En 1915 los caseros ya subieron los alquileres. Mary Barbour lideró un "ejército" de vecinas contra los desahucios y cambiaron la ley

Mary Barbour Statue Side View

Aquella huelga de alquileres de Glasgow reunió a unos 20.000 inquilinos, con las mujeres liderando y una consigna en las ventanas: "No nos vamos"

María Yuste

Editor Senior

Corre el año 1915 y, en las ventanas de los edificios obreros de Glasgow, hay carteles que dicen: "No nos vamos". Más de un siglo antes de la acampada de Sol y la convocatoria de huelga general por una vivienda digna y el control de los precios, aquellas familias ya se organizaron para protestar ante la posibilidad de perder su casa. Entre quienes organizaron aquella protesta colectiva estaba Mary Barbour, una antigua trabajadora textil que lideró el "ejército" de vecinas que con sus reuniones, comités y resistencia a los desahucios contribuyeron a que el Gobierno británico de la época pusiera límites a los alquileres.

La historia merece recuperarse ahora que en España discutimos de nuevo sobre los mismos problemas. Aunque el contexto de aquella Glasgow era el de una ciudad industrial durante la Primera Guerra Mundial, nos permite plantear una misma pregunta en nuestro presente: ¿qué pasa cuando el miedo a perder la vivienda deja de vivirse de puertas adentro?

En plena Primera Guerra Mundial, los astilleros y las fábricas de armamento de la ciudad escocesa habían atraído a miles de trabajadores a la ciudad. La vivienda escaseaba y los propietarios aprovecharon la altísima demanda para encarecer los alquileres. En septiembre de 1915, las subidas del alquiler ya se debatían en el Parlamento británico. Un diputado denunció que los propietarios de pequeñas viviendas de Glasgow estaban cobrando entre una y tres libras más al año. Más de mil inquilinos no podían asumir ese aumento o se negaban a pagarlo, y ya se habían iniciado procedimientos de desahucio.

Entre las familias que se enfrentaban a aquellas subidas estaba la de Mary Barbour, que vivía en el barrio obrero de Govan. Ella había trabajado en la industria textil y participaba en una organización de mujeres cooperativistas, donde se debatían problemas cotidianos y se aprendía a intervenir en la vida pública. Esa experiencia le sirvió para organizar, junto con otras activistas, la resistencia de sus vecinas. Si los propietarios exigían pagar más, la respuesta sería ponerse de acuerdo para rechazar el incremento.

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La huelga que acordaron consistía en mantener el pago del alquiler anterior y negarse a abonar la subida. No obstante, acatar esa decisión conllevaba recibir una orden de desahucio y, cuando eso ocurría, había que respaldar a la familia amenazada. Las mujeres organizaron comités y reuniones, colocaron los carteles de "No nos vamos" en las ventanas e idearon un sistema para avisarse cuando aparecían los agentes encargados de los desahucios.

Una vecina con una campana vigilaba el acceso al edificio. En cuanto veía llegar a un agente, la hacía sonar y las demás dejaban lo que estuvieran haciendo para acudir a la llamada. El llamado "ejército de la señora Barbour" se organizaba así, entre las tareas de casa y la defensa de la puerta de al lado, llegando a lanzar bombas de harina y otros misiles caseros contra quienes intentaban ejecutar los desahucios para obligarlos a retirarse. 

Aunque las mujeres encabezaron la movilización, la protesta también contó con los hombres que trabajaban en los astilleros y las fábricas. Además, Barbour compartió la lucha con otras organizadoras, como Helen Crawfurd y Agnes Dollan, y el movimiento fue creciendo hasta contar con unos 20.000 inquilinos. El 17 de noviembre de 1915, miles de mujeres y trabajadores se concentraron ante los tribunales en apoyo a los vecinos a quienes se reclamaba el pago de las subidas.

La presión acabó llegando al Gobierno y el 25 de noviembre de aquel mismo año se presentó en el Parlamento el proyecto que daría lugar a la ley de restricciones de alquileres de 1915. La norma limitaba las subidas del precio de los alquileres que quedaban dentro de su ámbito, tomando como referencia los alquileres anteriores a la guerra. Es un claro ejemplo de cómo una protesta sí puede conseguir transformar una exigencia vecinal en una medida del Estado.

Barbour siguió trabajando por mejorar las condiciones de vida de las mujeres después de la huelga. En 1920 se convirtió en una de las primeras concejalas de Glasgow y, más adelante, presidió la primera clínica de planificación familiar de Escocia. La vivienda, la salud y la posibilidad de decidir sobre la maternidad formaron parte de su trayectoria política, una que había encontrado en su propio barrio un lugar desde el que actuar.

Foto de portada | Lesley Mitchell

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