Tras la muerte del rey Harald V, Mette-Marit será reina de Noruega en medio del mayor escándalo de los royals del norte

Mette-Marit

La reina consorte tiene la popularidad hundida a causa de escándalos como el hijo condenado a 4 años de cárcel o su amistad con el delincuente sexual Epstein

Nacho Viñau

Editor

La muerte de Harald V marca el cierre de una etapa de más de treinta años al frente de la Corona noruega y da paso a una nueva generación de la monarquía. Su hijo, Haakon, asume a sus 53 años el trono y Mette-Marit, la polémica princesa, se convierte en reina consorte de Noruega pese a los escándalos que han salpicado su vida y que han puesto a la familia real en el ojo del huracán, y con el hijo mayor de ella cumpliendo condena en una cárcel de Oslo.

Porque si hay una reina consorte que no ha tenido nunca una travesía tranquila, esa es Mette-Marit. Tras convertirse en una especie de Cenicienta real, la hasta ahora princesa ha colmado la paciencia de muchos noruegos, pese a que el apoyo a la corona sigue sigue siendo mayoritario entre los habitantes del país nórdico. 

De la escena nocturna de Kristiansand al palacio

Mette-Marit Tjessem Høiby nació en agosto de 1973 en una ciudad del sur de Noruega conocida por su carácter conservador, y de adolescente se definía a sí misma, según ha contado ella misma en distintas entrevistas, como una chica extremadamente formal. Pero esa forma de ser cambió por completo con un año de intercambio en Australia con 16 años. A la vuelta a Europa, se rapó la cabeza, se metió de lleno en la escena de música house de Oslo y, según recoge una biografía no oficial citada por Malay Mail, experimentó con hachís y éxtasis. 

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A los 24 años fue madre soltera de Marius, fruto de una relación breve, y su entorno de entonces incluía a más de un exnovio con antecedentes penales. Cuando conoció al entonces príncipe heredero en 1999 y se anunció el compromiso un año después, Noruega entera se dividió: que fuera plebeya no era el problema, la reina Sonja también lo había sido. El problema era su pasado. Y aunque Mette-Marit no intentó ocultar que había tenido una juventud complicada, días antes de la boda de 2001 pidió perdón en televisión por sus "inconvenientes" de juventud, y esa disculpa, lejos de hundirla, disparó la simpatía popular y la convirtió en la Cenicienta noruega.

La que iba a ser princesa heredera reconoció que había llevado una vida que ella misma calificó de "salvaje". Explicó que había estado en un ambiente en el que se traspasaban límites y condenó públicamente el consumo de drogas. Aquella comparecencia, que tuvo lugar pocos días antes de la boda, fue una de las condiciones no escritas para que la sociedad noruega aceptara a la mujer que iba a convertirse en princesa heredera.

El contexto de la época ayuda a entender hasta qué punto aquel matrimonio supuso una ruptura con la tradición. Mette-Marit era madre soltera de Marius, nacido en 1997, y no pertenecía a una familia real ni aristocrática. La operación de imagen funcionó. Con el paso de los años, Mette-Marit dejó atrás aquella primera etapa de controversia y construyó una agenda propia vinculada especialmente a la literatura, la salud global y los jóvenes. 

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Estudió en la Universidad de Oslo, realizó cursos en la School of Oriental and African Studies de Londres y completó posteriormente un máster de gestión. También ejerció como embajadora de buena voluntad de Naciones Unidas. Durante años, su historia pareció convertirse en una de esas transformaciones que tanto gustan a las monarquías contemporáneas: una mujer sin apellido real que consigue integrarse en una institución tradicional sin renunciar por completo a su identidad. Hasta que comenzaron a acumularse demasiadas grietas.

La condena de Marius Borg Høiby, la herida que no cierra

Veinticinco años después, esa historia de redención se ha desmoronado casi por completo, y el responsable principal tiene nombre y apellido: Marius Borg Høiby, el hijo que Mette-Marit tuvo antes de conocer a Haakon. Aunque no pertenece a la línea sucesoria, creció integrado en la familia del heredero y siempre ha mantenido una relación estrecha con Haakon.

