La masculinidad ya es un asunto de estado: el gobierno de Donald Trump quiere que la testosterona forme parte de su ejército

La Masculinidad Ya Es Un Asunto De Estado El Gobierno De Donald Trump Quiere Que La Testosterona Este Al Alcance De Todos

La manosfera llega a la política de Estados Unidos aplicando el 'T maxxing'

Editor

'Looksmaxxing', 'Spermaxxing', 'Bum-maxxing'... la manosfera parece haberse convertido rápidamente en parte de la cultura popular fuera de internet como una forma errónea (pero muy celebrada) de vivir la masculinidad en el siglo XXI, sin embargo, lejos de los foros virtuales, parece ser que el fenómeno de maximizar la apariencia y el potencial masculino ha llegado a convertirse en asunto de estado: el gobierno de Donald Trump ya ha avanzado en una decisión que llevaba años estancada en Washington: facilitar que millones de hombres consigan una receta de testosterona

La medida cuenta con el respaldo del secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., y llega en un momento en que influencers y podcasters llevan años promoviendo la hormona como remedio para casi todo, desde la falta de energía hasta la pérdida de músculo, y poco a poco la ciencia les está dando la razón: la Administración de Alimentos y Medicamentos ya eliminó una advertencia sobre riesgos cardíacos que pesaba sobre estos tratamientos desde 2015, y el mes pasado propuso reescribir las instrucciones de prescripción para abrir la puerta a que se use contra síntomas asociados a la edad, como la baja libido o la disfunción eréctil.

Detrás del cambio hay una década de estudios que, según médicos consultados, respaldan los beneficios de la testosterona para la salud sexual y despejan dudas sobre su impacto cardiovascular: un ensayo de 2023 que siguió a 5.000 hombres con antecedentes cardíacos no encontró diferencias en infartos o derrames entre quienes recibieron la hormona y quienes recibieron un placebo. 

Otro estudio del Instituto Nacional de Salud, con casi 800 hombres mayores, mostró mejoras en función eréctil y libido, aunque poco efecto sobre la fatiga o la memoria. Aun así, especialistas como Shalender Bhasin, de Harvard, insisten en que hacen falta investigaciones de hasta veinte años para descartar riesgos de largo plazo, incluido el cáncer de próstata.

El Pentágono se suma a la propuesta

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, llevó la conversación a un terreno inesperado para su cargo: esta semana anunció que todos los miembros del servicio de 30 años o más, incluidas las mujeres, serán evaluados anualmente para detectar deficiencia de testosterona, aunque el tratamiento seguirá siendo voluntario. 

Hegseth habló de construir un "Departamento de la Guerra de alto T" y aseguró que la medida busca que los soldados operen "en su mejor nivel absoluto" ante un campo de batalla que describió como brutal. La decisión encaja con un patrón: el propio secretario ha impulsado nuevas normas de aseo, ha cuestionado el papel de las mujeres en combate y ha bloqueado ascensos de oficiales mujeres pese a que fueron seleccionadas por juntas militares.

La política también reabre una contradicción incómoda: la prohibición al servicio de personas trans, impulsada por Trump y Hegseth, se justificó en parte alegando que la terapia hormonal sería difícil de sostener en zonas de guerra

Los riesgos que no se han visto

No todos los hombres deberían recibir el tratamiento, y ahí es donde los médicos encienden las alarmas: la testosterona externa apaga el proceso natural del cuerpo para producir la hormona, lo que puede detener la producción de esperma y comprometer la fertilidad, algo que preocupa especialmente a quienes buscan tener hijos en el corto o mediano plazo. 

También se asocia con mayor riesgo de coágulos, acné y caída de cabello, y exige precaución en hombres con cáncer de próstata, aunque la FDA propone limitar esa advertencia solo a casos donde el cáncer ya se extendió a otras partes del cuerpo. 

Ahora la testosterona dejó de ser solo un tema de consultorio médico para convertirse en una bandera política y cultural: entre la ciencia que respalda ciertos usos, el historial de sobreprescripción de la última década y un gobierno que la promueve casi como símbolo de fortaleza nacional, la línea entre necesidad médica y moda de bienestar masculino se vuelve cada vez más difícil de trazar.

Fotos de @petehegseth 

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