Tiene la belleza de una planta natural pero con las ventajas de una artificial de plástico
Tiene un color verde empolvado que queda bien en cualquier rincón de casa, un aroma a limpio que transporta a un spa nórdico y la capacidad de sobrevivir a cualquier tendencia deco. El eucalipto como planta decorativa está en pleno revival y camino de convertirse en la próxima Monstera. Sobre todo porque sus ramas aguantan frescas en el jarrón hasta tres semanas si se le cambia el agua cada tres días.
Sin embargo, ese es tan solo el tiempo mínimo del que puedes disfrutar del eucalipto porque existe una forma sencilla de preservarlo para que mantengan su aspecto natural durante muchísimo tiempo. Estamos hablando de que puedes tener un jarrón con todo el encanto de una planta viva pero con la misma tranquilidad que ofrece una una artificial.
El truco para conservar eucalipto (y no volver a comprar ramas)
Merece mucho la pena optar por preservar eucalipto en vez de comprar una planta artificial porque el proceso no tiene misterio ni requiere de materiales difíciles de conseguir. Solo se necesita un ramo de eucalipto fresco (obviamente), agua caliente y glicerina líquida (que puedes encontrar fácilmente en Amazon). Nada más. Bueno, y seguir el paso a paso:
El primero es preparar las ramas. Antes de meterlas en ningún jarrón, conviene retirar las hojas de la parte del tallo que vaya a quedar sumergida. No es una cuestión estética sino que, de este modo, evitamos que se pudran y estropeen el resto del ramo.
Después, con unas tijeras, cortamos los tallos en diagonal. Este es un detalle que puede parecer una tontería pero que ayuda a que las ramas absorban mejor la mezcla. Y es que, para que el eucalipto conserve cierta flexibilidad y mantenga su olor característico, necesitamos mezclar glicerina líquida con agua caliente.
La proporción es fácil de recordar: dos partes de agua por una de glicerina. De este modo, a 500 ml de agua caliente le corresponderían 250 ml de glicerina, por ejemplo. Se mezclan bien en un recipiente, ya sea con ayuda de una espátula o de una cuchara) y aquí viene un detalle importante porque hay que dejar que la mezcla se enfríe por completo antes de introducir las ramas. Si no, el calor puede "cocer" el tallo y cerrar el poro, que es justo lo contrario de lo que buscamos.
Cuando la mezcla esté ya a temperatura ambiente, colocamos el ramo en un jarrón en el que el eucalipto quepa sin que las hojas queden aplastadas. Si usamos un recipiente demasiado alto o estrecho, algunas pueden deformarse. Mejor optar por uno más bajo y proporcionado, que permita que el eucalipto conserve su forma natural.
A partir de aquí, no habría que hacer nada más que esperar unas tres semanas, cuando podemos sacar las ramas de la mezcla para siempre . Durante ese tiempo, la glicerina ha ido sustituyendo poco a poco la savia, lo que ayuda a que las hojas mantengan su aspecto, su textura y su color durante mucho tiempo. El resultado es un ramo que no necesita agua, no pierde hojas y luce bonito día tras día para toda la vida o, al menos, durante muchos años.
El eucalipto es una auténtica maravilla, además de por su resistencia, porque combina igual de bien con interiores minimalistas que con casas más rústicas. Además, su aroma (aunque con el paso del tiempo se pierde) transmite sensación de limpieza y calma. Es perfecto para decorar baños, entradas o incluso dormitorios. Ese toque verde hace que cualquier casa parezca más cuidada y acogedora sin exigir mantenimiento. Una planta natural con espíritu de plástico.
Foto de portada | Cup of Couple
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