
2025 fue el año en que más perfumes se produjeron. El slow perfumery quiere cambiar eso en bien de la industria (y el planeta)
En un mundo donde todo ocurre demasiado rápido, el mercado de la perfumería lleva años respondiendo a esa misma lógica: más lanzamientos, más tendencias, más velocidad. Pero hay una corriente que nada en sentido contrario y que cada vez gana más adeptos.
Este fenómeno, llamado slow perfumery (perfumería lenta) propone algo tan sencillo como radical: volver a hacer fragancias que valga la pena recordar.
Cuando la prisa se convirtió en el problema
Se estima que en 2025 se lanzaron alrededor de 6,000 fragancias nuevas al mercado; antes de 2019, esa cifra rondaba las 2,500 al año. Ese ritmo desbocado impulsado por flankers, dupes y ciclos de desarrollo cada vez más cortos fue lo que abrió la puerta a la reacción. Según el proveedor de fragancias Carvansons, la perfumería lenta "enfatiza el hecho de saborear los momentos, conectar con el aroma y respetar la naturaleza, lo que da lugar a perfumes más complejos y duraderos, con una historia detrás."
El término toma prestada deliberadamente la lógica del movimiento Slow Food italiano, surgido en los años ochenta como respuesta al auge de la comida rápida, que argumentaba a favor del placer, la estacionalidad y la recuperación de las tradiciones culinarias. En perfumería, esa misma filosofía se traduce en procesos creativos más largos, ingredientes con procedencia trazable y una relación más honesta entre quien crea y quien usa.
La artesanía como declaración de intenciones
A diferencia del desarrollo comercial de fragancias, que suele medirse en meses y calibrarse con grupos de enfoque, en la perfumería lenta una fragancia puede gestarse durante años. El perfumista regresa a la fórmula docenas de veces, probándola en distintas estaciones, en diferentes tipos de piel y concentraciones. El resultado es un perfume verdaderamente pensado, no fabricado.
Como ejemplo, muchas casas de slow perfumery producen en lotes pequeños, lo que favorece el control de calidad y una relación más honesta con la demanda, sin presión para escalar la fórmula a una producción industrial.
La perfumería lenta se ubica dentro del segmento más amplio de la perfumería nicho, uno de los de mayor crecimiento en el mercado global de fragancias, impulsado por consumidores cada vez más familiarizados con ingredientes, fórmulas e historia.
Carson Kitzmiller, analista de Mintel, señala que la slow perfumery "pone la intención y el oficio en el centro de la creación de fragancias, priorizando el abastecimiento cuidadoso de ingredientes, plazos de desarrollo más largos y transparencia en cómo se elaboran, en lugar de lanzamientos frecuentes dictados por tendencias a corto plazo."
En ese sentido, la fragancia deja de ser un accesorio de temporada para convertirse en algo más cercano a un objeto de colección: es un lujo en el sentido original al prestar atención cuidadosa a algo, de tomarse el tiempo que merece y de entenderlo en lugar de simplemente consumirlo.
Es así como, en tiempos donde la inmediatez lo permea todo, apostar por lo que dura en la piel y en la memoria puede ser el gesto más contracultural de todos.
Foto de Anna Shvets
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