Susan B. Anthony, condenada por votar: "No habrá igualdad real hasta que las propias mujeres ayuden a dictar las leyes y elegir a los legisladores"

Sb Anthony From Woc

Fue maestra, sufragista y defendió los derechos de las mujeres con el voto en el centro de una lucha que la llevó ante los tribunales

María Yuste

Editor Senior

Cien dólares (más las costas del proceso) fue la multa que le impusieron a Susan B. Anthony por votar. Además, durante su juicio, el juez ordenó al jurado que la declarase culpable sin ni siquiera dejar que deliberara. La paradoja es que la mujer que reclamaba poder participar en las decisiones de su país fue condenada sin que ni siquiera el jurado pudiera decidir por sí mismo sobre su caso. Eso sí, se negó a pagar y la multa quedó sin cobrar.

Susan había votado en las elecciones presidenciales de noviembre de 1872 en Rochester, Nueva York, a sabiendas de que el sufragio todavía estaba reservado a los hombres. Sin embargo, se apoyaba en la Constitución de Estados Unidos para argumentar su derecho a votar. La base de su argumento era la Decimocuarta Enmienda, que reconoce la ciudadanía a las personas nacidas o naturalizadas en Estados Unidos y sujetas a su jurisdicción, y prohíbe a los estados restringir los privilegios o inmunidades de los ciudadanos estadounidenses.

Así que, si ella era ciudadana de Estados Unidos, ¿por qué no podía ejercer los derechos que la Constitución reconocía a sus ciudadanos? Para ella, el voto formaba parte de esos derechos. Sin embargo, el juez rechazó su interpretación y consideró que dicha enmienda no otorgaba por sí sola el derecho a votar a las mujeres, por mucho que Susan argumentara que las primeras palabras de la Constitución, "Nosotros, el pueblo", no podían reducirse solamente a los varones.

De maestra a sufragista

Susan B. Anthony había sido maestra antes de convertirse en una de las grandes organizadoras del sufragismo estadounidense. Nacida en Massachusetts en 1820 y criada en una familia cuáquera, trabajó por la abolición de la esclavitud, la educación y los derechos de las mujeres. En las aulas había conocido también la desigualdad salarial: enseñar lo mismo no significaba cobrar lo mismo. Reclamó mejores sueldos para las profesoras y que las mujeres pudieran acceder a las profesiones a las que les cerraban las puertas. 

También participó en el movimiento de templanza, que combatía el consumo de alcohol. En 1852 acudió como delegada a una convención, pero cuando quiso intervenir le explicaron que las mujeres habían sido invitadas a "escuchar y aprender", no a hablar. Susan y varias compañeras abandonaron la sala y organizaron una reunión independiente donde sí pudieran tomar la palabra.

Después, el voto se convirtió en una reivindicación central de su activismo: las mujeres necesitaban poder intervenir en las leyes que regulaban su trabajo, sus bienes y su vida familiar.

Ciudadanas solo para cumplir la ley

Mientras esperaba el juicio por haber votado, Susan defendió públicamente su derecho al voto en una serie de discursos. En 'Is It a Crime for a U.S. Citizen to Vote?' (¿Es un crimen que una ciudadana estadounidense vote?), examinó las contradicciones de un sistema que exigía obligaciones a las mujeres mientras les negaba el acceso a las urnas. Pagaban impuestos, estaban sujetas a las leyes y podían recibir castigos por incumplirlas. Sin embargo, carecían de voto para intervenir en su elaboración. 

Esta reivindicación aparece también en una de sus citas más célebres, extraídas de su artículo 'The Status of Woman, Past, Present and Future', publicado en 1897:

"No habrá igualdad real hasta que las propias mujeres ayuden a dictar las leyes y a elegir a los legisladores". 

En ella, la igualdad es imposible mientras las mujeres no participen en las decisiones que atraviesan sus vidas. El sufragio era una herramienta para disputar las normas que regulaban su propia existencia porque, cuando las mujeres dependen de que otros escuchen sus peticiones, su capacidad de cambiar las cosas queda a merced de una voluntad ajena. Participar en las elecciones y en la elaboración de las leyes significa poder intervenir también cuando esa buena disposición se acaba.

Tim Krepp

Susan Anthony murió en 1906 sin llegar a ver aprobado el sufragio femenino en Estados Unidos. La Decimonovena Enmienda, que prohibió denegar o restringir el voto por razón de sexo, no fue ratificada hasta 1920, catorce años después. Aunque tampoco aquella conquista abrió las urnas en las mismas condiciones para todas: numerosas mujeres negras y de otras minorías siguieron encontrándose con leyes discriminatorias que obstaculizaban su participación. Así que la historia del sufragio no terminó aquel día.

Foto de portada | Dominio público

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