Al conquistador más célebre de la historia no le motivaba la ambición sino el reconocimiento paterno
Eso que en psicología llaman "daddy issues", y que en español podría traducirse como "problemas con papi", hace referencia a un tipo de conflicto que, como su nombre indica, sucede entre una hija o hijo y su figura paterna. Puede deberse a una relación problemática, ausente o insatisfactoria y deja en los vástagos consecuencias emocionales y conductuales. De forma coloquial, es un término que a menudo se usa con un retintín faltón para referirse a mujeres que salen con hombres mayores o que saltan de una relación tóxica a otro. Sin embargo, los hombres también los sufren y el mayor ejemplo lo han encontrado los historiadores en un personaje que tuvo máxima influencia en cómo se acabó configurando el mundo moderno.
La próxima vez que el cuñado de turno se atreva a decir eso de que "las mujeres son demasiado emocionales para liderar" puedes hablarles de la extraña relación de Donald Trump y Elon Musk que ha marcado el inicio de la segunda legislatura del presidente estadounidense o contarles la vida de telenovela que tuvo Alejandro Magno. Porque no solo conquistó medio planeta, también lo hizo con la mochila a cuestas de una relación complicada con su padre, el rey Filipo II de Macedonia.
Detrás del icono siempre hubo un niño babilonio. Antes de ser rey del antiguo reino griego de Macedonia, hegemón de Grecia, faraón de Egipto y Gran rey de Media y Persia, el conquistador más célebre de la Antigüedad fue primero un niño del siglo cuarto A.C. Hijo de un rey ambicioso que convirtió Macedonia en una potencia regional a base de alianzas matrimoniales y poligamia sin jerarquía formal (tuvo al menos siete esposas), su sucesión al trono no estaba asegurada. Además, por otro lado, era hijo de la princesa epirota Olimpia. Es decir, una extranjera a la que, para darle una vuelta de tuerca más a la historia, se la acusaba de brujería y de haber envenenado a su otro hijo, dejándolo incapacitado mentalmente para favorecer a Alejandro.
De ser el favorito al exilio. A pesar de que la falta de normas de sucesión definidas mantenía la corte en un estado de permanente tensión, Alejandro tuvo una educación de príncipe que lo favorecía como sucesor. El mismísimo Aristóteles lo entrenó para mandar y con solo 16 años gobernó como regente en ausencia de Filipo, ganó su primera batalla a los 18 y se erigió una estatua en su honor. A pesar de todos los méritos, el primer gran choque entre padre e hijo estalló cuando su progenitor decidió casarse con la noble macedonia Cleopatra (es decir, su primera mujer no extranjera) y su tío Attalo brindó en público por la esperanza de tener por fin un “heredero legítimo”. Aquella cena acabó a gritos de "¡¿me tomas por un bastardo?!", con copas volando y con Alejandro en el exilio junto a su madre.
Pá malo yo. Aunque se intentó una reconciliación, esta fue breve. Filipo quiso casar a otro hijo con una princesa persa, pero Alejandro saboteó una operación que lo relegaría a segundón proponiéndose él mismo como mejor candidato. Para este punto, la desconfianza entre padre e hijo ya era mutua pero las cosas no fueron a más porque Filipo fue asesinado en extrañas circunstancias. Aunque se sabe que el asesino fue un oficial de la propia corte real, a día de hoy no se conoce a ciencia cierta su motivación. Pudo tratarse de una venganza pasional, un complot de Olimpia o incluso haber mediado una mano negra persa... No hay consenso. Lo único claro es que Alejandro fue nombrado rey inmediatamente por el ejército y se encargó de eliminar a cualquier rival que pudiera usurparle el trono, incluida a su madrastra Cleopatra y a su hija.
Admiración y ego herido. Los historiadores creen que los logros de Alejandro y su ascenso a la grandeza deben analizarse en el contexto de su relación con Filipo, mostrando sentimientos contradictorios hacia su padre a lo largo de su vida. Años después de la muerte del padre, en un famoso discurso en el río Opis, reprochó a sus soldados su ingratitud y reivindicó el legado del hombre "que los sacó de las montañas para convertirlos en conquistadores". No obstante, también hubo momentos en el que sacaba a relucir un ego herido, como una noche en la que, borracho, apuñaló a su general Cleito por defender el honor de Filipo.
Así fue cómo una relación tóxica entre un padre y un hijo, marcada por un torbellino de admiración, competencia, traumas y estrategia, moldeó en última instancia el mundo conocido. De repente, el hecho de saber que a veces, los grandes imperios también se construyeron a base de "daddy issues" hace que cobre más sentido que nunca a la palabra "patriarcado".
Foto de portada | 'Alexander'
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