Un ave que pasa desapercibida en el día a día pero que es importante para el control de plagas
No todas aves necesitan bosques vírgenes ni paisajes bucólicos para sobrevivir. Algunas hasta han aprendido a convivir con el asfalto, el ruido y los grandes bloques de hormigón de la ciudad. Es el caso de los vencejos en Europa, unas aves migratorias que pasan gran parte de su vida en el aire y que se han adaptado a criar en núcleos urbanos aprovechando grietas, huecos y pequeñas hendiduras de los edificios.
Debido a ello el vencejo común ha sufrido un desplome poblacional alarmante en las últimas décadas en dicho continente y está catalogado como especie "vulnerable". Mientras que, en México, donde existen varias especies autóctonas de vencejos, el problema no es completamente ajeno. Eso sí, dentro de un contexto distinto.
Una vida urbana cada vez más hostil
El vencejo europeo pasa el invierno en África y regresa cada primavera a los mismos lugares de cría porque extremadamente fiel a sus nidos. Sí, lo que estamos diciendo es que vuelve año tras año al mismo hueco exacto del edificio. El problema es que a veces se encuentran con que ese hueco ha desaparecido.
La rehabilitación de fachadas, las obras de aislamiento térmico, la demolición de edificios antiguos y un arquitectura moderna cada vez más hermética están eliminando esos espacios prácticamente invisibles para los seres humanos pero vitales para estas aves. El resultado es que colonias enteras desaparecen de un año para otro.
En México, aunque los vencejos (como el nuquiblanco mexicano, una de las aves más espectaculares del país) suelen vivir en plena naturaleza y habitar en riscos, barrancas y zonas montañosas, muchas poblaciones también se ven afectadas indirectamente por la transformación del territorio, la urbanización acelerada y la pérdida de ecosistemas que sostienen a los insectos de los que se alimentan. La UICN todavía lo clasifica como "preocupación Menor" y su población es estable, pero se sospecha un lento declive debido a la pérdida de hábitat.
De hecho, otro de los problemas que enfrentan los vencejos en Europa es la agricultura intensiva y el uso masivo de pesticidas, que reduce drásticamente las poblaciones de insectos, mientras que los vencejos dependen de ecosistemas ricos en ellos. De este modo, la deforestación, la expansión urbana y el uso de agroquímicos pueden afectar de forma silenciosa a las poblaciones de estas ave, incluso cuando no se percibe una caída inmediata.
La solución que ya se está aplicando en otros países
Ante la caída del vencejo común, el Parlamento de Escocia ha aprobado recientemente una medida pionera: obligar a que todos los edificios de nueva construcción incorporen "swift bricks" o ladrillos nido. Se trata de piezas huecas, integradas en la fachada, que permiten a las aves anidar sin afectar al diseño ni a la eficiencia del edificio. La iniciativa ha sido celebrada por organizaciones conservacionistas como SEO/BirdLife, que insiste en que proteger a estas aves no requiere grandes inversiones, sino planificación y voluntad política.
¿Podría funcionar algo así en México?
Aunque los vencejos mexicanos no dependen de los edificios de la misma manera que su par europeo, la filosofía detrás de estas medidas sí es extrapolable: integrar la conservación de la fauna en el engranaje social y político, en lugar de intentar remediar el daño después.
En México, donde muchas ciudades crecen sin una planificación urbana clara, incorporar criterios de biodiversidad en la construcción (ya sea para aves, murciélagos u otros polinizadores) podría marcar la diferencia a largo plazo. Sobre todo, teniendo en cuenta que este crecimiento desordenado ha priorizado intereses económicos sobre la sostenibilidad, provocando que las ciudades mexicanas se expandan siete veces más rápido que su población en las últimas décadas.
Los vencejos no son aves bonitas en el sentido clásico. No cantan al amanecer ni se posan para ser fotografiados. Vuelan rápido, chillan fuerte y casi nunca se dejan ver de cerca. Pero cumplen una función esencial: controlan plagas de insectos y son indicadores silenciosos de la salud ambiental.
El precedente europeo demuestra algo importante y es que, cuando una especie urbana empieza a desaparecer, el problema no es la especie en sí, es el ser humano. Proteger al vencejo no va de sentimentalismos, va de entender que nuestro planeta es un ecosistema y que, cuando deja de ser habitable para otras especies, tarde o temprano tampoco lo será para nosotros.
Foto de portada | Klaus Roggel
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