
Décadas después, sigue desmontando algunos de los malentendidos más extendidos sobre el feminismo
Con apenas dos frases, la aclamada intelectual y teórica feminista Bell Hooks consiguió condensar una idea que, décadas después, sigue desmontando algunos de los malentendidos más extendidos sobre el feminismo:
"El feminismo es un movimiento para acabar con el sexismo, la explotación sexista y la opresión".
La cita abre 'El feminismo es para todo el mundo' (2000), el ensayo con el que la escritora y activista estadounidense quiso acercar el movimiento a cualquier persona, incluso a quienes nunca habían leído teoría feminista. Aunque era una definición que Hooks ya había formulado años antes y que retomaba de 'Teoría feminista: de los márgenes al centro' (1984) con la esperanza de que acabara convirtiéndose en la manera habitual de explicar qué es realmente el feminismo.
Puede parecer una frase sencilla, pero cada una de sus palabras está elegida con cuidado. Y precisamente por eso sigue siendo una de las definiciones más citadas cuando se intenta responder a una pregunta que, sorprendentemente, continúa generando debate: ¿qué es exactamente el feminismo?
El enemigo no son los hombres, sino el sexismo
Uno de los aspectos más llamativos de esta definición es también lo que no dice. Bell Hooks no habla de una lucha contra los hombres ni plantea una guerra entre sexos. El foco está puesto en el sexismo, entendido como un sistema de creencias y prácticas que establece jerarquías entre hombres y mujeres y legitima relaciones de poder desiguales.
Ese matiz cambia por completo la conversación. Si el problema es el sexismo, el objetivo no puede ser enfrentarse a un grupo concreto de personas, sino cuestionar las estructuras y comportamientos que perpetúan esa desigualdad.
De hecho, la propia autora reconoce que durante los primeros años del movimiento feminista hubo mujeres cuya experiencia de violencia y discriminación derivó en un profundo rechazo hacia los hombres. Sin embargo, sostiene que el feminismo fue evolucionando y comprendió que el verdadero problema no eran ellos, sino el patriarcado y las dinámicas de dominación que atraviesan la sociedad.
El machismo también puede reproducirlo una mujer
Se trata de una de las ideas centrales de Bell Hooks precisamente porque las mujeres también pueden ser sexistas. Para la autora, el machismo no es un rasgo innato ni exclusivo de los hombres, sino un sistema aprendido que puede ser reproducido por cualquier persona. Eso significa que una mujer también puede mantener discursos o comportamientos que refuercen la desigualdad, igual que un hombre puede cuestionarlos y convertirse en un aliado del movimiento.
Hooks llega incluso a afirmar que un hombre comprometido con la política feminista aporta mucho más a la causa que una mujer que sigue defendiendo ideas sexistas. Lo importante no es quién eres, sino qué valores sostienes y qué sistema contribuyes a mantener.
Una crítica que va mucho más allá de las actitudes individuales
Cuando Bell Hooks habla de acabar con el sexismo, la explotación sexista y la opresión no se refiere únicamente a cambiar comportamientos cotidianos, la acción necesaria va mucho más allá.
La autora entiende el sexismo como un fenómeno estructural, presente en las instituciones, en la educación, en la política, en el trabajo, en la cultura o en los medios de comunicación. Es decir, no basta con que las personas dejen de hacer comentarios machistas si las reglas del juego siguen favoreciendo las desigualdades.
Por eso insiste en que comprender el feminismo pasa, antes que nada, por comprender cómo funciona el sexismo y de qué manera se mantiene vivo incluso cuando parece invisible.
El estereotipo de que "las feministas odian a los hombres"
Bell Hooks dedicó parte de su obra a analizar cómo se construyó una de las imágenes más persistentes sobre el feminismo: la de que las feministas odian a los hombres.
Según explica en el citado ensayo, los medios de comunicación más conservadores amplificaron las voces de una pequeña parte del movimiento para presentar esa postura como si representara al feminismo en su conjunto. El resultado fue una caricatura que convirtió una reivindicación por la igualdad en una supuesta guerra de sexos.
Ese relato, sostiene la autora, no solo desacreditó al movimiento, sino que alimentó el miedo y el rechazo hacia el feminismo entre muchos hombres, reforzando precisamente la polarización que decía combatir.
Una masculinidad que no necesite dominar
Como apuntábamos, lejos de excluir a los hombres, Bell Hooks defiende que el feminismo también puede ofrecerles una forma distinta de entender la masculinidad.
Su propuesta pasa por construir una identidad masculina que no dependa del poder, del control o de la dominación sobre otras personas. En su lugar, plantea una masculinidad basada en el cuidado, el apoyo mutuo, la empatía y el rechazo del sexismo.
Para la autora, el movimiento no puede transformar la sociedad dejando fuera a la mitad de la población. Si el objetivo es acabar con un sistema de dominación, los hombres también deben formar parte del cambio.
Por eso, la mayor virtud de esta frase es que desplaza el foco desde las personas hacia las ideas y las estructuras que generan desigualdad. Al definir el feminismo como un movimiento para acabar con el sexismo, la explotación sexista y la opresión, Bell Hooks recuerda que no se trata de invertir los privilegios ni de enfrentar a hombres y mujeres, sino de cuestionar un sistema que limita las posibilidades de unas y otros.
Tal y como resumió la propia autora, solo al comprender el sexismo es posible entender por qué un movimiento que aspira a acabar con las relaciones de dominación y construir una sociedad más igualitaria tiene que ser, en esencia, un movimiento profundamente transformador.
Foto de portada | Planeta
En Trendencias | Los 100 mejores libros de la historia que te engancharán de principio a fin
En DAP | La receta de calabacín que pienso hacer todo el verano: fácil, saludable y deliciosa
Ver todos los comentarios en https://www.trendencias.com
VER 0 Comentario