El pasado 15 de junio, un tribunal de distrito de Oslo le condenó a cuatro años de cárcel por dos casos de violación sin coito y por maltrato a una de sus exparejas, entre otros delitos, tras un juicio de siete semanas que siguió medio país. 

La fiscalía pedía siete años y siete meses; el tribunal lo declaró culpable de 34 de los 40 puntos de la acusación y lo absolvió de otras dos violaciones. También tuvo que indemnizar a cuatro víctimas con 640.000 coronas noruegas, algo más de 58.000 euros. Su defensa ha recurrido y no se espera resolución hasta 2027, así que la familia real noruega convive con este proceso judicial abierto en el peor momento posible para la institución. 

El caso resultó especialmente delicado para la Corona porque Marius no es un personaje completamente ajeno a ella. Ha crecido dentro de la familia de Haakon y Mette-Marit y durante años apareció junto a ellos en el entorno privado de la familia. Eso ha provocado preguntas sobre hasta dónde llegaban los límites entre la vida privada de la familia y la responsabilidad institucional de quienes ocupan la primera línea de la monarquía.

Un trasplante de pulmón en pleno huracán

A todo este vendaval se le sumó, en junio, un problema de salud que llevaba arrastrando desde 2018: una fibrosis pulmonar que había ido empeorando hasta obligarla a someterse a un trasplante de pulmón. El trasplante se realizó el 17 de junio en el Hospital Universitario de Oslo y, según los médicos, había resultado satisfactorio. 

La princesa permaneció ingresada varias semanas para ajustar la medicación, controlar posibles complicaciones y comenzar la rehabilitación. El 14 de julio recibió el alta hospitalaria. Semanas después, ya recuperada, Mette-Marit rompió su silencio con unas palabras que sonaban a declaración de intenciones: "Me han dado el regalo de la vida".

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Haakon, dicho sea de paso, apenas se separó de su lado durante el ingreso en el Hospital Universitario de Oslo, adaptando toda su agenda oficial a la convalecencia de su mujer. Y la celebración pública de sus bodas de plata también quedó condicionada por la convalecencia de Mette-Marit.

La bomba de su amistad con Jeffrey Epstein

Pero sin duda, el escándalo más potente a nivel internacional fue la amistad de la entonces princesa con Jeffrey Epstein. La prensa noruega ya había hablado de esta relación en 2019, situándola entre 2011 y 2013, poco después de que el financiero saliera de prisión por abuso sexual a menores. En su momento, la Casa Real noruega aseguró que el contacto había cesado en 2013, aunque luego se supo que se mantuvo hasta 2014

La publicación de los archivos Epstein a comienzos de este año demostró que aquello no era del todo cierto: la princesa heredera aparece mencionada cientos de veces en la documentación desclasificada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, con un intercambio de mensajes que se prolongó bastante más de lo que ella misma había reconocido. En uno de esos correos, fechado tras la condena de Epstein en 2008, la propia Mette-Marit admitía haberlo buscado en Google. 

Y además, Reuters informó que Mette-Marit llegó a alojarse durante varios días en su vivienda de Palm Beach en 2013. También señaló que existió un encuentro previamente organizado con Epstein y Haakon en San Bartolomé.

En febrero, el Palacio difundió un comunicado en su nombre en el que la entonces princesa heredera se disculpaba: "Quisiera expresar mi más profundo pesar por mi amistad con Jeffrey Epstein. Es importante disculparme con todos ustedes por haberlos decepcionado. Algunos mensajes entre Epstein y yo no representan la persona que quiero ser. También me disculpo por la situación en la que he puesto a la Familia Real, especialmente al Rey y a la Reina."

No fue suficiente. En marzo, concedió su primera entrevista sobre el asunto a la televisión pública NRK, donde reconoció sentirse "manipulada y engañada" por Epstein y aseguró que desconocía la gravedad de sus crímenes cuando lo trató, según recogió entonces la agencia UPI

Las polémicas que Mette-Marit arrastraba de su juventud quedaron, en buena medida, asociadas a una etapa de su vida que terminó cuando se casó con Haakon y entró oficialmente en la institución. Lo de Epstein es diferente. Se trata de una relación que se produjo cuando ya era princesa heredera y que, además, se prolongó después de que el financiero estadounidense hubiera sido condenado por delitos sexuales. Eso ha hecho que el caso tenga otra lectura en Noruega y que la imagen de Mette-Marit se haya deteriorado hasta el punto de poner en cuestión la popularidad con la que llegó al trono.

