Aportaba ego en cantidades industriales y se ha quedado fuera, porque esa vibra no es tendencia en 2026
Entre cortes de pelo icónicos y looks dosmileros que regresan a nuestros armarios, 'El diablo viste de Prada' esconde algo más incómodo que un taconazo imposible: pequeñas píldoras de verdad sobre cómo funciona (y falla) nuestra sociedad. Está la presión insoportable de Miranda para sostener su posición de poder en una industria que no perdona a las mujeres. Y luego está Nate, el insoportable hombre-niño de Nate recordando a Andy, de forma constante, que su ambición tiene un precio.
Nate se esconde tras la máscara de novio preocupado y protector, que solo quiere que Andy regrese a su vida sencilla, con cenas a horas normales y tiempo de calidad en pareja. Y eso suena genial, si es lo que ella también quiere. Sin embargo, Nate no aporta cuidados, aporta ego y en cantidades industriales. Porque la realidad es que a Nate no le importa que Andy esté bien, le preocupa que esté disponible para atender sus necesidades de hombre pequeñito que ve como su chica juega en otra liga.
Él va de novio perfecto y de chico bueno, pero su small dick energy se huele desde el primer minuto, cuando pregunta a Andy si la entrevista fue telefónica, porque considera que su aspecto no encaja en ese mundo de moda y lujo. Esto ya era una red flag del tamaño de Castilla-La Mancha, pero continua teniéndolas durante toda la película: ni acompaña en momentos difíciles ni sostiene, solo añade presión y juicio.
La intención original no era esta. Los creadores concibieron a Nate como una brújula moral, el personaje que confronta a Andy con su transformación. El tiro les salió por la culata, porque lo que en 2006 podía parecernos dulce y bonito, hoy huele a rancio. Y es que aquí el feminismo ha hecho muy bien su trabajo, enseñándonos a detectar esas dinámicas tóxicas sin romantizarlas.
Y hay más mandanga, porque la figura de Nate no nace de la nada: los mismos creadores reconocen haberlo construido a partir de un cliché muy típico: el de la pareja que reprocha, que demanda y que te pide que estés más en casa. Históricamente, ese papel lo representaban las mujeres y nadie parecía tener un problema con ello. Un estereotipo que el universo entero ha normalizado y que no ha condenado ni criticado hasta que no lo ha visto reflejado en una figura masculina. Guau.
Al final, el tiempo ha puesto todo en su lugar. Puede que Andy, Miranda y Runway regresen, pero Nate no. Los ex-novios tóxicos y egocéntricos han pasado de moda y Adrian Grenier no ha sido ni convocado para 'El diablo viste de Prada 2'. Hay cosas que está bien dejar atrás. Ojalá la siguiente en caer sea esa idea de que para triunfar tienes que renunciar a tu vida personal.
Fotos | 'El diablo viste de Prada'.
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