Si ese perfume no huele como esperabas quizá está verde: dale tiempo y te sorprenderá cuando madure
Cuando estrenas un perfume y te llevas una decepción porque no huele como esperabas, no todo está perdido: a veces lo que falla no es la fragancia sino el cariño y el tiempo que le das. Al igual que un vino joven necesita reposar para revelar toda su riqueza, muchos perfumes necesitan pasar por un pequeño "proceso de maduración" en tu propio estante antes de desplegar su verdadero carácter.
Según expertos como los de Aurel Singapore, lo que popularmente se llama maceración (aunque más correctamente podría describirse como una forma de oxidación controlada) permite que los aceites aromáticos se integren mejor con el alcohol y evolucionen poco a poco, consiguiendo una fragancia más redonda y profunda.
La explicación técnica detrás de este fenómeno no es ningún hechizo mágico, sino química pura. En muchas fragancias, los componentes más volátiles y ligeros pueden dominar al principio, pero con el paso de los días u semanas sus moléculas se estabilizan. De este modo, las notas de salida suavizan, las de corazón se enrarecen y las de base se vuelven más perceptibles.
Además, si la botella se almacena en un lugar adecuado (fresco, seco y a oscuras) el proceso mejora, ya que el perfume no sufre alteraciones bruscas por calor, luz o humedad.
En realidad, el término "maceración" es algo controversial: algunos entusiastas de los perfumes señalan que la verdadera maceración ya se lleva a cabo en la fábrica, mucho antes de que compres el frasco.
Sin embargo, lo que sí ocurre cuando dejas reposar tu perfume en casa es una especie de "maduración". La exposición al oxígeno, la ligera evaporación del alcohol más volátil o simplemente que tu nariz se habitúa al aroma pueden cambiar tu percepción y hacer que la fragancia se sienta más rica y notoria.
Para quienes compran un perfume que al principio no impresiona, ponerlo a macerar (o dejarlo reposar) puede ser una estrategia sencilla pero poderosa. Basta con pulverizar varias veces apenas comprarlo (por ejemplo, 5 a 8 sprays) para oxigenarlo un poco, cerrar bien la botella, guardarla en su caja y dejarla en una zona tranquila, lejos de la luz. Tras unas semanas, empezarás a notar cómo el aroma se intensifica y adquiere cuerpo.
El matiz más bonito de todo este proceso es que, si tienes un perfume que al principio parecía flojo o superficial, con paciencia podría sorprenderte. Es como si, con el paso del tiempo, tu fragancia despertara y mostrara nuevas capas ocultas que no estaban tan presentes al principio, especialmente cuando se trata de perfumes con resinas, maderas, especias o aceites naturales suelen beneficiarse especialmente, porque sus moléculas pesadas necesitan más tiempo para asentarse y mezclarse.
Si tu perfume nuevo no te acaba de conquistar, darle un poco de tiempo y un trato cuidadoso que puede marcar una gran diferencia. No es magia ni hechicería: es química, paciencia y un poco de mimo. Y al cabo de unas semanas o meses, es muy posible que esa fragancia que te dejó indiferente termine por florecer en algo mucho más interesante y placentero.
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