Haakon conserva la confianza de los noruegos, pero su mujer no corre la misma suerte

El resultado de sumar un juicio mediático, un escándalo internacional vinculado a Epstein y una salud frágil es que la imagen de Mette-Marit ha tocado fondo justo cuando más la necesitaba. Pese a que la mayor parte de la sociedad noruega se declara monárquica, una encuesta de Norstat para NRK situó en febrero el apoyo a la monarquía en el 60%, diez puntos menos que un mes antes y la cifra más baja registrada nunca en este tipo de sondeos.

En esa misma encuesta, mientras que los noruegos puntuaban a Haakon con un un 7,9 sobre 10, y una amplia mayoría considera que será un buen rey, dejaban a Mette Marit en un escueto 3,7, derrumbándose desde el 7,4 de la anterior encuesta. El fallecido rey Harald era el más popular de la familia real, con un 9,2, mientras que la reina Sonja alcanzaba una puntuación de 8,6.  

Meses antes, en septiembre, otro sondeo de InFact para Nettavisen ya había anticipado la tendencia: solo el 30,2% de los encuestados consideraba a Mette-Marit preparada para reinar, mientras que el 65% respaldaba a Haakon como futuro rey. Y esa distancia entre marido y mujer no ha hecho más que crecer: en marzo, una nueva oleada de Nettavisen recogida por VG elevaba hasta el 78% a quienes esperaban que Haakon fuera "muy buen" o "bastante buen" rey.

Ahí está, en el fondo, el verdadero reto de Haakon VIII. No es solo gobernar una monarquía que hasta hace un par de años gozaba de una de las tasas de aceptación más altas de Europa y que ahora tiene que reconstruir su credibilidad casi desde cero. Es conseguir que su pueblo perdone a la mujer con la que lleva veinticinco años casado, con la misma generosidad con la que en su día recibió a  a la camarera de Kristiansand que se atrevió a subir al altar de la catedral de Oslo. La corona la tiene asegurada. La reconciliación con su gente, no tanto.

De "Cenicienta" a reina bajo sospecha

La paradoja de Mette-Marit es evidente. Hace 25 años fue precisamente su condición de mujer corriente la que convirtió su llegada a la Casa Real en una historia atractiva para una sociedad que quería una monarquía menos distante. Su matrimonio con Haakon representaba una ruptura con las viejas reglas y una manera de acercar la institución a la sociedad noruega.

Ahora esa misma biografía vuelve a estar bajo el foco, pero desde el ángulo contrario. La joven madre soltera que consiguió que los noruegos aceptaran su pasado se ha convertido en una reina consorte cuya trayectoria vuelve a estar sometida a preguntas incómodas. Solo que esta vez no se habla de las fiestas de su juventud. Se habla de las decisiones tomadas siendo ya miembro de la familia real, de los contactos con Epstein, de las explicaciones ofrecidas y de la manera en que la Corona ha gestionado el caso de Marius.

Y todo ello sucede mientras Mette-Marit todavía se recupera de un trasplante de pulmón que ha puesto su salud en una situación especialmente delicada. En este sentido, Haakon comienza su reinado con una ventaja importante: su propia imagen permanece mucho mejor valorada que la de su entorno. La situación de Haakon es, en este sentido, diferente. El nuevo rey conserva un importante respaldo entre los ciudadanos y sigue siendo una de las figuras más valoradas de la institución. Esa confianza puede convertirse ahora en su principal baza: las decisiones que tome durante sus primeros meses de reinado serán fundamentales para recuperar credibilidad y tratar de recomponer el apoyo a la monarquía noruega.

Pero también con una obligación que no tenía cuando era heredero: conseguir que la confianza que los noruegos todavía depositan en él no termine asociándose a la idea de una Corona permanentemente envuelta en polémicas.

Fotografías | Instagram de la Casa Real de Noruega

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