
Cómo las bandas de Galicia conectan cada vez más con otras puntas de España
Era finales de marzo, yo cogía un Alsa Madrid-Ponferrada, camino a casa. Digo camino a casa, porque mi vida bascula entre la ciudad en la que vivo y en la que crecí, y no sé en qué edad una deja de llamar casa a la casa de sus padres. Yo, de momento, volvía a casa. Son casi cinco horas de trayecto, un stand by donde me dejo llevar por esas canciones a las que me conduce mi algoritmo de Spotify. Así fue como se coló una melodía de un grupo gallego en mi lista de reproducción. Iba medio adormecida y me dio un chispazo. Un tema fresco y enérgico, como el inicio efervescente de una cita prometedora. Se llamaba 'La favorita'.
No sé cuántas veces puse en bucle ese día aquella canción, solo sé que había estrofas que quería escuchar una y otra vez. "E teño o corasón que é como un after/ leva aberto desde que chejastes/ non pecha porque ainda non marchastes" Qué verso tan redondo, joder. Luego hice lo propio, ponerme la discografía entera de esta banda de Muros y darle la turra a mi hermana pequeña y a mi amiga Eva, porque si yo estaba teniendo una revelación en plena A6, quería compartirla. Dos meses después fuimos las tres a un concierto de The Rapants en una sala de la capital. Jamás me lo pasé tan bien en un directo.
Me resultaba curioso cómo una lengua que tenía culturalmente tan cerca me era musicalmente una desconocida. He pasado más de media vida en una ciudad que hace frontera con Galicia, en cuyos pueblos se habla mayormente en gallego. He escuchado a mis abuelos referirse el uno al otro en este idioma y no había prestado los oídos a otras canciones que no fueran las típicas de las verbenas, los clásicos archiconocidos. Pero es que la joven escena gallega está burbujeante en este momento. Es que es ahora cuando más gente que no pertenece a esa comunidad autónoma quiere, sin embargo, cantar en esa lengua.
Bea, una amiga de Madrid que ahora vive en Vigo, me explica que ella sintió desde allí esta especie de nuevo paradigma con la aparición de las Tanxugueiras en la edición de 2022 del Benidorm Fest. "Creo que fue en el punto en el que no solo los gallegos, sino toda España comenzó, al menos, a conocer estos grupos". Pienso que quizás fue cuando empezaron a adquirir un carácter más estatal y no únicamente autonómico.
Ella me habla mucho de Fillas de Cassandra, unas chicas viguesas que son su dupla favorita. Un dúo emergente en el que reina la mitología griega y el folclore se mimetiza con la electrónica y el pop. He perdido la cuenta de las veces que me ha dicho que vaya a sus conciertos. "Tienen un directo increíble, tienes que ir a verlas a La Riviera en noviembre", insiste.
Le pregunté a mi amiga Eva cómo una chica de Castilla, concretamente de Aranda de Duero, acaba vibrando con un grupo como The Rapants que canta en una lengua que ella no habla. Pero bueno, intuía la respuesta. Es por lo mismo que a mí me da un subidón cuando me pongo la discografía del italiano Pino D'Angiò. Intuyes las letras a la perfección, no es suajili, y luego te prestas al ritmo.
Ella insistía, recordando los conciertos a los que hemos ido juntas este verano: "Es como que hablamos todos el mismo idioma cantando. No sabía muy bien a lo que iba y me acuerdo de que salimos de allí como si acabásemos de correr una maratón y la hubiésemos ganado todos." Desde luego, no es el típico show en el que te balanceas mirando el escenario, es un espectáculo en el que el público y las canciones son lo único que importa. "No quieres estar en primera fila viéndoles cómo cantan. Tú lo que quieres es estar en el meollo, participar en la fiesta", añade. Ellos gritan "que a morte nos pille nun pogo a punto de romper", y nosotros rehuimos de ella chocándonos con desconocidos.
Carmen, una amiga de Baiona, que evidentemente ha crecido con esta lengua mucho más cerca que yo, me arrimaba también a su perspectiva. Ella, que no escucha a menudo grupos en gallego, cuando lo hace, es para viajar a su tierra, porque también vive lejos del lugar en el que se crió. "Escucho 'Oliveira dos cen anos' de C. Tangana y me pongo a llorar, también me emociono mucho con Fillas de Cassandra, con el sonido de las panderetas, de la tradición", me cuenta.
Hace apenas una hora, mi hermana me enviaba desde Alicante un tema de 9Louro que se llama 'Eu e Ti'. La morriña es un sentimiento suave y punzante y la música, a veces, nos sirve para amansarla. "Escuchar estas canciones me hace sentir más cerca de casa". A mí también, Lore. Al final, estás en la otra punta del país y, en medio de una vida frenética, te pones los cascos a todo volumen porque quieres teletransportarte, porque quieres cogerle la mano a tu abuela, comer feixos con azúcar y sentir que estás a salvo. La música también está para eso. La música está sobre todo para eso.
Fotos | Noemí Valle
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