El secreto para domar la masa está en cómo reacciona a la temperatura uno de sus ingredientes
¿Qué sería de nuestras habilidades en la cocina si no fuera por Karlos Arguiñano? El chef vasco, que llegó a tener estrella Michelin, lleva décadas colándose en nuestras mesas con recetas asequibles y consejos que sencillos que, a pesar de serlo, habíamos pasado por alto hasta que él nos lo dijo. El último de ellos tiene que ver con uno de esos productos que casi todos compramos ya hechos y que, aun así, siguen dando guerra: el hojaldre.
El cocinero abordó este tema mientras preparaba un postre rápido con hojaldre y, antes incluso de empezar a rellenarlo, lanzó una advertencia clave. El hojaldre, según dijo, "hay que sacarlo del frigorífico en el último momento y trabajarlo bien frío". No es un capricho ni una manía de chef profesional sino que este nimio detalle es lo que marca la diferencia entre una masa fácil de manejar y un monstruo blando imposible de controlar.
La imagen es muy reconocible para cualquiera que haya intentado estirar, rellenar o cortar hojaldre a temperatura ambiente. “Si no está frío, se ablanda y luego es mucho más difícil de maniobrar”, insiste Arguiñano mientras corta en pantalla el hojaldre con total facilidad.
Cuando pasa demasiado tiempo fuera del frigo, la masa pierde firmeza, se pega a la superficie de trabajo y deja de responder como debería. En cambio, recién sacada del frío, se corta limpia, mantiene la forma y permite montar recetas sin tener que pelearse con ella. Este es un fenómeno que sucede debido a que el hojaldre es una masa compuesta por capas alternas de masa y mantequilla. Y ya sabemos como se comporta este último ingrediente a distintas temperaturas.
Arguiñano lo demuestra paso a paso en una elaboración pensada para hacer en casa sin complicaciones: primero divide la plancha de hojaldre en dos, rellena una mitad con crema pastelera (aunque también se puede usar chocolate o mermelada) y la otra con una mezcla de mantequilla fundida, azúcar glas y miel, rematada con almendra molida. Todo siguiendo un ritmo sin prisa pero sin pausa para que la masa no se atempere de más. Después, juntamos ambas partes, cortamos en porciones y metemos al horno precalentado a 200 grados .
No obstante, más allá de esta receta concreta de postre, este truco se aplica a cualquier preparación que se haga con hojaldre: el frío será siempre nuestro mejor aliado. Por lo tanto la regla a seguir es sacarlo de la nevera solo cuando vaya a usarse, cortarlo sin entretenerse y, si hace calor o la masa empieza a ablandarse, devolverla unos minutos al frigorífico antes de seguir. Un gesto mínimo pero que Arguiñano demuestra que puede cambiar por completo la experiencia de cocinar en casa y el resultado final en el plato.
Foto de portada | Atresmedia y Felicity Tai
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