Pensaba que nunca dejaría los libros en papel. Ahora no entiendo por qué he tardado tanto en pasarme al libro electrónico

Proyecto Nuevo 2

El mes pasado leí mi primer libro entero en digital Y ahora el formato que se me hace incómodo es el papel

María Yuste

Editor Senior

El pasado mes de julio leí mi primer libro entero en digital. Hasta entonces, en todo 2026 solo había conseguido terminar tres libros, todos en papel. Pero bastó un mes con el ebook para acabar sumando otras tres novelas a mi lista de lecturas. Tantas como en todo el semestre anterior. Lo malo es que no parece precisamente el mejor momento para pasarse al libro electrónico. 

Ahora que Sony ha anunciado dejará de publicar videojuegos en formato físico y que algunas empresas de inteligencia artificial están adquiriendo libros impresos para digitalizarlos antes de destruir los ejemplares físicos, se ha vuelto a poner sobre la mesa la importancia de conservar el patrimonio cultural más allá de su versión digital.

En ese contexto, yo, que durante años defendí el papel a capa y espada y estaba convencida de que jamás llegaría el día en que un lector electrónico pudiera sustituir la experiencia de un libro físico, ahora me descubro pensando justo lo contrario: lo que se me hace incómodo es el papel. ¡Socorro!

El problema nunca fue el libro electrónico

Tampoco era la primera vez que intentaba incorporar un lector electrónico a mi rutina. De hecho, el Kobo Clara Colour ha sido el tercero que ha pasado por mis manos. Los dos anteriores acabaron en Wallapop porque nunca conseguí terminar un solo libro en ellos. Me parecían lentos, poco intuitivos y, por alguna razón, siempre tenía la sensación de estar utilizando un aparato en lugar de estar leyendo. Por no hablar de que algunos hasta incluyen anuncios... El caso es que acababa volviendo al papel convencida de que el problema era que el formato era incómodo per se.

Sin embargo, con este dispositivo todo fluyó desde el primer momento. No fue una cuestión de especificaciones técnicas ni de funciones concretas. Simplemente dejó de interponerse entre el libro y yo. La experiencia consiguió replicar muchas de esas pequeñas cosas que asociaba a la lectura en papel, como poder ver la portada en color cada vez que lo dejaba sobre la mesilla o poder subrayar por colores. Además, descubrí también las ventajas contra las que el papel no puede competir. No había vuelta atrás, había encontrado un lector que encajaba con mi forma de leer.

Darle una oportunidad a un libro nunca había sido tan fácil

Si he terminado tres novelas en apenas un mes desde que me pasé al formato digital es porque muchas de las pequeñas barreras que antes retrasaban cada lectura han desaparecido.

En primer lugar, basta con que alguien recomiende un libro para tener en pocos minutos descargada una muestra gratuita y descubrir por ti misma si realmente conecta contigo y lo quieres leer. Si no lo hace, simplemente pasas al siguiente y te ahorras el dinero. Ya no existe ese miedo a invertir en una compra equivocada ni la obligación de terminar un libro solo porque pagaste por él.

Puede parecer un cambio menor, pero altera por completo la forma de descubrir nuevas historias y atreverte a darles una oportunidad. Antes, empezar un libro era una decisión, ahora apenas requiere un par de toques sobre la pantalla.

La comodidad también construye el hábito

A menudo hablamos del placer de leer como si dependiera exclusivamente de la historia, pero la experiencia física influye mucho más de lo que solemos admitir. Nunca habría dicho que un libro en papel pudiera resultar incómodo. Hasta que dejé de tener que sostenerlos y cargar con ellos.

Después de varias semanas leyendo en un dispositivo ligero, no me da pereza sostener una novela de ochocientas páginas. Lo mismo ocurre con la posibilidad de llevar decenas de libros a un viaje, poder leer con una sola mano acostado o bajo las mantas para que no se te congelen las manos en invierno (tirando de brillo de pantalla).

También hay pequeños detalles, específicos del Kobo Clara Colour, que terminan marcando la diferencia en el día a día. Poder ajustar el brillo o la temperatura de la luz con un simple gesto intuitivo y sin abandonar la página, saber en todo momento cuánto queda para terminar el capítulo que estás leyendo (y también el libro completo) o consultar el significado de una palabra sin salir de la lectura cuando lees en otro idioma son esas pequeñas comodidades que, por separado, parecen insignificantes, pero juntas hacen que leer resulte mucho más dinámico.

Por no hablar de que leer cómics o novelas gráficas resulta muchísimo más agradable en color.

Leer también es volver a encontrar lo que has leído

Hay otra función que me tiene enamoradísima: los subrayados. Siempre he sido de marcar frases, ideas o párrafos enteros que quiero recordar. En papel eso implica volver a hojear el libro cuando necesito recuperar una cita concreta, hasta encontrarla. Aquí no.

Puedo subrayar utilizando distintos colores según el tipo de anotación y, cuando termino la lectura, acceder de un vistazo a todos los fragmentos destacados. Recuperar una idea deja de depender de la memoria o de recordar aproximadamente en qué capítulo aparecía. Todo está reunido en un mismo lugar. Para alguien que relee mucho y que además escribe, termina siendo una herramienta muy útil.

El libro electrónico no ha sustituido mi biblioteca

Lo más sorprendente de esta experiencia es que no ha cambiado mi relación con el papel en la dirección que esperaba. No quiero dejar de comprar libros físicos, pero ahora serán mucho más selectos.

Hay ediciones ilustradas que siguen luciendose mucho mas en papel y que merece la pena poder tocarlos. Libros especialmente bonitos, novelas favoritas o historias que quiero conservar en físico porque forman parte de un momento importante de mi vida.

Hay algo profundamente satisfactorio en poder volver a ellas, tocarlas y saber que seguirán ahí dentro de veinte años, independientemente de qué ocurra con una plataforma o un servicio digital. Para mí, ese es el equilibrio.

El libro electrónico me ha devuelto un hábito que estaba perdiendo. El papel, en cambio, sigue siendo un lugar seguro donde conservar las historias que realmente significan algo para mí, sin que nadie o nada pueda interponerse entre ellas y yo. He descubierto que no necesito elegir entre ambos formatos. Uno me ayuda a leer más. El otro me recuerda por qué siguen siendo importantes los libros fuera de una pantalla.

Fotos | María Yuste

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