Infantino quería 64 selecciones para la Copa del Mundo de 2030, pero 136 ya le han dado la espalda: ahora su plan de negocios es la mayor crisis institucional de la FIFA

Infantino Queria 64 Selecciones Para La Copa Del Mundo De 2030 Pero 136 Ya Le Han Dado La Espalda Ahora Su Plan De Negocios Es La Mayor Crisis Institucional De La Fifa

¿Cuánto vale el control del Mundial? Esa es la pregunta detrás del plan de Infantino que ya tiene a medio mundo en su contra

Editor

Después del éxito que fue la Copa del Mundo organizada por primera vez por tres países, Gianni Infantino soñaba ahora con hacer partícipes a más federaciones en su próximo encuentro, pero no sólo como sedes, sino imaginando un Mundial de 64 selecciones para 2030, el año del centenario del torneo. 

Pero mientras defendía esa idea puertas afuera, adentro de la FIFA se gestaba un plan mucho más ambicioso y mucho más peligroso para su liderazgo: abrir el negocio del Mundial a inversores privados

Hoy, apenas unos días después de conocerse la propuesta, 136 de las 211 federaciones que integran el organismo ya le dieron la espalda, así, lo que empezó como una discusión sobre el formato del torneo terminó convertido en la mayor crisis de gobernanza que ha enfrentado la FIFA bajo su presidencia.

La idea de los 64 equipos surgió meses atrás, cuando Infantino reconoció que la posibilidad de ampliar la Copa del Mundo 2030 sería analizada por los comités del organismo una vez terminara el torneo disputado en Estados Unidos, México y Canadá. 

La propuesta venía empujada por Sudamérica, que en marzo de 2025 la presentó formalmente a través de la Asociación Uruguaya de Fútbol y luego contó con el respaldo del presidente de Conmebol, Alejandro Domínguez, quien planteó jugar el centenario con 64 selecciones en tres continentes simultáneos

La lógica era simbólica: de esa forma Argentina, Paraguay y Uruguay podrían albergar un grupo completo del torneo y no solo un partido cada uno. 

La respuesta de las confederaciones

Pero el verdadero terremoto llegó con otro proyecto bautizado FIFA Forward Enterprise, que no es otra cosa que una filial pensada para gestionar y comercializar los principales torneos de la organización, incluido el Mundial, con la posibilidad de incorporar inversión privada. 

El punto más polémico es que contempla ceder hasta un 20% de una empresa que concentraría los derechos comerciales del Mundial a fondos externos, entre ellos uno vinculado a Joshua Kushner. A cambio, Infantino promete que cada federación podría recibir hasta 86 millones de dólares en los próximos doce años, repartidos en tres ciclos mundialistas, y que en total la FIFA inyectaría más de 10 mil millones de dólares al desarrollo del fútbol mundial. 

La UEFA fue la primera en dar el golpe más duro. En un comunicado firmado en nombre de sus 55 federaciones, calificó la propuesta como una apropiación irreversible de las competiciones del fútbol y anunció que ninguna selección europea jugará torneos de la FIFA mientras el plan siga en pie, salvo que se abandone por completo y existan garantías de que el Mundial nunca se abrirá a la propiedad privada.

Concacaf, aunque con un tono más medido, expresó una preocupación similar por la falta de debido proceso y recordó que la FIFA y las confederaciones son custodios del deporte, no dueños de él. Por su parte la AFC se sumó poco después lamentando no haber sido consultada antes de que el plan saliera a la luz pública.

La confederación africana informó que su comité ejecutivo, encabezado por Patrice Motsepe, se reunirá para evaluar la propuesta dentro del proceso de consulta abierto por la FIFA. Oceanía hizo lo propio, indicando que discutirá el tema en su próxima reunión de agosto y que seguirá participando del proceso de consulta, pero ninguna de las dos rechazó el plan de forma tajante, pero tampoco lo respaldaron.

Un rechazo que ya pesa

Entre UEFA, Concacaf y AFC juntan 136 de las 211 federaciones de la FIFA, es decir, más de la mitad del padrón que debe votar el proyecto antes del 19 de septiembre. A eso se añadió la renuncia de Carlos Cordeiro, asesor principal de Infantino, quien calificó la operación como una hipoteca al futuro del fútbol sin justificación convincente. 

Con la votación fijada para septiembre y un boicot europeo ya anunciado, la FIFA enfrenta un dilema que va más allá del dinero: lo que está en juego es si el organismo puede seguir tomando decisiones de este calado sin consultar antes a quienes representan al fútbol en cada país. Mientras tanto, el sueño de los 64 equipos para 2030 quedó en segundo plano, opacado por una pelea de gobernanza que puede definir el rumbo de la FIFA para la próxima década.

Fotos de FIFA | Gianni Infantino | Concacaf | UEFA

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