Esta fruta de primavera tiene fama de ser delicada, frágil y con una vida útil bastante corta pero solo si no sabes cómo tratarlas
Probablemente, no haya otra fruta que sepa tanto a una estación concreta y con tanta claridad como las fresas. Llegan con la primavera, tiñen de rojo las fruterías de los mercados y, por desgracia, duran lo justo para recordarnos que lo bueno, si breve, dos veces bueno… salvo que sepamos cómo alargarlo. Porque las fresas tienen fama de ser delicadas, frágiles y con una vida útil bastante corta. Pero también es cierto que, con unos cuantos pasos bien dados se pueden mantener en buen estado más días de los que crees.
La clave empieza antes de llegar a casa
Con las fresas, el plan de conservación óptima arranca en el mismo momento de la compra. Elegir bien marca la diferencia entre una cesta perfecta o una tragedia con moho a las 48 horas. En el establecimiento conviene fijarse en que estén tersas y turgentes, que presenten un rojo uniforme y sin zonas blanquecinas (no van a madurar más). Tampoco debería haber presencia de golpes, humedad o piezas aplastadas. Además, si en la caja hay una sola fresa con moho, mala señal.
Otro detalle del que se habla poco pero que es clave es el envase. Lo mejor es que permita ver bien el contenido y que las fresas no estés amontonadas. Cuanto más espacio, mejor.
Y otro apunte importante del que ya dabamos antes una pincelada y que mucha gente pasa por alto: las fresas no son frutas climatéricas. Es decir, no siguen madurando una vez recolectadas. Lo que compras es lo que hay. A partir de ahí, solo pueden ir a peor.
Nevera, sí. Pero con cabeza
Aunque en el supermercado las encontremos fuera del área de refrigerados, en casa su sitio es la nevera. Cuanto antes, mejor. Sin embargo, y aquí viene uno de los errores más comunes, nunca hay que lavarlas antes de guardarlas.
La humedad es su peor enemiga porque favorece el moho y acelera el deterioro. Así que el ritual correcto sería: revisar el género, separar las más maduras y descartar cualquier pieza sospechosa. Sin piedad porque si yna fresa en mal estado puede estropear el resto en cuestión de horas.
Después, colócalas en un recipiente amplio, y mejor si están en una sola capa. Puedes poner papel de cocina en la base para qu absorba la humedad. Eso sí, nada de guardarlas en un recipiente con cierre hermético porque las fresas necesitan respirar. Un papel film con agujeros o una tapa con ventilación funcionarán mejor que el cierre al vacío.
La temperatura ideal es fría, pero no extrema: entre 2 ºC y 6 ºC es un buen rango. Por último, otro pequeño detalle pero decisivo es que no hay que quitarles el rabito hasta el mismo momento de comerlas. El motivo es que actúa como una especie de escudo natural que ayuda a conservar la textura y jugosidad de las piezas.
El truco del vinagre (que no sabe a vinagre)
Si quieres ir un paso más allá, hay un truco que funciona y que se trata de sumergirlas brevemente en una mezcla de agua con un poco de vinagre, aclarar después y (por supuesto) secarlas muy bien porque, si quedan húmedas, el remedio puede ser peor que la enfermedad. La idea es reducir las esporas de moho sin alterar el sabor.
Cuánto pueden durar realmente
Si todo se hace bien, las fresas pueden aguantar en buen estado de unos 3 a 5 días en la nevera. Aun así, lo ideal es revisarlas a diario como quien cuida una planta delicada.
Cuando ya es tarde o tienes demasiadas fresas
Incluso cuando la fresas están demasiado maduras para comerlas tal cual, sigue habiendo posibilidades para consumirlas y disfrutarlas. Podemos triturarlas para batidos, hacer mermelada, una salsa para un postre o incluso un chutney. Su dulzor más intenso juega a su favor.
Aunque si lo que sucede es que te has pasado comprando fresas, congelar es una gran opción. Aguantan varios meses y son perfectas para smoothies o helados. Eso sí, congélalas primero separadas en una bandeja y luego pásalas a una bolsa. Así evitarás que se forme un bloque compacto de fresas.
Al final, conservar las fresas no tiene tanto misterio como parece. Se resume en tres ideas clave: evitar la humedad, darles espacio y vigilarlas de cerca. Teniendo en cuenta que estamos en plena temporada, merece la pena hacerlo bien. Porque pocas cosas saben tanto a primavera como una fresa en su punto.
Foto de portada | Jez Timms
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