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El pequeño vestido blanco es la otra cara del LBD, la alternativa cándida a esa petite robe noire que inventara en 1926 la excelentísima y tortuosa mademoiselle Coco Chanel, que harta de acudir a la ópera Parisina y no ver más que colores decidió darle una vuelta de tuerca a la elegancia. El negro, que hasta el momento había sido un color asociado al luto, se convirtió en el tono sinónimo de clase y de glamour, pero sobre todo, de feminidad no complicada, que revolucionó el chic de la época y que más de ochenta años después sigue siendo una prenda fetiche, clásica, y básica en cualquier guardaropa.
Para aquellas a las que el negro no sea su fuerte por cualquier razón, el blanco es una opción igualmente adecuada, más de día que de noche, pero igualmente acertada y justa en cualquier ocasión, de hecho ambos son colores básicos y primarios a todos los efectos y no deben faltar nunca en nuestro repertorio.
Si bien la definición de little dress presupone una medida por encima de la rodilla, fuera de protocolo todo vale dentro de los límites del buen gusto y el estilo personal.
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