La machosfera ya tiene deporte olímpico: las carreras de espermatozoides. Ha tenido lugar la primera y no ha salido nada bueno

Parece un meme pero es más serio de lo que parece

María Yuste

Editor Senior

Tal y como ya anunciamos que sucedería, ha tenido lugar la primera carrera de espermatozoides del mundo. Ha sido en Los Ángeles, organizada por unos adolescentes a los que inversores millonarios no dudaron en darles 1,5 millones de dólares y que se ha celebrado con el pretexto de “romper los tabúes sobre el descenso de la fertilidad masculina”. Sin embargo, la crónica de una periodista de la edición estadounidense de 'Vanity Fair', que la vivió en primera persona, confirma lo que ya sospechábamos y es que se trató de un evento ligado ideológicamente a la machosfera. Además, de un poco fraudulento. Te contamos la segunda parte de este episodio de 'Black Mirror'.

Sperm Raicing había prometido una pista de carreras microscópica para esperma que imitara el sistema reproductivo femenino. Este iba a ser el campo de juego desde el que se retransmitiría en directo cada movimiento (ampliado) de "los corredores. Todo ello acompañado, y a tamaño real, de la parafernalia que rodea normalmente cualquier competición deportiva: estadísticas, clasificaciones, repeticiones de la jugada, comentaristas...

Puede parecer un meme pero es una forma de recuperar y difundir una visión de la masculinidad muy retrograda en la que el semen tiene un poder simbólico como elixir del poder masculino. Queda claro con lo que se encontró Zoë Bernard además de un escenario y una pantalla gigante, había azafatas con minifaldas blancas y una mujer con bata de laboratorio acribillando a preguntas a los concursantes sobre su salud. Sobre todo, era importante saber cuánto hacía que no se masturban. No solo sabían el día, también la hora exacta. Uno de ellos añadió: "Estoy en mi máxima movilidad fértil".

Sperm Racing

Según los organizadores, la carrera no podía empezar hasta aproximadamente una hora después de haber obtenido la muestra, por motivos del proceso científico. Mientras, el evento cumplió con las dosis de entretenimiento absurdo a las que se presta. De este modo, contó con varios maestros de ceremonias y comentaristas profesionales, así como una elaborada puesta en escena en la que los perdedores eran embadurnadados con un líquido blanco y cremoso. Además de la actuación del rapero nominado al Grammy Ty Dolla $ign.

El problema es que los expertos han afirmado que es muy probable que sea científicamente imposible crear de forma artificial cualquier entorno en el que los espermatozoides compitan. De hecho, a la periodista de 'Vanity Fair' le pareció que era evidente que la carrera proyectada en las pantallas era falsa y pudo obtener confirmación por parte de los organizadores de que las imagines habían sido generadas casi en su totalidad por ordenador. Aunque, supuestamente, basadas en las coordenadas reales obtenidas con las muestras de esperma. Al fin y al cabo, cualquier aspecto científico del evento era lo de menos.

Sperm Racing

Se trata simplemente de una muestra más del auge de los "sperm-bros", hombres obsesionados con el semen como fuente de virilidad. Un movimiento que ya tiene antecedentes un siglo atrás el cirujano francés Serge Vóronov,  que se dedicaba a injertar tejido de testículos de mono a hombres o el fisiólogo austríaco Eugen Steinach, que operaba a hombres mayores para redirigir el semen a la sangre y devolverles así la vitalidad.

Ahora, en un giro más moderno tenemos a Elon Musk intentando repoblar él solo la tierra inseminando a múltiples mujeres a la vez o la preocupantes historia que retrata 'El hombre de los 1000 hijos', el documental de Netflix que cuenta cómo el neerlandés Jonathan Jacob Meijer engaña a mujeres en busca de donantes de semen para poder presumir de tener cientos de hijos. En esa misma línea, la periodista de 'Vanity Fair' habló con muchos asistentes al evento de la carrera de espermatozoides y descubrió que muchos querían tener familia numerosa:

"Hablé con media docena de jóvenes que me dijeron que esperaban tener su propia prole: cuatro, cinco, incluso nueve hijos cada uno". Para ello, muchos confesaron haber dejado recientemente de ver porno y de beber alcohol. Uno incluso creía que su semen era tan "superfuerte" que tenía la capacidad de "atravesar los DIU".

Foto de portada | Nima Sarram

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