
En la Universidad de Colorado se descubrió que los fármacos como el Ozempic podrían tener efectos en el cerebro
Cuando los científicos comenzaron a estudiar los fármacos GLP-1 (la familia de medicamentos a la que pertenece Ozempic) la historia parecía clara: eran tratamientos para controlar el peso, la diabetes y el azúcar en sangre. Pero en los últimos meses, una serie de hallazgos está cambiando por completo esa narrativa.
Allison Shapiro, profesora adjunta en la Universidad de Colorado Anschutz, formaba parte de un equipo que estudiaba a 13 adolescentes y mujeres jóvenes con un trastorno hormonal que afectaba los ovarios, y que estaban siendo tratadas con fármacos GLP-1. Como parte de las pruebas para catalogar el efecto de la medicación en sus cuerpos, Shapiro tomó imágenes de sus cerebros antes y después del tratamiento, y se quedó asombrada con lo que encontró.
En tan solo unos meses, las conexiones cerebrales en la red de prominencia (que ayuda a dirigir la atención) se habían multiplicado de manera notable. "No esperábamos ver este efecto, y realmente no sabemos qué significa", reconoció la propia Shapiro.
Los hallazgos siguen siendo preliminares, y los científicos advierten que todavía no saben qué significan estos cambios. Pero a medida que decenas de millones de personas en todo el mundo toman medicamentos como la semaglutida (comercializada como Ozempic y Wegovy) y la tirzepatida (como Mounjaro y Zepbound), los investigadores examinan cada vez más si los efectos de estos fármacos se extienden mucho más allá del apetito.
¿Qué pasa exactamente en el cerebro?
Los investigadores están examinando si estos medicamentos influyen en las vías de recompensa relacionadas con la dopamina, y también están estudiando si afectan a la amígdala, la región cerebral involucrada en el procesamiento del miedo, el estrés y las emociones. Una de las hipótesis más sólidas apunta a que los fármacos GLP-1 podrían reducir la inflamación cerebral, calmando células inmunitarias hiperactivas que, al activarse de forma repetida, contribuirían al daño neuronal con el tiempo.
Otra línea de investigación sugiere que el efecto podría originarse en el intestino, dado que las hormonas GLP-1 naturales se comunican con el cerebro a través del nervio vago, esa conexión con el sistema digestivo y el tronco encefálico que regula sensaciones de hambre y saciedad, aunque también podría influir en el estado de ánimo y la cognición.
Entre los impulsos y el cambio de personalidad
No todo lo que se reporta, sin embargo, es positivo. En redes sociales y consultorios médicos, algunos usuarios han descrito una especie de aplanamiento emocional difícil de definir: menos placer, menos motivación e incluso una disminución del deseo sexual.
Esos relatos abren preguntas incómodas sobre qué es exactamente lo que estos fármacos están transformando. Lorenzo Leggio, director clínico del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de los NIH, señala que si se piensa desde el punto de vista de la supervivencia, algunos comportamientos fundamentales como comer y el sexo podrían verse afectados por este mismo mecanismo.
Lo que es innegable es que la ciencia está viviendo un momento de inflexión: mientras se examinan cómo los fármacos afectan las respuestas a estímulos relacionados con los antojos, también están en marcha ensayos clínicos para estudiar los efectos de los GLP-1 sobre la dependencia a la nicotina, los trastornos por consumo de opioides y cocaína.
Decenas de millones de personas están tomando estos medicamentos hoy mismo, lo que convierte este momento en, quizás, el mayor experimento neurocientífico no planificado de la historia de la medicina moderna para saber si, en verdad, más allá de perder peso, los GLP-1 cambian la personalidad de las personas.
Foto de Haberdoedas en Unsplash
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