En medio de una ola de frío polar, ¿es mejor dejar la calefacción encendida pero al mínimo, o apagarla de vez en cuando?

Tenemos la respuesta para acabar con el frío en casa de forma eficiente y sin arruinarnos

María Yuste

Editor Senior

Pertenezco a ese grupo de personas que, cada año, se enfrenta al mismo dilema cuando llega el frío: ¿es mejor apagar y encender la calefacción a necesidad o mantenerla siempre puesta al mínimo. Los expertos insisten en que la temperatura perfecta a la que mantener la casa es 18º pero, sinceramente, a nadie le aptece tener que pedir un crédito al banco para pasar el invierno sin congelarse...

Perdiendo el miedo a apagar la calefacción

No se trata de pasar frío en casa, pero los expertos coinciden en que es mejor apagar la calefacción cuando no la necesitamos. Es decir: cuando no hay nadie en casa o mientras dormimos. En el primer caso, el porqué es evidente. En el segundo, hay que tener en cuenta que nuestro cuerpo mantiene el calor bajo el edredón y que para dormir el cuerpo necesita reducir su temperatura central ente 1,5 y 2 °C. Por la mañana habrá que recuperar la temperatura perdida, pero merece la pena por el ahorro energético y monetario que supone repetir este proceso todas las noches. 

Cottonbro studio

En la misma línea, otra regla de oro es apagar la calefacción mientras aireamos la casa. Ventilar es una acción diaria imprescindible en todo hogar, aunque parezca que estamos dejando escapar todo el calor que tanto nos costó generar. Diez minutos son suficientes para hacerlo de forma efectiva y podemos aprovechar para hacerlo las horas más cálidas del día. 

Queda claro que el control horario es clave para no derrochar en calefacción pero, si eres de los que olvida apagarla o te parece un rollo tener que pasarte todo el invierno pendiente de ella, no deberías subestimar el poder de los termostatos programables. Pueden convertirse en tus mejores aliados porque, según datos del IDAE, pueden hacerte ahorrar entre un 8 y un 13% de energía

Pequeños extras que suman

No obstante, todo esto no tendría sentido sin acordarnos de otros pequeños gestos que solemos pasar por alto, como tener apagados los radiadores de habitaciones vacías y mantener cerradas las puertas. Puede parecer una tontería insignificante pero es más útil de lo que parece para mejorar la eficiencia porque concentramos el calor donde realmente lo necesitamos, que es dónde solemos hacer vida. 

Isabelle Taylor

Otro gran olvidado es bajar las persianas en cuanto cae la noche porque da un plus de aislamiento. Otro truco, aunque es el que más pereza suele dar, es mantener calderas y radiadores limpios y a punto. Hay que purgarlos, revisarlos y, si toca, cambiarlos por modelos nuevos más eficientes. Porque, claro, si podemos permitirnoslo, invertir en un buen aislamiento va a ser siempre la mejor inversión a largo plazo. 

Por último, tampoco podemos olvidarnos de cómo nuestra propia temperatura corporal puede ser nuestro primer gran aliado. Podemos subirla mantenienonos activos, vistiéndonos por capas y teniendo siempre cerca batas y mantas bonitas que además de generar calor, alegren la vista. No siempre se trata de hacer que la casa sea un sauna con la calefacción y olvidarse de todo. Sobrevivir al frío de forma eficiente y sin arruinarse es una estrategia que se compone de pequeños pasos.

Foto de portada | Andrea Piacquadio

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