídeos.

En algunas personas se presenta de forma más intensa, especialmente si hay antecedentes de trastornos como el TOC (Trastorno Obsesivo-Compulsivo), donde el miedo a la contaminación puede volverse abrumador. Además, se ha observado que “es un aspecto común, aunque a menudo pasado por alto, de vivir con el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)”, según Neurolaunch. Dejar la bebida sin terminar es un ejemplo de cómo el TDAH afecta las funciones ejecutivas que nos ayudan a terminar lo que empezamos. El último sorbo queda ahí olvidado porque su mente ya está tres pasos más adelante.

Las razones culturales

Es posible que dejemos algo en el vaso como fruto de nuestra educación. Por ejemplo, tu madre siempre lo hacía y tú has terminado imitando el gesto sin saber porqué. También hay razones culturales. En Japón se deja algo en el vaso cuando quieres indicar que no quieres beber más, del mismo modo que se hace en Corea, y en la cultura china dejar un pequeño resto de comida o bebida puede interpretarse como una muestra de que el anfitrión ha sido generoso y que el invitado está satisfecho, especialmente en contextos formales o tradicionales.

Ahora la pregunta es si tú dejas el último sorbo, o miras extrañada a quien lo hace.

Fotos | szm 4 en Unsplash

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